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Politics

Cómo Cambiar la Perspectiva sobre los Bienes Comunales a Través de la Participación Ciudadana

By Eric Piolle , Rosalie Salaün

La ciudad de Grenoble, bajo el mandato del Alcalde verde Eric Piolle, sigue una ambiciosa política de transición ecológica con importantes restricciones presupuestarias. Sin embargo, este enfoque de la gestión pública del espacio al servicio de los bienes comunales requiere que los ciudadanos piensen más allá de sus intereses más inmediatos y realicen sacrificios, lo que puede ser de difícil aceptación desde una perspectiva política.

Rosalie Salaün:¿Qué vínculos ve entre los bienes comunales y las políticas participativas que está utilizando en los espacios públicos, y que abarcan varias áreas:  cultura, tráfico, etcétera?

Eric Piolle: El vínculo es muy fuerte: hemos eliminado las vallas publicitarias de los espacios públicos; estamos trabajando en el mobiliario urbano especialmente diseñado para niños, en los límites, tanto físicos como temporales, de la ciudad; en reclamar espacio público, por ejemplo, en el marco de las posibles tensiones entre el uso nocturno y diurno del espacio.  En cada escenario debemos explorar y preservar lo que nos es común. Los ciudadanos han de redescubrir su capacidad de acción, individual y colectiva, y lo común debe gestionarse, compartirse y ser respaldado políticamente para alcanzar algún sentido: no nos limitamos a “consumir” los bienes comunales; les encontramos un significado.

En todos los servicios públicos, los usuarios son los propietarios últimos de los bienes comunales. Más que reforzar la lógica de una sociedad consumista, adoptamos un enfoque aristotélico, es decir, cada ciudadano debe poder gobernar y ser gobernado. Esa es nuestra perspectiva, tanto en los espacios públicos como en la democracia participativa.

RS: Esta visión del espacio público es bastante inusual en Francia…

EP: La visión ecológica que emana de esto es una visión red-agente (que, sin duda, está más desarrollada en otros países europeos). Ante todo, existe una lógica de subsidiariedad: cada nivel tiene su relevancia y significado. Si hacemos las cosas juntos, resultarán más fáciles.

Los ciudadanos han de redescubrir su capacidad de acción, individual y colectiva, y lo común debe gestionarse, compartirse y ser respaldado políticamente para alcanzar algún sentido

La semana pasada estuve con el embajador noruego, que hablaba de su experiencia en Francia. Mencionó esta capacidad para pensar tanto en términos históricos como a largo plazo, con grandes progresos, y de hacer cosas en la dirección correcta sin que se ajusten exactamente a una ideología.

Lo que pretendemos en Grenoble es mantener el rumbo colectivo en esta sociedad de redes-agente, que encuentra su significado en los intercambios sociales y económicos; una sociedad con debate y conflictos, pero también con la habilidad de conseguir que se hagan cosas. Queremos estimular el conflicto organizado y que vaya más allá del debate intelectual, actuar; las ideas deben generar acción.

¿No es un poco arriesgado tener este enfoque participativo para conseguir algunas de sus políticas ecológicas, por ejemplo en relación con las  vallas publicitarias o el aparcamiento?

El riesgo real es que nada cambie, que continuemos como antes. La transición es un proyecto social innovador, ya que responde con nuevas formas concretas a las urgencias y a las situaciones extremas que estamos abordando en la actualidad. Sí, debemos cambiar, pero tenemos que elegir activamente, no solo soportar el cambio de forma pasiva.

De esto es de lo que trata mi compromiso con la vida pública: reconocer claramente las limitaciones sin rendirme ante ellas. La urgencia de la situación actual nos empuja a librarnos de los viejos hábitos; algunos dicen que basta con la gestión de la austeridad. Por mi parte, mantengo que lo conseguiremos con más democracia.

¿Cómo está reaccionando la gente a este cambio en la forma de realizar las cosas? 

En primer lugar, la gente se está en contacto conmigo constantemente. En segundo lugar, los residentes reaccionan de forma encontrada, con satisfacción porque nadie consigue privilegios, pero también con frustración porque ya nadie puede mover los hilos.

El viejo sistema era un poco como la lotería: los perdedores se decían a sí mismos que podían ganar la próxima vez si se topaban con el alcalde en un buen momento, todo el mundo juega el mismo juego. Esto también funcionaba en la política cultural, en Grenoble como en cualquier otro lugar donde la vida cultural a menudo gira alrededor de decisiones arbitrarias que llegan de más arriba. Algunos agentes estaban acostumbrados a esto. Estamos siguiendo la vía de la transparencia y de las mismas reglas para todos; lo que importa es responder a las necesidades de la gente de Grenoble.

La transición es un proyecto social innovador, ya que responde con nuevas formas concretas a las urgencias y a las situaciones extremas que estamos abordando

El enfoque que hemos adoptado es ambicioso, pero también reconoce la capacidad de cada persona de hacerse cargo de su propia vida, tanto de forma individual como colectiva.  He estado recientemente en un foro ciudadano en una parte desfavorecida de la ciudad. Han trabajado en la definición de indicadores de bienestar (paz y tranquilidad, vivienda, educación, convivencia, etc.), y en la identificación de sus recursos.

Estamos dejando atrás la vieja mentalidad de plantear todas estas cuestiones al gabinete del alcalde, lo que crea una dinámica realmente interesante que valora las acciones de los residentes. Ellos mismos organizan programas de apoyo para niños en edad escolar, han creado campañas para que la gente se salude en la calle y los vecinos se conozcan, trabajan en la gestión de residuos, desarrollan redes de asesoramiento para las personas locales, programan actividades para desarrollar vínculos entre padres y adolescentes en una plaza pública que en ocasiones resulta problemática, e incluso crean actividades antirumores sobre la asignación de viviendas. Todo eso, sólo a escala de vecindario, se está llevando a cabo en nuestra ciudad.

¿Proporciona el gabinete del alcalde un marco para estas acciones?

Sí, imponemos límites a los presupuestos participativos. El proyecto que acabo de mencionar estaba respaldado por las agencias públicas; por ejemplo, queríamos soterrar los puntos de vertido de residuos porque están causando problemas, de manera que lo incorporamos al rediseño de la plaza.  Incluso algo aparentemente tan trivial plantea cuestiones fundamentales. Realizamos la planificación con los residentes y hubo un debate sobre la zona de juegos de los niños en el centro de la plaza. Finalmente se decidió de forma colectiva colocarla en el centro; las vecinas más mayores explican que cuando no hay ruido es cuando aparecen los “camellos”, etcétera.

El enfoque que hemos adoptado es ambicioso, pero también reconoce la capacidad de cada persona de hacerse cargo de su propia vida, tanto de forma individual como colectiva.

Todo esto también conllevó discusiones sobre lo que significan los espacios públicos para nosotros, nuestras relaciones con el vecindario y las tensiones entre los diferentes usos del espacio. Para mí, la gestión de conflictos es principalmente democrática, cuando las visiones de todos nosotros coinciden la ciudad revive.

¿Así que usted se ve a sí mismo como un mediador, más que estando a favor de un plan o de otro?

Sí, existe incluso la autorregulación del conflicto. El trabajo de los agentes de la ciudad nos permite reformular los términos de las discusiones.

Con los presupuestos participativos, las normas son un poco más estrictas. Los proyectos son de diferente envergadura, y no debemos permitir que los costes operativos superen los costes de lanzamiento; no podemos apoyar un proyecto que conlleve gastos crecientes. Así, se trata de una cuestión de inversión que, naturalmente, debe mantenerse.

En primavera celebrarán una Asamblea de los bienes comunales, como parte de la primera reunión bianual de las Ciudades en Transición.  ¿Ambiciona convertirse en un modelo o en un pionero de este movimiento?

No se si somos tan innovadores como para eso. Creo que la innovación es generalmente el fruto de una combinación de varias aportaciones que van variando, se hibridan y enriquecen mutuamente. Lo cierto es que están surgiendo tantas iniciativas por todas partes que convertirse en un modelo no significa mucho. El mero hecho de demostrar coherencia, más que convertirse en un modelo, ya significaría mucho.

Cuando consideramos todas las áreas de trabajo, hemos de pensar en términos intersectoriales. Por ejemplo, las medidas para combatir la contaminación del aire son políticas sociales: El INSERM (el Instituto Nacional para la Salud y la Investigación Médica) ha demostrado que en Grenoble, no solo mueren dos personas a la semana debido a la contaminación del aire sino que esto afecta principalmente a la gente más pobre. Me gusta utilizar la comparación de navegar con una brújula: me muevo en la dirección del viento, de manera que incluso si las cosas no son exactamente como me gustarían, vamos en la dirección correcta. Lo importante es no hacer algo que nos haga ir hacia atrás o en la dirección incorrecta.

Por ejemplo, las políticas medioambientales del gobierno son contradictorias: por una parte crean la COP21 y una ley sobre la transición energética y, por otra, se planifican más autopistas, un nuevo aeropuerto en Notre-Dame des Landes, una línea de ferrocarril de alta velocidad entre Lyón y Turín, un programa nuclear, etcétera. Establecen unas directrices, pero enviando en todo momento señales de que no solo no las están siguiendo, sino que nos están llevando completamente por otra dirección.  La coherencia es fundamental para reunir las fuerzas que permitirán avanzar a la sociedad.

Pero, ¿dar más poder a los ciudadanos otorga más coherencia a las políticas locales?

Bien, en todo caso se plantea el interrogante. El debate sobre la publicidad es interesante. Cuando decidimos prohibir las vallas publicitarias, la mayor parte de la gente estaba a favor.  El 99% de los comentarios iban desde “ni siquiera pensábamos que fuera posible”, pasando por “no creíamos que los políticos tuvieran el poder de tomar ese tipo de decisiones” (lo que le da a la gente más confianza en la toma de decisiones políticas), hasta “es maravilloso, estamos inundados de anuncios y no quiero ver mujeres desnudas, coches y alcohol cuando llevo a mis hijos al colegio”. Era sorprendente. Estas reacciones llegaban de todo tipo de personas: jóvenes, ancianos, de todos los colores políticos, de aquí e incluso de otros lugares.

La innovación es generalmente el fruto de una combinación de varias aportaciones que van variando, se hibridan y enriquecen mutuamente.

A lo largo del tiempo, con las dificultades de la transición, los recortes de fondos del gobierno central y la situación financiera de Grenoble, no hemos tenido otra elección que imponer medidas de ahorro bastante drásticas.  Varias veces al mes me reúno con personalidades del mundo de la cultura o la educación que me piden que vuelva a colocar los anuncios para que podamos tener algo más de dinero para ellos.  Les entiendo, pero aquí nos encontramos con una contradicción: ¿para tener más dinero para educación queremos colocar grandes carteles de Landrover porque nos proporcionará dinero para libros escolares?

Esto significa que los agentes locales tienen que tener unas miras muy amplias…

Más allá de su propio interés más inmediato, sí, indudablemente.

Este enfoque consultivo o co-constructivo, en un contexto presupuestario muy complicado, ¿también significa que los procesos son más accesibles para la gente?

Lo que me atrae del enfoque de lo común es que aúna el interés individual y el público.  Existe una tercera vía. El interés general puede ser a veces paralizador, existe el riesgo de estar desenfocado, diciendo que no podemos hacer nada porque hay mucho en juego en todas partes, así no sabemos qué hacer sobre el cambio climático, nos desmoralizamos y terminamos por no hacer nada. Es trabajando con lo común, el espacio donde nos juntamos con todas nuestras diferencias, donde nos damos cuenta de cómo nuestros intereses personales forman parte de un todo y no se oponen al interés público.

Volviendo a los bienes comunales, ¿sus políticas de tráfico está en consonancia con esta forma de pensar?

En los 50 y los 60 fue cuando realmente diseñamos nuestras ciudades en torno al coche, y desde los 70 hemos intentado poco a poco recuperar algo del terreno que le habíamos entregado al tráfico rodado durante ese periodo, de forma similar a como hemos intentado recuperar algo de lo que habíamos entregado a los centros comerciales en los 80 y los 90.  Es una cuestión de ver el coche como un espacio privado de 10m² ocupando las vías públicas.

En términos reales, ¿qué tipo de comentarios ha recibido por estas políticas?  ¿Los ciudadanos locales entienden que es mejor para todos viajar en bicicleta?

Sí y no, hay un poco de todo.  Algunos, por ejemplo, dicen que si el aparcamiento fuera gratuito,

dejarían su coche aparcado y cogerían el transporte público. Y esto es también una oportunidad para todos nosotros de aprender los unos de los otros. Aquí en Grenoble, en 2012 había ya un 35% de hogares que no tenían un coche, y ha aumentado desde entonces.

Por lo que gastamos en relación con los vehículos en los espacios públicos, nos hemos dado cuenta de que últimamente la comunidad local está pagando por algo que solo beneficia a unos pocos.¿Es eso lo que realmente queremos? La tarifa social que adoptamos para el aparcamiento provocó el descontento al pensar en el aumento de precios, pero las primeras cifras muestran que, de hecho, para el 40% de la gente, es más barato. A aquellos para los que el precio ha aumentado, les digo que las tasas locales son las que menos ligadas están a los ingresos.

Esto se puede unir también a la situación particular de Grenoble, que creció durante los 50 y los 60, y donde la recaudación de impuesto de las partes más desfavorecidas de la ciudad es mayor que en las áreas más ricas.

También está el elemento del género, que es extremadamente interesante. Si no tenemos cuidado, la ciudad se puede convertir en una ciudad de hombres, aptos, sanos, para los que el sistema funciona bien. También debemos considerar a los ancianos, los niños, las mujeres, etcétera.

En relación con el voto sobre la tarifa social para el aparcamiento, ¿cómo reaccionará si la mayoría de los votantes se vuelve en contra de su protesta?

Lo que me interesa es darle vida al debate.  En teoría, podría ser difícil. Estamos subiendo los costes del aparcamiento de forma generalizada, así que podríamos esperar que un 90% de la gente vote en contra de esta consulta. Sin embargo, podemos también tener un debate interesante, por ejemplo, con gente que tiene aparcamiento privado y, por lo tanto, no utiliza el espacio público, con aquellos cuyos coches están en espacios públicos pero no en el centro de la ciudad (donde se tiene que pagar), con el 40% que pagarán menos, etcétera.  ¿Se unirán todas esas personas al debate y votarán, o solo serán aquellos que se consideran tratados injustamente los que se movilizarán? El debate continúa y, en cualquier caso, aceptaré el resultado.