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	<title>Spanish &#8211; Green European Journal</title>
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	<description>The European Venue for Green Ideas</description>
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	<title>Spanish &#8211; Green European Journal</title>
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	<item>
		<title>Los disidentes de Chernóbil: cómo la catástrofe soviética moldeó el movimiento ecologista en Europa del Este</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lisa]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 May 2026 14:04:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Justice]]></category>
		<category><![CDATA[Bulgaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuarenta años después de la catástrofe nuclear de Chernóbil, Bulgaria sigue profundamente marcada por el suceso. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-introduction"><p>Cuarenta años después de la catástrofe nuclear de Chernóbil, Bulgaria sigue profundamente marcada por el suceso. Al ser el único país del bloque socialista que no tomó ninguna medida de protección, lo pagó muy caro. La lluvia radiactiva sacó a la luz el cinismo del régimen comunista y marcó profundamente el despertar ecológico y democrático del país.</p></div>



<p>A la 01:23 del 26 de abril de 1986, el reactor n.º 4 de la central nuclear de Chernóbil, entonces en la <a href="https://voxeurop.eu/es/tag/urss-es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">URSS</a>, sufrió una avería catastrófica antes de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Accidente_de_Chern%C3%B3bil" target="_blank" rel="noreferrer noopener">explotar</a> y hacer volar por los aires parte de las instalaciones, dejando el emplazamiento destrozado. El núcleo del reactor <a href="https://voxeurop.eu/es/tag/accidente-nuclear-de-chernobil/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">quedó al descubierto</a> y liberó grandes cantidades de sustancias radiactivas a la atmósfera. En los meses siguientes, más de 200 000 personas fueron evacuadas de las zonas circundantes.</p>



<p>Impulsada por los vientos, la nube radiactiva contaminó vastas regiones de Europa, con lluvias radiactivas especialmente importantes en <a href="https://voxeurop.eu/es/country/ukraine-es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ucrania</a>, <a href="https://voxeurop.eu/es/country/belarus-es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Bielorrusia</a> y <a href="https://voxeurop.eu/es/country/russia-es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Rusia</a>. Las emisiones, formadas por nubes de cesio-137 y otros isótopos, continuaron hasta el 5 de mayo. Si bien es cierto que su concentración iba disminuyendo con la distancia, afectaron a territorios muy extensos. La nube llegó a los Balcanes el 1 de mayo.</p>



<p>En aquella época, Dimitar Vatsov era un estudiante de secundaria de 15&nbsp;años en Sofía. “Justo después de las lluvias radiactivas, el Komsomol [las juventudes del Partido Comunista Soviético] envió a mi clase a trabajar al campo”, recuerda. “Cada mañana, un autobús venía a recogernos para recolectar espinacas y cebollino”.&nbsp;</p>



<p>Las autoridades búlgaras no informaron públicamente sobre la catástrofe hasta el 7 de mayo. Las declaraciones oficiales posteriores afirmaban que la contaminación ambiental era mínima y no requería ninguna medida especial. Cuatro compañeros de clase de Vatsov murieron de cáncer en los años siguientes.</p>



<p>Esta experiencia lo marcó profundamente. El ahora filósofo y profesor de la Nueva Universidad Búlgara de Sofía puso en marcha el pasado otoño un&nbsp;<a href="https://cas.bg/en/event/discussion-series-bulgaria-after-chernobyl-introduction-to-the-topic-the-bulgarian-chernobyl/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">seminario</a>&nbsp;dedicado exclusivamente a las consecuencias de la catástrofe de Chernóbil en Bulgaria, que reunió a historiadores, periodistas y físicos nucleares.</p>



<p>El ahora filósofo y profesor de la Nueva Universidad Búlgara de Sofía organizó el pasado otoño un seminario que reunió a historiadores, periodistas y físicos nucleares dedicado exclusivamente a las consecuencias de la catástrofe de Chernóbil en Bulgaria.</p>



<p>“Bulgaria fue el único país del bloque socialista que no tomó ninguna medida tras la catástrofe”, explica. Aunque el país solo ocupa el octavo puesto entre los más expuestos a la radiación según&nbsp;<a href="https://www-pub.iaea.org/MTCD/Publications/PDF/Pub1239_web.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un informe de la ONU</a>, registró la&nbsp;<a href="https://www.unscear.org/unscear/en/publications/1988.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">tasa más alta de cáncer de tiroides infantil</a>&nbsp;fuera de la antigua URSS. “Como filósofo, esta singularidad me llevó a reflexionar sobre la verdad, la ética del discurso político y, en un sentido más amplio, el cinismo del régimen comunista de la época”.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El bloqueo informativo búlgaro</strong></h2>



<p>Tras el accidente de Chernóbil, en los países del bloque del Este se filtró la información con rigurosidad con el fin de minimizar los riesgos de contaminación y preservar al mismo tiempo el prestigio de la URSS. Por ejemplo, en Checoslovaquia, la palabra&nbsp;<em>katastrofa</em>&nbsp;se evitó cuidadosamente en las primeras fases, mientras que&nbsp;<a href="https://chernobylzone.cz/jak-o-cernobylu-v-roce-1986-informovala-ceskoslovenska-media/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">el término&nbsp;<em>havárie</em>&nbsp;(”accidente”)</a>&nbsp;se utilizaba sin calificativos.</p>



<p>Los informes oficiales destacaban la pericia y el heroísmo soviéticos, el rápido control del incidente y la supuesta exageración de los hechos por parte de los “medios imperialistas occidentales”. Sin embargo, Bulgaria fue el país donde se produjo la censura más estricta y donde no se emprendió ninguna acción significativa.</p>



<p>“Ceaușescu (uno de los dictadores más autoritarios de la época)&nbsp;<a href="https://www.latimes.com/archives/la-xpm-1986-05-03-mn-3081-story.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">advirtió a los rumanos</a>&nbsp;del riesgo de contaminación el 2 de mayo. En Yugoslavia, se pidió a las mujeres embarazadas y a los niños que permanecieran en interiores y se recomendaron precauciones básicas, como lavar los alimentos frescos. En Bulgaria, el bloqueo informativo fue total”, cuenta Vatsov.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“No nos decían nada, simplemente teníamos que obedecer. No fue hasta años más tarde cuando comprendí la verdadera magnitud de la catástrofe” &#8211; Petko Kovachev</p>
</blockquote>



<p>El físico nuclear Georgi Kaschiev, que entonces trabajaba en la central de Kozloduy, en el noroeste de Bulgaria, recuerda muy bien aquellos días: “La única información que recibimos fue que se había producido un incendio en Chernóbil y que había sido extinguido”. Sin embargo, gracias a una gran antena instalada en su edificio, Kaschiev captaba la televisión yugoslava.</p>



<p>“Las noticias procedentes de Suecia y Finlandia permitieron comprender rápidamente que el incidente era mucho más grave de lo que se reconocía oficialmente. Los medios occidentales difundían imágenes de satélites estadounidenses que mostraban el reactor destruido, mapas que trazaban la nube radiactiva y reportajes que indicaban que Yugoslavia había enviado aviones para evacuar a los nacionales que estudiaban en Kiev”.</p>



<p>A finales de abril, Kaschiev y sus colegas comprendieron que la nube se dirigía hacia Bulgaria. Entre el 1 y el 2 de mayo, los niveles de radiación alcanzaron hasta diez veces los niveles naturales, especialmente tras las lluvias. Ante el mutismo de las autoridades, la información se difundió en privado: los ingenieros pidieron a sus familiares que tomaran precauciones básicas, unas advertencias que a menudo fueron recibidas con incredulidad. Varios análisis de muestras de alimentos posteriores, en particular de leche procedente de granjas búlgaras, confirmaron una contaminación extrema.</p>



<p>Los documentos de archivo a los que se pueden acceder actualmente muestran que el Gobierno búlgaro seguía de cerca la evolución de la catástrofe y el alcance de la contaminación en Europa y en Bulgaria. Para ello, analizaron la prensa extranjera, los informes de inteligencia y las mediciones diarias de radiación en todo el territorio. Según Vatsov, el Politburó del Partido Comunista Búlgaro temía que revelar la verdadera magnitud de la contaminación sembrara el pánico y provocara disturbios políticos, como había ocurrido en Polonia: “Aparte de eso, tan solo puedo calificar esta actitud como una forma de flaqueza moral por parte de las élites gobernantes, que demostraron un profundo desprecio hacia el resto de la población.”</p>



<p>Petko Kovachev, activista medioambiental que entonces cumplía el servicio militar obligatorio, recuerda que el ejército reaccionó rápidamente: “De la noche a la mañana, dejamos de consumir productos frescos y solo comíamos conservas en el comedor. Se cancelaron las actividades al aire libre y se nos ordenó medir los niveles de radiación alrededor de la base con contadores Geiger”.</p>



<p>Sin embargo, las medidas no vinieron acompañadas de ninguna explicación. “No nos decían nada, simplemente teníamos que obedecer. No fue hasta años más tarde cuando comprendí la verdadera magnitud de la catástrofe”.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El cinismo de la nomenklatura</strong></h2>



<p>La gestión de las repercusiones de Chernóbil en Bulgaria puso de manifiesto flagrantes desigualdades en el acceso a la información y a la protección sanitaria. En la cúspide se encontraba la nomenklatura: altos cargos del partido, policía política, directivos administrativos y oficiales militares. Durante la crisis, disfrutaron de un acceso privilegiado a comidas y provisiones distribuidas a través del hotel estatal Rila, situado en el centro de Sofía. El Politburó recibía agua mineral procedente de manantiales profundos y alimentos importados (cordero australiano, verduras de Egipto e Israel) para evitar cualquier contaminación.</p>



<p>Según Vatsov, la élite de esta nomenklatura —unas 300&nbsp;personas— nunca estuvo en peligro, ya que se tomaron medidas especiales para garantizar su seguridad y bienestar: “El ejército adoptó medidas menos estrictas, pero suficientes para reducir la exposición. Al resto de la población, en cambio, permaneció en la ignorancia absoluta”.</p>



<p>Un símbolo de este cinismo fue la decisión de mantener el desfile del 1 de mayo de 1986, en el que numerosos niños desfilaron por Sofía a pesar del riesgo de lluvia radiactiva. Por suerte, la manifestación comenzó a las 11:00, mientras que la nube radiactiva no llegó al territorio búlgaro hasta la tarde, como muy pronto hacia las 14:00.</p>



<p>También se organizaron numerosos eventos deportivos de propaganda en todo el país, así como trabajos forzados supervisados por brigadas juveniles, compuestas principalmente por jóvenes de entre 15 y 25 años. Estos “voluntarios” estaban obligados a realizar tareas físicamente exigentes, como trabajos agrícolas o de construcción al menos dos veces al año. Se estima que unos 365&nbsp;000&nbsp;jóvenes se vieron expuestos de esta manera.</p>



<p>El 10 de mayo, tras una reunión en el Ministerio de Energía en Sofía, Kaschiev visitó a su cuñada. Los niños jugaban fuera, delante del edificio, mientras los adultos charlaban tranquilamente. Cuando les instó a que no les dejasen salir ni jugar en el arenero, desoyeron su advertencia. “Me acusaron de querer sembrar el pánico”, cuenta. “Alguien incluso insinuó que seguramente era un agente occidental y amenazó con denunciarme a las autoridades.”</p>



<p>A pesar de unas medidas a menudo insuficientes, se mantuvieron los desfiles del 1 de mayo en todos los países del bloque del Este. Incluso en <a href="https://voxeurop.eu/es/country/poland-es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Polonia</a>, las celebraciones tuvieron lugar según lo previsto, mientras el Gobierno negaba públicamente cualquier riesgo sanitario. Mientras tanto, las autoridades polacas <a href="https://beautifulwarszawa.home.blog/2021/04/26/35-years-ago-how-the-authorities-dealt-with-the-chernobyl-disaster-in-poland/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">distribuían yodo y limitaban la venta de leche</a>.</p>



<p>La rápida distribución de yodo, que comenzó la tarde del 29 de abril, se cita a menudo como&nbsp;<a href="https://eu.boell.org/en/2021/04/26/chernobyl-35-years-polish-puzzle" target="_blank" rel="noreferrer noopener">una respuesta ejemplar ante una emergencia radiactiva</a>: en tres días, 18,5&nbsp;millones de personas (adultos y niños) recibieron una pastilla de yodo.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Científicos y activismo medioambiental</strong></h2>



<p>Justo después de la caída del régimen, Kovachev conoció más a fondo la catástrofe de Chernóbil y sus consecuencias gracias a una exposición organizada por físicos de la Universidad de Sofía. Ya en la época del comunismo, algunos de ellos formaban parte de redes ecologistas informales que más tarde se convertirían en&nbsp;<a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Ecoglasnost" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ecoglasnost</a>, organización a la que Kovachev se unió cuando era estudiante.</p>



<p>Fundada en la primavera de 1989, unos meses antes de la caída del comunismo, Ecoglasnost era un movimiento cívico centrado en la protección del medioambiente, nacido del clima de liberalización política inspirado por la&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Gl%C3%A1snost" target="_blank" rel="noreferrer noopener">glasnost</a>&nbsp;soviética. En otoño, Ecoglasnost organizó peticiones y manifestaciones públicas, entre ellas la concentración del 3 de noviembre en Sofía, considerada una de las primeras movilizaciones cívicas abiertamente contra el régimen comunista.</p>



<p>El movimiento amplió rápidamente sus reivindicaciones a las libertades civiles y las reformas democráticas. En diciembre de 1989, Ecoglasnost se convirtió en la primera organización política no comunista reconocida oficialmente en Bulgaria y desempeñó posteriormente un papel esencial en la estructuración de la oposición democrática al unirse a la Unión de Fuerzas Democráticas (un partido político que unía varias organizaciones opuestas al Gobierno comunista). También inició las primeras inspecciones de la central de Kozloduy.</p>



<p>El compromiso de la comunidad científica con las luchas medioambientales contribuyó al debilitamiento del régimen en sus últimos años. Ya se había manifestado en Ruse, en el norte del país, donde la contaminación atmosférica procedente de una fábrica química situada al otro lado de la frontera rumana desencadenó amplias protestas en 1987. De este movimiento&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Gl%C3%A1snost" target="_blank" rel="noreferrer noopener">surgió</a>&nbsp;el Consejo Público para la Protección del Medioambiente de Ruse, la primera organización informal tolerada bajo el comunismo, que desempeñó un papel decisivo en las primeras movilizaciones nacionales y en la transición democrática.</p>



<p>En esa misma época, el descubrimiento de materiales radiactivos en forma de “partículas calientes” en Bulgaria (una prueba de la magnitud de la catástrofe de Chernóbil) incitó a varios físicos a seguir de cerca la crisis y a estudiar sus consecuencias. La exposición de la Universidad de Sofía que visitó Kovachev en diciembre de 1989 fue fruto de ese trabajo.</p>



<p>En otros países del bloque socialista, como <a href="https://voxeurop.eu/es/country/hungary-es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Hungría</a> o Checoslovaquia, surgieron algunos movimientos similares que combinaban el compromiso científico con la toma de conciencia ecológica y democrática.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Las preocupaciones medioambientales se convirtieron en el motor que expresaba las reivindicaciones de responsabilidad y transparencia. Este fenómeno alimentó las redes reformistas que posteriormente contribuyeron a configurar la transición de Hungría hacia la democracia</p>
</blockquote>



<p>Mientras los niveles de radiación aumentaban a finales de abril y principios de mayo de 1986, los científicos y profesionales sanitarios húngaros documentaron la contaminación e intercambiaron información de manera informal, mientras que la comunicación oficial seguía siendo&nbsp;<a href="https://english.radio.cz/25-years-environmental-protests-preceded-velvet-revolution-8278194" target="_blank" rel="noreferrer noopener">limitada y con ánimos tranquilizadores</a>.</p>



<p>La creciente brecha entre el conocimiento de los expertos y el discurso público creó una disonancia moral en estos profesionales, divididos entre su integridad científica y su lealtad al Estado. En este contexto, las preocupaciones medioambientales se convirtieron en el motor que expresaba las reivindicaciones de responsabilidad y transparencia. Este fenómeno alimentó las redes reformistas que posteriormente contribuyeron a configurar la transición de Hungría hacia la democracia.</p>



<p>En la antigua Checoslovaquia, la catástrofe de Chernóbil también contribuyó a&nbsp;<a href="https://english.radio.cz/25-years-environmental-protests-preceded-velvet-revolution-8278194" target="_blank" rel="noreferrer noopener">galvanizar los movimientos ecologistas</a>, que posteriormente se convirtieron en actores clave de la Revolución de Terciopelo de 1989. Aunque el régimen era uno de los más represivos del bloque del Este, toleraba más el activismo medioambiental que la disidencia política abierta, pues consideraba que las preocupaciones relacionadas con la contaminación atmosférica e hídrica o la degradación del paisaje eran relativamente inofensivas y difíciles de censurar.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Los disidentes de Chernóbil</strong></h2>



<p>Según Vatsov, en Bulgaria no había disidentes antes del accidente de Chernóbil. “Saber que habían sido engañados por las autoridades y expuestos a graves riesgos para la salud marcó el compromiso político de toda una generación, especialmente dentro de la comunidad científica.”</p>



<p>Kaschiev es un ejemplo emblemático. La catástrofe de Chernóbil determinó tanto su compromiso político como su trayectoria profesional. Su indignación ante las deficiencias morales y políticas del régimen le llevó a especializarse en seguridad nuclear. A finales de la década de 1980, pasó de la física de reactores a la evaluación de riesgos, primero como empleado dentro de la central, y luego como profesor universitario e inspector nuclear. En 1997, fue nombrado director del laboratorio nacional de regulación nuclear de Bulgaria.</p>



<p>En otros países socialistas, la catástrofe de Chernóbil también se convirtió en un catalizador de la oposición al régimen. En Polonia, dio lugar a un&nbsp;<a href="https://histmag.org/Zarnowiec-grobowiec-Opozycja-ekologiczna-w-Polsce-i-kampania-antynuklearna-15099" target="_blank" rel="noreferrer noopener">poderoso movimiento antinuclear</a>. Los temores relacionados con la catástrofe se transformaron rápidamente en oposición al proyecto de la central nuclear de Żarnowiec, y desencadenaron protestas a nivel nacional en las que participaron grupos ecologistas, activistas locales y disidentes como Lech Wałęsa, futuro primer presidente del país elegido democráticamente.</p>



<p>En un&nbsp;<a href="https://zielonewiadomosci.pl/tematy/energetyka/zarnowiec-90-demokracja-bezposrednia/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">referéndum organizado en 1990</a>, coincidiendo con las elecciones locales, más del 86&nbsp;% de los votantes rechazó el proyecto de Żarnowiec, lo que provocó su abandono definitivo. Como señala el politólogo Kacper Szulecki, estas movilizaciones reflejaron y aceleraron profundas transformaciones sociales y generacionales, al tiempo que socavaron aún más la legitimidad de Moscú en Polonia.</p>



<p>Si bien dejó una huella duradera en la sociedad búlgara, la catástrofe no dio lugar a un movimiento antinuclear amplio. La central de Kozloduy, modernizada y aún en funcionamiento, es considerada en gran medida una fuente de orgullo nacional y una garantía de independencia energética. La catastrófica gestión de Chernóbil puso sobre todo de manifiesto la indecencia y el cinismo del régimen comunista, así como la irracionalidad de su ideología.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La catastrófica gestión de Chernóbil puso sobre todo de manifiesto la indecencia y el cinismo del régimen comunista, así como la irracionalidad de su ideología</p>
</blockquote>



<p>En diciembre de 1991, tras la caída del régimen, el Tribunal Supremo de Sofía condenó al exministro de Sanidad Lyubomir Shindarov y al ex viceprimer ministro Grigor Stoichkov por negligencia criminal, por haber engañado deliberadamente a la población. Tras un largo proceso de apelación, sus penas se redujeron a dos y tres años de prisión, respectivamente. Siguen siendo los únicos altos cargos del régimen búlgaro que realmente fueron procesados y condenados por la gestión de la catástrofe de Chernóbil.</p>



<p>El físico nuclear Atanas Krastanov, joven investigador en la década de 1980 y testigo de la mala gestión de la catástrofe por parte de las autoridades, considera que la energía nuclear en sí misma no es el problema.</p>



<p>Subraya que “el accidente de Chernóbil fue ante todo el resultado de un error humano” y precisa “que en un principio no se trató de una explosión nuclear, sino de una explosión térmica debida a una acumulación de presión”. En la actualidad, Krastanov trabaja como experto en el&nbsp;<a href="https://www.sofia.bg/emergency-assistance-prevention" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Centro de Prevención de Catástrofes, Accidentes y Crisis del Ayuntamiento de Sofía</a>. Recientemente participó en la realización de un&nbsp;<a href="https://cas.bg/en/event/discussion-series-bulgaria-after-chernobyl-chronicles-about-an-inconvenient-truth-bulgaria-after-the-chernobyl-accident/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">documental sobre el tema</a>, cuyo estreno está previsto para otoño.&nbsp;</p>



<p><em>Este artículo se ha realizado dentro de una <a href="https://n-ost.org/projects/pulse" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Thematic Network</a> de <a href="https://www.balcanicaucaso.org/en/projects/pulse/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">PULSE</a>, una iniciativa europea que apoya las colaboraciones periodísticas transnacionales. En su elaboración han colaborado Andrea Braschayko, Martin Vrba y Daniel Harper.</em></p>



<p><strong>Translated by Raquel Alonso | Voxeurop</strong></p>
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			</item>
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		<title>Protestas masivas sin revoluciones</title>
		<link>https://www.greeneuropeanjournal.eu/protestas-masivas-sin-revoluciones/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amir Hashemi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Jul 2025 08:01:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Democracy]]></category>
		<category><![CDATA[Dictatorships]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Qué podemos aprender de una década de revueltas? Entrevista con Vincent Bevins.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-introduction"><p>En los últimos años, las manifestaciones y las revueltas han movilizado a un gran número de personas en todo el mundo. Sin embargo, estos movimientos no han logrado las transformaciones radicales que propugnaban. Es más, en algunos casos incluso han allanado el camino para que la derecha se haga con el poder y se instauren dictaduras militares. Los actos de protesta siguen siendo una forma popular de conflicto político, pero ¿qué lecciones podemos extraer de una década de revoluciones perdidas?</p><p><strong><em>Green European Journal</em>:</strong> <strong>Tal y como sostienes en tu libro <em>Si ardemos</em>, la década de 2010 fue testigo de las mayores protestas masivas de la historia, desde Egipto hasta Brasil, pasando por Chile, Ucrania y Hong Kong, que sin embargo no trajeron consigo verdaderas revoluciones. ¿Cuál fue el resultado de esta «década de protestas masivas»?</strong></p></div>



<p><strong>Vincent Bevins:</strong>&nbsp; En los episodios que escogí para mi estudio, las protestas masivas se hicieron tan grandes que devinieron en algo diferente y, o bien acabaron derribando los gobiernos establecidos o bien desestabilizaron profundamente las sociedades. Determinar en qué se convirtieron, a menudo de forma inesperada y fortuita, es un gran interrogante y la respuesta varía de un caso a otro. El criterio con el que valoro las repercusiones de estas revueltas a largo plazo es comparar su desenlace con los objetivos que los organizadores de las protestas originales se habían fijado inicialmente. En la mayoría de los casos, las personas que entrevisté dijeron que el cambio se había producido en la dirección equivocada ya que se consiguió lo contrario de lo que se reclamaba. En otros casos, la gente se quedó con la sensación de haber logrado una victoria a medias, pues no se habían conseguido todos los objetivos de la movilización. Como es lógico, determinar qué querían los manifestantes originales no siempre es una tarea fácil, ya que había muchas opiniones discordantes en las calles.</p>



<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-announcement" style="background-color:#f2f2f2">
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">Acting Out: Arts and Culture Under Pressure &#8211; Our latest print edition is out now!</h2>



<p class="has-text-align-center">Read it online or get your copy delivered straight to your door.<br></p>



<div class="wp-block-button has-custom-width wp-block-button__width-25 is-style-outline has-text-align-center is-style-outline--1"><a class="wp-block-button__link has-black-color has-text-color has-background has-small-font-size has-text-align-center has-custom-font-size wp-element-button" href="https://www.greeneuropeanjournal.eu/edition/acting-out-arts-culture-under-pressure/" style="border-radius:0px;background-color:#f2f2f2" target="_blank" rel="noreferrer noopener">READ &amp; ORDER</a></div>
</div>



<p>También se puede recurrir a un criterio más amplio. El politólogo estadounidense Mark Beissinger diferencia las revoluciones a grandes rasgos, distinguiendo por un lado las revoluciones sociales, es decir, aquellas que transforman las estructuras específicas de poder dentro de la sociedad, y las revoluciones cívicas, aquellas que se limitan a cambiar la persona que está al mando de esa misma estructura de poder. El Euromaidán ucraniano de 2014 o las revoluciones de colores que tuvieron lugar en Europa Central y Oriental en la década de los 2000 no llegaron a reconfigurar realmente las estructuras de poder, sino que en muchos casos sembraron el caos a corto plazo y aumentaron la desigualdad y la tensión interna en los organismos en los que se desarrollaron. Los casos sobre los que escribo podrían describirse como revoluciones cívicas. Podrían haber desembocado en un gobierno con un nombre ligeramente distinto o algo mucho peor, como una invasión extranjera o una guerra civil. Sin embargo, ninguno de estos movimientos logró la profunda transformación social con la que soñaban cuando convocaron las protestas en primer lugar.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="2560" height="1707" src="https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Tunisia-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-40623" srcset="https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Tunisia-scaled.jpg 2560w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Tunisia-300x200.jpg 300w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Tunisia-1024x683.jpg 1024w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Tunisia-768x512.jpg 768w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Tunisia-1536x1024.jpg 1536w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Tunisia-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2560px) 100vw, 2560px" /><figcaption class="wp-element-caption">Des manifestants rassemblés devant le siège du RCD, le parti unique de Ben Ali, le 20 janvier 2011,en presence massive de l&#8217;armee tunisienne . La foule exige la dissolution du gouvernement provisoire et la fin du Rassemblement constitutionnel démocratique, symbole de l’ancien régime. inscription en arabe &#8220;Non au RCD &#8220;</figcaption></figure>



<p><strong>Sostienes que una de las principales razones por las que se produce esta situación es porque no existe un vacío de poder como tal. Si el movimiento contestatario no está preparado (o no pretende) tomar las riendas del poder, entonces aparece en escena un grupo más organizado. ¿Cómo se desarrolló esta dinámica en la plaza Tahrir de Egipto, uno de los primeros casos que analizas?</strong></p>



<p>La denominada Primavera Árabe comienza en Túnez en el año 2010, pero la plaza Tahrir de Egipto en 2011 sentó precedente para los años siguientes <em>—</em>no solo en el mundo árabe, sino en muchas otras partes del mundo en las que se replicó el modelo de Tahrir, como en Estados Unidos, España, Grecia o Hong Kong, por nombrar algunas.</p>



<p>En enero de 2011, un grupo de activistas organiza un acto de protesta en contra de la brutalidad policial en El Cairo. Se trata de un grupo de manifestantes que lleva reuniéndose más de una década y que desarrollaron un vínculo organizativo en torno a la solidaridad con Palestina y la oposición a la invasión estadounidense de Irak. Esperan recibir la típica represión policial, pero acude mucha más gente de la que preveían en un inicio, y aún más en los días siguientes. El 28 de enero, la protesta acaba en una batalla campal con la policía. Derrotados, los agentes de policía se arrancan los uniformes y huyen en plena noche. El ejército no participa en este enfrentamiento, por lo que los manifestantes se enfrentan a un vacío de poder en este breve lapso de tiempo. Podrían hacer muchas cosas, como intentar establecer algún tipo de sistema dual de poder o hacerse con alguna parte del Estado, al menos en cuanto a los medios de comunicación se refiere. En cambio, se limitan a tomar la plaza Tahrir porque ese había sido el objetivo de muchas otras protestas a lo largo de los años. Permanecen en la plaza durante 18 días, hasta que el gobierno de Hosni Mubarak es derrocado. Lo que ocurre en realidad es que el ejército toma el poder, pero no la plaza, aunque pueda parecer que ha sido ésta la que ha liderado los acontecimientos. En un sentido estricto, estamos ante un golpe militar dirigido por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) que, cuando menos, promete celebrar unas elecciones democráticas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>La plaza Tahrir de Egipto en 2011 sentó precedente para los años siguientes.</em></p>
</blockquote>



<p>Ahora bien, los sectores progresistas y laicos de la plaza, que tan presentes estuvieron en la cobertura del levantamiento de 2011 y que representan a una gran parte de la población egipcia, no consiguen aunar fuerzas en pos de un resultado electoral, y en la segunda vuelta se impone la Hermandad Musulmana, la mayor fuerza organizada de la plaza. A gran parte de la ciudadanía egipcia le agrada como dirigen el país, sobre todo teniendo en cuenta que la transición a la democracia suele ser un proceso bastante turbulento y caótico.</p>



<p>Sin embargo, en junio de 2013 una campaña de recogida de firmas se erige como heredera del espíritu de 2011. Esta iniciativa congrega un gran número de movilizaciones que acaban allanando el camino a un golpe de Estado militar. El ejército interviene con el apoyo de las monarquías del Golfo y, en última instancia, de la administración Obama, para llevar a cabo un golpe militar contrarrevolucionario y establecer la dictadura que gobierna hasta el día de hoy.</p>



<p>Si hubiera habido algún tipo de organización revolucionaria al frente de la revuelta o con capacidad para intentarlo, las personas manifestantes podrían haber hecho algo más que limitarse a tomar la plaza Tahrir. Pero no fue el caso, y perdieron la oportunidad.</p>



<p><strong>El país que has investigado más de cerca es Brasil, donde una oleada de protestas de izquierdas dio lugar a un resultado imprevisto: la llegada a la presidencia del ultraderechista Jair Bolsonaro. ¿Cómo pudo suceder?</strong></p>



<p>El caso de Brasil pone de manifiesto que el concepto de libertad puede significar cosas muy distintas para diferentes grupos de personas. El colectivo inicial, el Movimento Passe Livre («Movimiento Pase Libre», MPL), estaba formado por anarquistas autónomos de izquierdas que exigían un transporte público gratuito para todos los ciudadanos brasileños. Llevaban ocho años organizando protestas con regularidad, pero en junio de 2013 los principales medios de comunicación brasileños, de tendencia derechista y en manos de la oligarquía, apelaron a las autoridades para que aplicaran mano dura. Esta represión corrió a cargo de la policía militar brasileña, heredera de la dictadura respaldada por Estados Unidos.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="2560" height="1709" src="https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Georgia-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-40624" srcset="https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Georgia-scaled.jpg 2560w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Georgia-300x200.jpg 300w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Georgia-1024x683.jpg 1024w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Georgia-768x513.jpg 768w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Georgia-1536x1025.jpg 1536w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Georgia-2048x1367.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2560px) 100vw, 2560px" /><figcaption class="wp-element-caption">Tiflis, Georgia, 9 de marzo de 2023. Manifestación contra la ley de «agentes extranjeros», que instauraba un registro de los medios de comunicación y ONG que recibían una financiación extranjera superior al 20 %. La ley se retiró en un principio, pero se reintrodujo en el año 2024, lo que provocó nuevas oleadas de protestas. ©MARIAM GIUNASHVILI</figcaption></figure>



<p>La conmoción de la sociedad civil brasileña, incluidos los mismos medios de comunicación que habían incitado a dicha represión, fue de tal magnitud que provocó un aluvión de apoyo a las protestas. Sin embargo, los principales medios de comunicación y la mayoría de las personas que se unieron a las protestas en aquel momento no estaban dispuestas a respaldar la acción directa anarquista ni la desmercantilización total del transporte público. Esto provocó un conflicto —que empezó siendo verbal pero que acabó siendo violento con los manifestantes de izquierda originales, muchos de los cuales acabaron expulsados de las calles. Llegados a este punto, un grupo de jóvenes brasileños que trabajaban para <em>think tanks</em> neoliberales auspiciados por Estados Unidos llegó a la conclusión (acertada, a mi modo de ver) de que cualquiera podía resignificar lo que estaba ocurriendo en las calles . Podían rebatir el fundamento mismo de las protestas y reinterpretar lo que estaba sucediendo, así que este grupo de estudiantes bien organizados y financiados desde el exterior decidió tomar la fórmula original, Movimento Passe Livre (MPL), y cambiarla por Movimento Brasil Livre («Movimiento Brasil Libre», MBL). Eligieron un acrónimo muy similar, pero con un concepto de la libertad radicalmente distinto: su visión de la libertad era de índole norteamericana y libertaria, como una relación de suma cero entre la sociedad civil y el Estado.</p>



<p>A lo largo de los dos años siguientes, este grupo lideró una nueva serie de protestas contra Dilma Roussef, la presidenta elegida democráticamente, y acabó reclamando su destitución, que se produjo en 2016. Acto seguido, la organización hizo campaña a favor del ultraderechista Jair Bolsonaro, llegando al poder codo con codo en el año 2019. Después de usurpar el estilo y la credibilidad de una formación autonomista, este grupo llegaba al poder para destruirla.</p>



<p><strong>Hay dos principios que, de manera más o menos explícita, rigen los movimientos de protesta que has analizado: el horizontalismo y la prefiguración. ¿En qué consisten y por qué son importantes a la hora de entender el desenlace de las revueltas?</strong></p>



<p>La horizontalidad es un método de organización política que insiste en que no debe haber ningún tipo de jerarquía. Los movimientos y experimentos antijerárquicos han existido durante muchos años, cobrando especial auge en los años sesenta, aunque la palabra «horizontalidad» surge en Argentina a principios del siglo XXI. Ante el colapso económico y estatal, se formaron asambleas que estaban abiertas a todo el mundo, sin líderes ni pretensiones de crear estructuras representativas o un nuevo Estado. El horizontalismo es un concepto ligeramente distinto, ya que no es un término meramente descriptivo, sino también normativo. Por ejemplo, el MPL brasileño creía que la horizontalidad era la forma correcta de organizar su movimiento. Los Indignados de la Puerta del Sol en España y el movimiento Occupy Wall Street en Estados Unidos también compartían algunos principios horizontalistas, mientras que en Egipto esta horizontalidad fue más bien el resultado de la incapacidad para coordinar unas estructuras representativas.</p>



<p>La prefiguración suele ser un asunto de gran importancia para el horizontalismo. En términos normativos, la prefiguración se basa en la convicción de que para crear la sociedad que deseamos, debemos ser capaces de reflejarla en el movimiento actual. En la plaza Tahrir, hubo personas con diferentes ideologías políticas, clases sociales y creencias religiosas que se unieron, se protegieron y se sustentaron las unas a las otras. Esto parecía ser una constatación de lo que el pueblo egipcio era capaz de hacer y motivaba a las personas a acudir a la plaza.</p>



<p>Desde una perspectiva radicalmente antiautoritaria, una revuelta debe crecer y crecer hasta convertirse en el nuevo Estado, en la semilla de una nueva sociedad. En Brasil, la horizontalidad específica de las protestas respondía al horizontalismo ideológico de sus participantes originales, que no creían realmente en el liderazgo. Todo el mundo se sentía bienvenido en las calles siempre y cuando tuviera algún tipo de queja contra la sociedad brasileña. El horizontalismo permitió que las protestas adquirieran una gran magnitud.</p>



<p>Lo mismo ocurrió en el parque Gezi de Estambul ese mismo año. Los elementos prefigurativos lo convirtieron en un lugar de encuentro más agradable y atractivo. Era un espacio de reunión donde las personas comían y conversaban. Sus funciones en la sociedad capitalista pasaban a un segundo plano mientras compartían una experiencia verdaderamente enriquecedora a nivel personal, aunque aquello no fuera a reemplazar al gobierno.</p>



<p>El horizontalismo se convierte en un problema en la segunda fase y es que no se puede acceder al vacío de poder ni articular la mejor estrategia electoral posible cuando no se dispone de medios que permitan la coordinación, tal y como ocurrió en Egipto. En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff quería conceder a las calles el cambio que demandaban, pero era incapaz de entender qué pedían exactamente, porque pedían tantas cosas como personas había, o quizá incluso más.&nbsp;</p>



<p>La prefiguración plantea unos retos similares pues impone un límite ideológico estricto sobre lo que se considera aceptable. En la década de 2010, asistimos a la eclosión de ciertas situaciones revolucionarias, y cuando las élites dominantes se sienten amenazadas, responden con violencia contrarrevolucionaria. Ahora bien, si alguien invade tu pueblo y empieza a matar a todo el mundo, lo más probable es que no quieras responder actuando de la forma en la que te gustaría vivir después de que se marchen, tal y como establecería la prefiguración.&nbsp;Final del formulario</p>



<div id="mailchimpForm" class="wp-block-ldgejblocks-ld-mailchimp-block background-dark" data-layout="1"></div>



<p><strong>Los movimientos de protesta que analizas tienen un fuerte carácter de acción colectiva y a menudo en contra del neoliberalismo y su ideal de individualismo. Sin embargo, también es posible interpretar el rechazo absoluto a la representación y a la jerarquía como una forma de individualismo en estado puro, como la convicción de que nadie puede hablar en nombre de los demás. ¿Cómo explicas esta paradoja?</strong></p>



<p>Es una paradoja extraña, pero diría que ambas cosas pueden coexistir. Tal y como afirma el sociólogo ucraniano Volodymyr Ishchenko, muchas de las revueltas que presenciamos en la década de 2010 se pueden interpretar como una respuesta a la crisis de representación del sistema global neoliberal. La ciudadanía desconfía cada vez más de sus gobiernos porque el Estado moderno responde sobre todo a las élites económicas e ignora substancialmente a la población, a menos que esta consiga que algún sector de la clase dominante defienda sus intereses.</p>



<p>Por otra parte, estas revueltas reprodujeron a nivel interno algunos de los aspectos y perspectivas del sistema en el que surgieron. El historiador argentino Ezequiel Adamovsky, uno de los pensadores más elocuentes del movimiento que organizó las ocupaciones a principios de la década de 2000 ―que condujeron a la popularización del horizontalismo― me dijo que estas movilizaciones surgieron como respuesta al claro fracaso de las instituciones representativas (la empresa, el Estado, el sindicato, el partido). Sin embargo, probablemente también estaban influenciadas por las ideas neoliberales de libertad y el discurso antiestatal que tan extendidos estaban en los medios de comunicación favorables a la privatización en Argentina.</p>



<p>Se podría decir que estos movimientos eran antisistema en lo subjetivo, pero prosistema en lo objetivo porque adoptaron una forma final y crearon oportunidades que las estructuras de poder preexistentes supieron aprovechar.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>Estos movimientos crearon oportunidades que las estructuras de poder preexistentes supieron aprovechar.</em></p>
</blockquote>



<p><strong>Las manifestaciones masivas son una modalidad de conflicto político relativamente reciente, cuya aparición está muy relacionada con el efecto amplificador de los medios de comunicación de masas. En este caso, las revueltas de la década de 2010 también recibieron el impulso y la influencia de los nuevos medios digitales. ¿Cómo interactuaron estos dos tipos de medios y cómo contribuyeron a dar forma a los principales movimientos de protesta de la última década?&nbsp;</strong>&nbsp;</p>



<p>En un primer momento hubo numerosas interpretaciones, sobre todo en los medios liberales anglosajones, que apuntaban a que estos eventos eran revoluciones de las redes sociales. Ahora bien, <em>a posteriori</em> es evidente que las redes sociales fueron una de las muchas piezas que hicieron posibles estas revueltas y su papel consistió en interactuar con los medios tradicionales. Los periodistas que trabajaban para los canales tradicionales, entre los que me incluyo, miraban las redes sociales, publicaban y obtenían información de ellas. Los usuarios de las redes sociales leían los medios tradicionales y hablaban de ellos en las redes sociales. Es difícil dividir estos dos fenómenos y creo que no hay razón para hacerlo.</p>



<p>Los medios de comunicación hicieron que mucha más gente quisiera unirse a las protestas y determinaron su significado porque, como bien has dicho, estas revueltas no pudieron o no quisieron mostrar al mundo lo que eran en realidad. Sin embargo, la forma en que los medios de comunicación las presentan sí puede remodelar lo que ocurre en las revueltas. Los grupos que salieron a la calle con unas ideas diferentes en Brasil las habían sacado de los medios de comunicación. Del mismo modo, la manera en que los medios de comunicación exponían la protesta influyó inevitablemente en la percepción de la misma. Así, era frecuente encontrarse en la calle a dos personas que compartían el mismo espacio físico, pero que mentalmente estaban asistiendo a dos protestas diferentes.</p>



<p>El llamado Euromaidán de Ucrania surgió a raíz de un grupo relativamente pequeño de personas que protestaban contra la decisión del presidente Víktor Yanukóvich de no firmar un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. Esas personas creían en esa causa y tenían unos argumentos coherentes para defender la firma de ese acuerdo, pero la mayoría de la ciudadanía ucraniana no lo apoyaba. De hecho, fue la represión de los manifestantes lo que atrajo a mucha más gente a la plaza del centro de Kiev.. Estas personas se habían enterado de la represión, se les habían revuelto las tripas y querían pasar a la acción. También añadieron otras reivindicaciones. Hubo auténticas peleas en la calle sobre el significado de lo que estaba sucediendo en la plaza. Toda interpretación sobre el Maidán, a menos que se estuviera presencialmente allí y se investigara sobre el terreno, procedía de los medios de comunicación. Antes de que Rusia invadiera Ucrania a nivel global en 2022, conocí a personas de una misma familia que tenían ideas distintas de lo que había ocurrido porque veían medios de comunicación diferentes: quienes se informaban por los medios de comunicación rusos solían consumir contenido de los miembros de la extrema derecha que estaban presentes en la plaza, mientras que la creencia generalizada en Occidente era que las protestas se debían a la adhesión a la UE.</p>



<p>A principios de la década de 2010 también se extendió la opinión de que las redes sociales servían para la autorrepresentación sin intermediarios y el periodismo ciudadano veraz. En la actualidad, todo el mundo sabe que hay personas y grupos bien financiados que pueden distorsionar los mensajes en las redes sociales y que la información que surge de los miles de millones de fragmentos de la realidad que se publican cada día puede ser engañosa. Ante esta ingente multiplicación de los hechos, resulta ineludible que un algoritmo diseñado para maximizar los ingresos publicitarios ejecute un proceso de selección. Así, hasta los hechos más verídicos, como una fotografía real publicada en las redes sociales, pueden contribuir a crear relatos engañosos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Turkey-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-40625" srcset="https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Turkey-1024x683.jpg 1024w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Turkey-300x200.jpg 300w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Turkey-768x512.jpg 768w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Turkey-1536x1024.jpg 1536w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Turkey-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Estambul, Turquía, 23 de marzo de 2025. Agentes de la unidad antidisturbios hacen uso de gas pimienta para expulsar a un manifestante durante una protesta tras la detención y encarcelamiento del alcalde de Estambul, Ekrem İmamoğlu. La detención de İmamoğlu desencadenó la mayor ola de protestas en Turquía desde el episodio del parque Gezi en 2013. ©HUSEYİN ALDEMIR</figcaption></figure>



<p><strong>Aparte de Brasil, ¿estaba presente la libertad en los movimientos de protesta que investigas, ya fuera como meta utópica o como reivindicación concreta?</strong></p>



<p>En términos muy básicos, la libertad puede significar lo que cada persona quiera. Se podría decir que toda acción de protesta es una protesta por la libertad. Sin embargo, la interpretación de lo que eso significa puede variar mucho en función de a quién se le pregunte. Lo interesante de la década de 2010 es que se observó una gama de reivindicaciones más o menos similar y un enfoque táctico y organizativo parecido en unos contextos sociales, económicos y políticos muy diferentes entre sí. El contenido subjetivo de cada protesta era muy diverso, al igual que la relación con el concepto de libertad. En lo que respecta a Túnez, Egipto o Baréin, cabría interpretar estas revueltas como una reivindicación de libertad frente al régimen existente. En el caso de Turquía, podríamos decir que se trataba de un llamamiento a la libertad ante la invasión del espacio público. Las protestas contra la austeridad que tuvieron lugar por esas mismas fechas en el sur de Europa se podrían entender como un deseo de libertad a fin de participar en la economía, tener un empleo y beneficiarse del estado del bienestar establecido por las generaciones anteriores. Quienes se manifestaban en Ucrania en un inicio aspiraban a la libertad de unirse a la UE, pero la firma del Acuerdo de Asociación también suponía muchas normas nuevas y cambios económicos que darían paso a nuevos ganadores y perdedores. Es más, las personas también interpretan y recuerdan sus propias vidas de forma diferente a lo largo de la historia. En la actualidad, es probable que haya más ucranianos que interpretaran esas protestas como una reivindicación de libertad frente a Rusia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="680" src="https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Ukraine-1024x680.jpg" alt="" class="wp-image-40626" srcset="https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Ukraine-1024x680.jpg 1024w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Ukraine-300x199.jpg 300w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Ukraine-768x510.jpg 768w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Ukraine-1536x1020.jpg 1536w, https://www.greeneuropeanjournal.eu/wp-content/uploads/2025/07/Ukraine-2048x1360.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Kiev, Ucrania, 14 de diciembre de 2013. Una manifestación se reúne en Maidén Nezalézhnosti (Plaza de la Independencia) durante un concierto de la banda ucraniana Okean Elzy. A las protestas del Euromaidán le siguió la Revolución de la Dignidad, que culminó con la destitución del presidente Víktor Yanukóvich. Según los datos oficiales, 106 manifestantes murieron en altercados con la policía antidisturbios. ©JULIA KOCHETOVA</figcaption></figure>



<p>En las protestas con una estructura horizontal donde es posible expresar una gran variedad cacofónica ―y a veces contradictoria― de reivindicaciones, los conceptos prevalecientes en el discurso deben ser suficientemente amplios y plenamente positivos, sea cual sea la ideología política de cada persona. En la década de 2010, vimos cómo conceptos tales como la democracia, la libertad y la lucha contra la corrupción borbotearon hasta llegar al punto de ebullición porque son términos con los que todo el mundo está de acuerdo. El pueblo de Hong Kong luchaba por la democracia, pero la República Popular China es, según su propio discurso, un Estado democrático. Para gran parte de la ciudadanía egipcia que gestó las protestas de enero de 2011, era obvio que la construcción de un Egipto democrático supondría una amenaza para el imperialismo estadounidense y los intereses de sus aliados en la región, Arabia Saudí e Israel. No obstante, según la visión de un corresponsal de la CNN, el pueblo egipcio exigía la libertad de ser como la ciudadanía estadounidense, de copiar su sistema político y unirse a Estados Unidos como aliado menor.</p>



<p>Cuando se abordan unos términos tan amplios, el secreto está en la letra pequeña.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>Cuando se abordan unos términos tan amplios como &#8220;libertad&#8221;, el secreto está en la letra pequeña.</em></p>
</blockquote>



<p><strong>¿Tuvo el ecologismo algún papel en las grandes revueltas de la década de 2010? Considerando las experiencias adquiridas de las protestas que has analizado, ¿qué se necesita para que el movimiento ecologista tenga éxito?</strong></p>



<p>Las revueltas en lugares como Egipto y Baréin mostraron un contenido principalmente político ya que se enfrentaban a una represión evidente y opresiva en el ámbito político. Más que abordar cuestiones ecológicas, su objetivo principal era transformar el orden político. Sin embargo, las revueltas en países como Turquía, Brasil o Chile sí tuvieron un carácter ecológico explícito. Las protestas del parque Gezi nacieron como defensa de los espacios verdes públicos y los activistas ecologistas fueron los primeros en tomar partido. En Brasil, los progresistas son, de forma automática, ecologistas y defensores de los derechos indígenas y de la protección del Amazonas. Por el contrario, Bolsonaro llegó al poder con un proyecto manifiesto de completar la colonización de Brasil, poner fin a la soberanía indígena y transformar una mayor parte del Amazonas en tierra que produzca un rendimiento económico.</p>



<p>Estoy convencido de que uno de los principales retos del siglo XXI será la lucha por transformar la economía global actual en una menos destructiva para nuestro planeta. Muchas de las principales protestas de la década de 2010 tenían un sesgo anti-Estado explícito o implícito. Aun así, el orden actual de los Estados que conforman el sistema global será clave a la hora de salvar al planeta de la catástrofe climática, nos guste o no. Necesitaremos un cambio en las regulaciones y en las relaciones entre Estados. Necesitaremos la cooperación de Estados Unidos y China, los dos Estados más importantes del sistema global, aunque las cosas no pintan bien en este momento. Por lo tanto, rechazar el Estado como terreno de lucha sería un error.</p>



<p>Los movimientos de protesta pueden hacer muchas cosas. Pueden cambiar quién toma las decisiones, pueden dejar claras sus inquietudes a las élites existentes e imponerles un coste real que les inste a actuar de forma responsable. Todo esto será una labor transcendental.</p>



<p><strong>A pesar de que muchas revueltas no hayan terminado bien, la mayoría de los revolucionarios con los que has hablado no recomiendan enterrar el hacha. Los últimos cinco años también corroboran que las protestas masivas siguen siendo una forma muy popular de conflicto político, con movimientos como Black Lives Matter o las protestas en Irán, Serbia y Georgia. ¿Ves algún cambio en la estructura y las tácticas de las protestas en comparación con las que tuvieron lugar en los años anteriores?</strong></p>



<p>El tipo específico de protesta que describo surgió por razones tanto ideológicas como materiales. Si la comparamos con otras formas de lucha, este tipo de protesta se convirtió en algo posible y fácil de llevar a cabo. En la década de 2020 ha habido una cierta evolución ideológica. Hoy en día ya no se considera tanto que la espontaneidad y la falta de estructura sean factores intrínsecamente buenos. Veo menos insistencia en la noción de que todas las reivindicaciones son igualmente importantes y que todo el mundo puede participar y hablar con la misma autoridad. En los campamentos propalestinos de Estados Unidos, por ejemplo, se han seleccionado meticulosamente a los representantes de prensa para evitar que alguien apareciera y hablara con quien quisiera sobre el significado de las protestas.</p>



<p>Sin embargo, las condiciones materiales siguen siendo las mismas en gran medida. Las protestas masivas aparentemente espontáneas, coordinadas de forma digital y con una estructura horizontal siguen siendo más sencillas de articular que la creación de organizaciones capaces de llevar a cabo acciones colectivas a largo plazo y con una coordinación rápida y eficaz.</p>



<p><em>Traducido por <a href="https://www.guerrillamedia.coop/en/about/">Guerrilla Media Collective</a></em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>¿Por qué los hombres blancos sucumben a la extrema derecha?</title>
		<link>https://www.greeneuropeanjournal.eu/por-que-los-hombres-blancos-sucumben-a-la-extrema-derecha/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amir Hashemi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2025 07:46:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorised]]></category>
		<category><![CDATA[Elon Musk]]></category>
		<category><![CDATA[Emotions]]></category>
		<category><![CDATA[Feminism]]></category>
		<category><![CDATA[LGBTQ]]></category>
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		<category><![CDATA[Woke]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.greeneuropeanjournal.eu/?p=40533</guid>

					<description><![CDATA[Mientras los líderes reaccionarios explotan las inquietudes masculinas y alimentan el resentimiento contra los grupos marginados, los progresistas deben contrarrestar con narrativas inclusivas basadas en valores compartidos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-introduction"><p>La guerra cultural ha tomado el relevo de la lucha de clases y los líderes reaccionarios han aprovechado la ocasión para echar más leña al fuego, azuzando la ansiedad en torno a la masculinidad, la raza y la identidad para conseguir poder. El hombre blanco percibe a los grupos marginalizados como una amenaza para la civilización y la sociedad, lo que le atrapa en un bucle de «resentimiento redistributivo» que se empeña fútilmente en preservar unos privilegios cada vez más difusos. Los progresistas deben aceptar que las emociones ejercen un poder considerable en materia política y ofrecer contranarrativas inclusivas basadas en valores humanos comunes.</p></div>



<p>En 2024, cuando la guerra se propagaba por Europa y el genocidio escalaba en Gaza, la política extranjera no parecía ser una gran preocupación a ojos de la derecha radical internacional. Tampoco es que los líderes de extrema derecha estuvieran dando la tabarra continuamente con la inflación o el estancamiento de los salarios. Aunque instrumentalizaban estas temáticas ocasionalmente para manipular y hacer de las minorías, «las élites» o la gente <em>woke</em> su chivo expiatorio, por lo general estos líderes se mantuvieron al margen. Incluso la inmigración, el más clásico receptáculo del alarmismo de la derecha, ha perdido la relevancia que tuvo durante la «crisis» de inmigración de 2015. En su lugar, la ultraderecha ha emprendido una cruzada cultural para proteger el modelo de «familia tradicional», con un hombre (blanco) a la cabeza y un puñado de churumbeles que aseguren la supervivencia de la civilización.</p>



<p>A lo largo de la campaña presidencial de EE. UU. en 2024, <a href="https://www.nytimes.com/es/2019/03/20/espanol/teoria-remplazo-supremacia-blanca.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">el descenso de la natalidad (blanca)</a> fue el eje central de la retórica de J. D. Vance, el candidato republicano a la vicepresidencia. Su superior, Donald Trump, llevó a cabo una campaña contra los procedimientos de transición de género, culminando con el eslogan: «<a href="https://www.eldiario.es/internacional/trump-firma-nuevo-decreto-acorrala-personas-trans-ejercito-eeuu_1_11998028.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Kamala es para elles, el presidente Trump es para ti</a>». Mientras tanto, Elon Musk (el hombre que mueve los hilos entre bambalinas), arremetía contra el «<a href="https://www.publico.es/internacional/europa/elon-musk-abraza-lider-ultra-afd-virus-woke-infectado-gravemente-alemania.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">virus de la mentalidad woke</a>» que está corrompiendo la sociedad.</p>



<p>La tónica fue parecida entre sus aliados europeos, que se reunieron en la Conferencia Política «cazaprogres» de Acción Conservadora (CPAC, por sus siglas en inglés) en Hungría el abril del año pasado. En la conferencia, copatrocinada por conservadores estadounidenses, el líder de la extrema derecha española Santiago Abascal se cebó con la «ideología totalitaria de género», mientras que el primer ministro húngaro Viktor Orbán <a href="https://nuso.org/articulo/como-budapest-se-transformo-en-la-meca-del-antiprogresismo/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">declaró</a> que «el movimiento <em>woke</em> y la ideología de género han ocupado el lugar que antes ocupaban el comunismo y el marxismo».</p>



<p>Según la ultraderecha global, no deberíamos preocuparnos por la crisis climática, ni por la constante amenaza de guerra, ni por el hecho de que los <a href="https://es.euronews.com/next/2024/10/15/los-principales-multimillonarios-de-la-tecnologia-van-camino-de-convertirse-en-los-primero" target="_blank" rel="noreferrer noopener">billonarios se estén convirtiendo en trillonarios</a>. Lo que realmente está poniendo en peligro a la civilización es el desplome de la procreación blanca y el uso de pronombres inclusivos.</p>



<p>Aunque es fácil desmontar e incluso ridiculizar muchas de estas afirmaciones absurdas lo cierto es que los hechos se tornan irrelevantes ante la repercusión emocional que están teniendo, y es que a los sentimientos de los hombres blancos ya no les importa «nuestra realidad». El éxito de la ultraderecha demuestra que muchos hombres blancos están tan comprometidos con las jerarquías tradicionales –primero los ricos, después los hombres en general y, por último, los no blancos– que creerían y harían cualquier cosa para protegerlas.</p>



<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-announcement" style="background-color:#f2f2f2">
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">Acting Out: Arts and Culture Under Pressure &#8211; Our latest print edition is out now!</h2>



<p class="has-text-align-center">Read it online or get your copy delivered straight to your door.<br></p>



<div class="wp-block-button has-custom-width wp-block-button__width-25 is-style-outline has-text-align-center is-style-outline--2"><a class="wp-block-button__link has-black-color has-text-color has-background has-small-font-size has-text-align-center has-custom-font-size wp-element-button" href="https://www.greeneuropeanjournal.eu/edition/acting-out-arts-culture-under-pressure/" style="border-radius:0px;background-color:#f2f2f2" target="_blank" rel="noreferrer noopener">READ &amp; ORDER</a></div>
</div>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Una brecha de género?</strong></h2>



<p>La extrema derecha prospera por todo el mundo gracias <a href="https://www.rtve.es/noticias/20250304/brecha-hombres-mujeres-jovenes-derechas-izquierdas/16464123.shtml" target="_blank" rel="noreferrer noopener">al apoyo de los hombres</a>. Pero no sólo atrae a votantes masculinos. Las líderes femeninas como Giorgia Meloni en Italia, Marine Le Pen en Francia y Alice Weidel en Alemania acercan los valores patriarcales a las mujeres, a la vez que plantean los roles tradicionales como una pieza clave para preservar la identidad y el orden. El discurso que hizo famosa a Meloni entre la ultraderecha —«Soy Georgia. Soy una mujer. Soy una madre. Soy italiana. Soy cristiana»— encapsulaba muy bien esta retórica, presentando el género y la familia como escudos frente a un supuesto asalto a la identidad por parte de «<a href="https://www.expansion.com/economia/financial-times/2022/10/19/634ffb02e5fdea0a688b4656.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">grandes especuladores financieros</a>». Hasta Weidel, que es lesbiana y madre, defiende ahora la familia tradicional «<a href="https://www.eleconomista.es/informalia/famosos/noticias/13232937/02/25/la-candidata-a-las-elecciones-de-alemania-alice-weidel-cria-dos-hijos-con-otra-mujer-pero-defiende-la-familia-tradicional.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">formada por una madre y un padre</a>». Ahora, tras siete años de mandato de Marine Le Pen al frente de la Agrupación Nacional, hay tantas mujeres como hombres que <a href="https://www.rfi.fr/es/europa/20240621-el-voto-femenino-factor-clave-en-el-auge-de-la-extrema-derecha-francesa" target="_blank" rel="noreferrer noopener">votan a la extrema derecha en Francia</a>. No obstante, <a href="https://www.elsaltodiario.com/analisis/brecha-generacional-genero-dos-perspectivas-opuestas-igualdad" target="_blank" rel="noreferrer noopener">la brecha de ideología de género</a> sigue siendo evidente. En Alemania, por ejemplo, los hombres jóvenes son quienes <a href="https://theconversation.com/division-por-genero-en-el-voto-joven-aleman-ellas-confian-en-la-izquierda-y-ellos-en-la-ultraderecha-250717" target="_blank" rel="noreferrer noopener">están propulsando el auge</a> de la AfD.</p>



<p>Corea del Sur ofrece quizás el ejemplo más descarnado de esta división, donde mujeres y hombres jóvenes presentan <a href="https://www.elconfidencial.com/mundo/2024-02-13/corea-sur-hombres-mujeres-reaccionarios_3827623/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">posturas diametralmente opuestas.</a> Yoon-Suk Yeol, el expresidente que trató de dar <a href="https://mondiplo.com/en-corea-del-sur-un-golpe-de-estado-revelador" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un golpe de Estado</a> el pasado diciembre, fue elegido en 2022 a través de una plataforma <a href="https://www.bbc.com/mundo/articles/ckg9vmj5z1go" target="_blank" rel="noreferrer noopener">de corte radical y explícitamente antifeminista</a>. Sin embargo, Corea del Sur tiene la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Desigualdad_de_género_en_Corea_del_Sur" target="_blank" rel="noreferrer noopener">mayor brecha salarial</a> del mundo desarrollado y los hombres condenados por crímenes sexuales en el país no suelen recibir más castigo que una multa. Y, aun así, la mayoría de los hombres jóvenes de Corea del Sur considera <a href="https://www.swissinfo.ch/spa/la-reacción-antifeminista-que-sacude-corea-del-sur/46866266" target="_blank" rel="noreferrer noopener">que ellos son las víctimas de discriminación</a>.</p>



<p>En los últimos años, se ha popularizado el concepto de resentimiento (<em>ressentiment</em> en francés) para explicar la tóxica combinación de rencores que subyace bajo gran parte de la política de ultraderecha de hoy en día. Esta narrativa postula que los votantes de extrema derecha se han visto desfavorecidos en la sociedad actual, lo cual les ha vuelto vengativos y radicales. Esta teoría concede a las emociones un papel fundamental a la hora de explicar la atracción hacia el fascismo contemporáneo. No obstante, esto no explica la fuente de tanto rencor y cómo esta afecta a los votantes.</p>



<p>Para comprender por qué estos hombres se irritan tanto ante los pronombres <em>woke</em> o el bajo índice de natalidad, deberíamos recurrir a la sabiduría de quienes quizás sean los más insólitos expertos en identidad blanca y fragilidad masculina: las mujeres <em>queer</em> de color.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>Muchos hombres blancos se aferran a sus privilegios raciales y de género a medida que la guerra cultural desplaza a la lucha de clases, alineándose con fuerzas reaccionarias que prometen restituir su decrépita dominancia.</em></p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Patriarcado de doble filo</strong></h2>



<p>A lo largo de su extensa obra, la autora y académica feminista bell hooks aporta una crítica de lo que ella denomina el «patriarcado capitalista supremacista blanco e imperialista», un sistema que coloca la riqueza, la masculinidad y la blanquitud en la cima de la jerarquía de opresión. En su libro <em>El deseo de cambiar: hombres, masculinidad y amor</em> (2004), hooks defiende que esta estructura no sólo oprime a las mujeres y grupos marginalizados, sino que también hiere profundamente a esos mismos hombres a los que pretende privilegiar.</p>



<p>Según hooks, la manera en la que el patriarcado socializa a los hombres hace que supriman su vulnerabilidad y expresión emocional, equiparando masculinidad con control, dominancia y rabia. Esta «traumatización natural de los chicos» destruye su capacidad emocional, una pérdida que es profundamente dolorosa pero que nadie parece advertir —como cuando se les dice que dejen de llorar y «se comporten como hombres», o cuando un adolescente es ridiculizado por exhibir cualquier cualidad percibida como afeminada. En lugar de confrontar este dolor, a los hombres se les enseña a sepultarlo bajo rabia y violencia —las únicas emociones que el patriarcado considera válidas— y canalizar su sufrimiento hacia la dominación de otros.</p>



<p>Esta dinámica de adoctrinamiento patriarcal no se ciñe a la represión emocional, también genera una cultura donde los hombres externalizan sus inseguridades para no tener que confrontar sus propias vulnerabilidades. hooks argumenta que la masculinidad patriarcal se nutre de la proyección del miedo y la vergüenza hacia el exterior. La mayoría de los hombres han sido calificados de «gays», o «débiles» en algún momento por no ajustarse a la rígida norma masculina. hooks sugiere que este tipo de descalificativos dicen mucho más de quien insulta que de quien recibe el insulto: se trata de un intento desesperado de desviar su propia ansiedad masculina mediante el hostigamiento de aquellos que revelan su fragilidad.</p>



<p>El desgaste emocional de este sistema se hace ostensible en la salud y el bienestar de los hombres. Los hombres en Europa son entre tres y cuatro veces más susceptibles que las mujeres a padecer «<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Enfermedades_de_la_desesperación" target="_blank" rel="noreferrer noopener">muertes por desesperación</a>» —suicidio, sobredosis de drogas y alcoholismo. Los hombres también son mucho más proclives a pasar tiempo entre rejas, en Europa constituyen alrededor del 95 % de la población penitenciaria. Estas estadísticas tan lúgubres son el resultado de un sistema que enseña a los hombres a lidiar con sus problemas a través de la autodestrucción, la agresividad y la dominación.</p>



<p>Los hombres no sólo están sujetos a este sistema, sino que se aferran a él. Aunque les perjudica gravemente, también les concede privilegios sobre las mujeres, otros hombres y grupos marginalizados a los que a muchos les resulta muy difícil renunciar. hooks afirma que los hombres temen perder el último remanente de poder e identidad que se les ha permitido cultivar, si bien tienen que pagar un precio altísimo para conservarlo. Esto les atrapa en un sistema que los privilegia a la vez que garantiza la continuidad de su sufrimiento. Y en lugar de abordar este dolor o la resistencia al cambio, el patriarcado les enseña a ensañarse con los demás, fortaleciendo las mismas estructuras que los constriñen.</p>



<p>De acuerdo con hooks, el patriarcado opera dentro del gran sistema del capitalismo supremacista blanco imperialista. Este sistema procura que la masculinidad y la blanquitud, aun cuando van acompañadas de penurias económicas, proporcionen un sentido de superioridad que anule la solidaridad de clase. A medida que la guerra cultural desplaza a la lucha de clases, los hombres blancos se aferran a sus privilegios raciales y de género, alineándose con fuerzas reaccionarias que prometen restituir su decrépita dominancia. Así fortalecen el mismo sistema que les oprime, sacrificando la oportunidad de liberación colectiva a cambio del poder de oprimir a los demás.</p>



<p>Para la política moderna de ultraderecha, todo desafío a las jerarquías tradicionales —ya sea en forma de feminismo, multiculturalismo, justicia racial o derechos LGBTQIA+— se plantea como una amenaza existencial, y los grupos marginalizados se reinterpretan como intrusos que desestabilizan el orden social. Lo que yace en el corazón del resentimiento blanco masculino es el miedo de ver su poder reducido: la erosión de un privilegio que antaño se sentía natural, incuestionable e irrebatible.</p>



<p><em>Lo que yace en el corazón del resentimiento blanco masculino es el miedo de ver su poder reducido: la erosión de un privilegio que antaño se sentía natural, incuestionable e irrebatible.</em></p>



<p>Los cambios sociales espolean este miedo. Por ejemplo, en el campo de la educación, las mujeres están superando a los hombres: en 2023 el 49 % de las mujeres entre 25 y 34 años en la UE poseían <a href="https://www.elboletin.com/las-mujeres-obtienen-mas-titulos-universitarios-que-los-hombres-en-todos-los-paises-de-la-ue/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">titulaciones universitarias</a> en comparación con el 38 % de los hombres. Y el número de mujeres que ocupan <a href="https://commission.europa.eu/system/files/2023-04/annual_report_GE_2023_web_EN.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">cargos directivos</a> ha aumentado drásticamente en las últimas décadas. Estos cambios, junto con la precariedad económica, han socavado los pilares tradicionales de la dominancia masculina, alimentando los sentimientos de inseguridad entre los hombres.</p>



<p>En lugar de confrontar las desigualdades que emanan de sus inseguridades, muchos hombres se amparan en diferentes formas de «<a href="https://newleftreview.es/issues/0/articles/nancy-fraser-de-la-redistribution-al-reconocimiento-dilemas-de-la-justicia-en-la-era-postsocialista.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">resentimiento redistributivo»,</a> que culpa a los grupos marginalizados de las dificultades económicas. Ejemplo de ello son los inmigrantes, a quienes se les culpa del alto coste de la sanidad o la escasez de viviendas asequibles. Las dificultades materiales que cimentan este resentimiento son, a menudo, de carácter más percibido que real. Los estudios revelan que, en Corea del Sur, donde las llamadas políticas del resentimiento casi desembocan en un golpe de Estado, gran parte de la ideología victimista masculina proviene más bien de una percepción de <a href="https://arainfo.org/quiebres-y-grietas/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">pérdida de estatus</a> (en comparación con otros grupos) que de una crisis económica real.</p>



<p>Las llamadas «élites» también son uno de los objetivos de sus ataques, se les acusa de tomar partido por los grupos marginalizados —mayormente inmigrantes, pero también la comunidad LGBTQIA+— para debilitar el modelo de familia tradicional (patriarcal) y el nacionalismo (blanco). Este resentimiento en torno al reconocimiento no es tanto una petición de visibilidad y reconocimiento como un deseo de reafirmar una superioridad que una vez fue incuestionable.</p>



<p>La activación estratégica de estas formas de resentimiento no sólo fortalece las jerarquías existentes, sino que recrudece las divisiones sociales, desvirtuando preocupaciones legítimas y desviándolas de cuestiones sistémicas para dirigirlas hacia grupos vulnerables. Cuando estás ocupado machacando a quienes están debajo, no tienes tiempo para mirar hacia arriba.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Afecto: las emociones son políticas</strong></h2>



<p>La obra de hooks pone de relieve cómo lo personal es profundamente político: las estructuras sociales de poder (patriarcado) se internalizan y reproducen a nivel personal (misoginia). Por otro lado, la escritora muestra cómo lo político es, a su vez, profundamente personal: los apegos individuales (masculinidad) se reproducen y protegen mediante la esfera política (fascismo).</p>



<p>Esta relación dialéctica es fundamental a la hora de comprender por qué la extrema derecha maneja tal carga emocional hoy en día. Sara Ahmed, otra prominente escritora feminista queer y de color, investiga este asunto en su libro <em>La política cultural de las emociones</em> (2004). Ahmed reflexiona sobre cómo los sentimientos son mucho más que vivencias privadas, ya que pueden ser, y a menudo son, fuerzas sumamente políticas. Emociones tales como el miedo, el asco y la rabia se construyen y circulan en la sociedad asociándose a objetos, símbolos y cuerpos. ¿Cómo acaso se convierten una bandera, un pronombre o una mezquita en semejantes artefactos explosivos que destilan indignación y resistencia? Estos objetos no son inherentemente poderosos, sino que son las emociones que se les adjudican mediante asociaciones recurrentes lo que les otorga su significado.</p>



<p>Lo mismo podría decirse de la figura del «otro», normalmente racializada y concebida como una amenaza para el orden social. Esta figura (la persona inmigrante, refugiada, musulmana) instiga miedo debido a la acumulación de connotaciones negativas –sospecha, ansiedad– que se le han atribuido a lo largo del tiempo en representaciones en los medios, en la retórica política y en el discurso social. Esta asociación emocional negativa refuerza las jerarquías excluyentes, moldeando la política y la interacción cotidiana de modo que sostenga la opresión sistémica.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>Cuando estás ocupado machacando a quienes están debajo, no tienes tiempo para mirar hacia arriba.</em></p>
</blockquote>



<p>Esta dinámica también se puede observar en la política racial y de género, donde los conceptos de «ideología de género» y «mentalidad <em>woke</em>» actúan como <a href="https://nuso.org/articulo/butler-genero-extrema-derecha/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">fantasmas</a> —imágenes espectrales sobre las que proyectar el miedo y la repulsión. Una vez pasa por este mecanismo, «la mentalidad <em>woke</em>» ya no se entienda como una toma de conciencia sobre el racismo y la discriminación, sino como una amenaza al orden existente (patriarcal y racista). Estas proyecciones no provienen de realidades materiales sino de la ansiedad emocional de los hombres blancos, y se explotan para estimular el terror y la ira. Al mezclar temas como los derechos de las personas trans y las amenazas existenciales a la civilización, estos símbolos avivan las políticas reaccionarias y justifican medidas autoritarias bajo el pretexto de estar preservando la tradición.</p>



<p>Una de las primeras cosas que Elon Musk hizo cuando compró Twitter en 2022 fue restringir el uso del término «cishetero». Este vocablo alude a la heterosexualidad cisgénero como una categoría específica, alterando su estatus como norma incuestionable y por defecto. Al tratar de suprimirlo, a la vez que permite que insultos nazis campen a sus anchas por la plataforma, Musk pone de manifiesto el poder de estas asociaciones emocionales.</p>



<p>Las redes sociales juegan un papel crucial a la hora de amplificar y explotar estas asociaciones. Plataformas como Twitter (ahora X) están diseñadas para maximizar la participación y se nutren gracias al <em>ragebait</em> (o incitación a la ira) —contenido creado para provocar la indignación y reacciones emocionales intensas. Esta dinámica eleva a los sentimientos por encima de los hechos, favoreciendo un entorno donde las «vibras» eclipsan a la realidad. Ahora X es el lugar donde la ansiedad masculina blanca se confirma, amplifica e instrumentaliza, independientemente de si las narrativas subyacentes son verdad o no.</p>



<p>En enero, cuando el cambio climático y la falta de infraestructuras provocaba incendios devastadores en Los Ángeles, Musk y otras figuras de derechas responsabilizaban a las políticas de <a href="https://thedecisionlab.com/es/reference-guide/organizational-behavior/diversity-equity-and-inclusion-dei" target="_blank" rel="noreferrer noopener">diversidad, equidad e inclusión</a> (DEI). Esta esperpéntica e injusta atribución de culpa se sirvió de los incendios (como arma) para avivar el resentimiento contra grupos marginalizados y así desviar la atención de problemas sistémicos. De manera similar, la ultraderecha alemana no perdió la ocasión de instrumentalizar el ataque que acabó con la vida de cinco personas en un mercadillo de navidad en Magdeburgo el pasado diciembre, culpando a las políticas de asilo y exigiendo una «remigración» masiva. Los hechos quedan, de nuevo, relegados a un segundo plano frente a las narrativas que expanden el miedo y la división, asegurándose de que la resonancia emocional —y no la verdad— sea la que controle el discurso político. La circulación de semejantes mentiras no sólo distorsiona la realidad, sino que también refuerza la ansiedad de los hombres blancos al presentar la inclusividad como el verdadero peligro.</p>



<p><a href="https://jacobin.com/2023/09/georg-lukacs-irrationalism-right-wing-thought-philosophy" target="_blank" rel="noreferrer noopener">The radical right thrives on this</a> dynamic, turning emotional attachments to privilege into a politics that bypasses reason entirely.</p>



<p><a href="https://www.mensaje.cl/derecha-radical-el-fenomeno-contemporaneo-bajo-la-lupa-de-las-emociones/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">La derecha radical se nutre</a> de esta dinámica, transformando esta vinculación emocional al privilegio en una política que elude completamente la razón.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Autoayuda o lucha colectiva</strong></h2>



<p>La guerra cultural, y no la lucha de clases, es el elemento definitorio de la política actual. Esta es la razón por la que hordas de hombres apoyan al hombre más rico del planeta cuando este les dice que el «virus de la mentalidad <em>woke</em>», y no la creciente desigualdad, es lo que está haciéndoles perder su lugar en la sociedad. Los vínculos emocionales con el patriarcado y la supremacía blanca están tan arraigados que ensombrecen la realidad de la explotación capitalista. Los hombres se levantan y toman las armas para proteger sus privilegios, pero no consiguen comprender lo que están perdiendo al aferrarse a estos sistemas opresores, tanto material como emocionalmente.<br><br>Sin embargo, hay que admitir que hay algo que la ultraderecha ha sabido hacer bien: validar los sentimientos de estos hombres. Sus líderes dicen entender las frustraciones de quienes se sienten alienados, presentándose como los salvadores de su causa. En contraste, gran parte de la izquierda progresista ha denunciado la opresión perpetrada por los hombres blancos sin lograr empatizar con su sensación de víctimas. Esto se lo ha puesto fácil a la extrema derecha, que ha dirigido su rabia hacia diversos chivos expiatorios —inmigrantes, comunidad LGBTQ+, mujeres— en lugar de dirigirla al sistema que, en último término, oprime a estos hombres. Es una simple lección aprendida de la extensa investigación narrativa: no olvides mencionar a los hombres blancos o se sentirán excluidos.</p>



<p>En lo que respecta a las mujeres, quizás su adherencia a la política reaccionaria no se trate tanto de una capitulación como de una estrategia para asegurar su lugar en el sistema jerárquico, basado en la identidad racial y de género. Esto concuerda con la dinámica general de una sociedad capitalista cada vez más precaria donde se prioriza la competición individual por encima del cuidado colectivo. En lugar de contemplar un futuro de abundancia compartida y lucha solidaria, la precariedad moderna enseña a la gente a acumular y defender lo suyo. Esto se puede observar claramente en la popularidad de <a href="https://theobjective.com/cultura/2023-10-22/jordan-peterson-madrid-izquierda/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">los gurús de autoayuda en los círculos de extrema derecha</a> donde el empoderamiento personal, <a href="https://www.independentespanol.com/noticias/mundo/europa/andrew-tate-universidad-real-world-b2273186.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">el concepto del «vividor</a>»  reemplaza a la lucha colectiva como vía para satisfacer esperanzas y sueños.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>Pero hace falta algo más que lógica para dispersar estas ansiedades y asociaciones emocionales.</em></p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Lógica y compasión</strong></h2>



<p>Si queremos luchar contra la tentación fascista, primero hay que desvelar la manipulación que yace en el corazón de estas narrativas. La extrema derecha se aprovecha del resentimiento para motivar a la gente a «machacar» a quienes tienen menos poder en lugar de luchar contra las auténticas causas de la desigualdad. También hace falta deconstruir la falsa noción de «<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Juego_de_suma_cero" target="_blank" rel="noreferrer noopener">juego de suma cero</a>»  entre identidades colectivas.</p>



<p>Pero hace falta algo más que lógica para dispersar estas ansiedades y asociaciones emocionales. Los progresistas también deben forjar alternativas deseables y convincentes que los hombres blancos puedan compartir con el resto de la población. El deseo de vivir en paz y armonía en oposición a la idea de dejarse la piel por sobrevivir, la alegría de la solidaridad frente al peso de la soledad, y la necesidad humana universal de sentirse escuchado, querido y conectado. Estas aspiraciones están en peligro desde que reinan el capitalismo tardío y el autoritarismo contemporáneo, pero siguen siendo vitales para cualquier contranarrativa.</p>



<p>La ultraderecha ha creado fantasmas para pintar el más mínimo avance hacia la igualdad racial y de género como amenazas a la civilización. Los progresistas deben contrarrestar esta situación trayendo las realidades materiales como la clase o el clima a primera línea de la política. Sin embargo, no se puede ignorar el papel de la raza y el género en todo esto. Necesitamos un enfoque integral, que aborde la naturaleza interseccional de la opresión.&nbsp; Una visión que una a las personas a pesar de sus diferencias al mismo tiempo que reconozca las particularidades de sus luchas.Final del formulario</p>



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<p>Y aún más importante, debemos reconocer que la política es personal y emocional. Los análisis racionales de la lucha de clases, aunque correctos, no consiguen abarcar los miedos y deseos viscerales que rigen el comportamiento político. Para muchos, la extrema derecha ofrece un refugio emocional, no sólo para su resentimiento, sino para sus identidades. Los hombres que protegen y sufren el patriarcado necesitan algo más que argumentos; necesitan confrontar la culpa, la vergüenza y la rabia originada por la masculinidad patriarcal y la defensa de esta.</p>



<p>Tal y como Ahmed comenta, «la política debería dejar espacio para la terapia». La lucha política no es solamente ideológica, también es profundamente emocional, y precisa que abordemos los bloqueos personales y sistémicos que obstaculizan el progreso. Esto implica desafiar las asociaciones emocionales que sostienen los sistemas de opresión a la vez que ofrecemos alternativas que fortalezcan el sentido de pertenencia e identidad.</p>



<p>En los últimos capítulos de <em>La voluntad de cambiar</em>, hooks hace un llamamiento a la compasión hacia los hombres, no para justificar el daño que ocasionan, sino como <a href="https://debatspeldema.org/los-hombres-una-tarea-pendiente/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">una herramienta de transformación</a>. A fin de contrarrestar la ola reaccionaria, no hemos de doblegarnos a la violencia de los hombres blancos, pero tampoco dejar de verlos como seres humanos o incluso como víctimas. La labor emocional puede ser extenuante, pero es una poderosa herramienta para el cambio.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Poscrecimiento y libertad: ¿ser libres con menos?</title>
		<link>https://www.greeneuropeanjournal.eu/poscrecimiento-y-libertad-ser-libres-con-menos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amir Hashemi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Jun 2025 13:38:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Post-Growth]]></category>
		<category><![CDATA[Abundance]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalism]]></category>
		<category><![CDATA[Climate Justice]]></category>
		<category><![CDATA[Equality]]></category>
		<category><![CDATA[Freedom]]></category>
		<category><![CDATA[Justice]]></category>
		<category><![CDATA[Liberty]]></category>
		<category><![CDATA[Post-capitalism]]></category>
		<category><![CDATA[Progressives]]></category>
		<category><![CDATA[Social Justice]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.greeneuropeanjournal.eu/?p=40358</guid>

					<description><![CDATA[Florent Marcellesi esboza los contornos de una nueva abundancia.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-introduction"><p>Al poner de manifiesto la relación entre el imperativo del crecimiento y las crisis socioecológicas actuales, el poscrecimiento se ha abierto camino desde los círculos activistas hasta las instituciones políticas. Pero lo que hace que el sistema actual sea tan difícil de cuestionar es su asociación positiva con la libertad en la mente de la gente. Además, los movimientos negacionistas y reaccionarios no han escatimado esfuerzos para apropiarse de la libertad. Para conseguir la hegemonía cultural y política que transforme la sociedad, el poscrecimiento necesita su propia versión y narrativa convincentes de la libertad.</p></div>



<p>En mayo de 2023, tuvo lugar en el Parlamento Europeo la conferencia más grande, concurrida y transversal organizada hasta el momento sobre poscrecimiento.<sup data-fn="6c833e8b-08e1-412e-9cc9-5b91813256b1" class="fn"><a href="#6c833e8b-08e1-412e-9cc9-5b91813256b1" id="6c833e8b-08e1-412e-9cc9-5b91813256b1-link">1</a></sup> Fue, sin ningún lugar a duda, todo un éxito y un hito mayor para la reflexión teórica y práctica en cómo construir, dentro de los límites del planeta, prosperidad y bienestar en Europa más allá del crecimiento económico.<sup data-fn="3f1e3232-0ff5-407c-a9cc-024827466af1" class="fn"><a href="#3f1e3232-0ff5-407c-a9cc-024827466af1" id="3f1e3232-0ff5-407c-a9cc-024827466af1-link">2</a></sup> Sin embargo, llama la atención el dato siguiente. <a href="https://www.beyond-growth-2023.eu/files/content/downloads/Beyond_Growth_Programme_15.05.23.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">No se dedicó ningún espacio de debate</a> a un concepto básico y central de la batalla cultural y política de este decenio: la libertad.</p>



<p>Por su parte, las corrientes negacionistas y reaccionarias no han escatimado medios para hacer suya la libertad. Ellas se presentan como los verdaderos adalides de la libertad frente a las minorías <em>woke</em> y progresistas. En una inversión orwelliana de los significados y papeles entre agresor y víctima, dominante y dominado, <em>insider</em> y margnizalido,<sup data-fn="147095ff-d976-434e-b620-3ed8cad08d50" class="fn"><a href="#147095ff-d976-434e-b620-3ed8cad08d50" id="147095ff-d976-434e-b620-3ed8cad08d50-link">3</a></sup> la libertad se ha convertido en su patrimonio casi exclusivo. A través de una neolengua resucitada, Donald Trump y Marine Le Pen se auto-erigen en Martin Luther King,<sup data-fn="2dba5cf7-ff18-4ac5-9241-8890d1fd23a6" class="fn"><a href="#2dba5cf7-ff18-4ac5-9241-8890d1fd23a6" id="2dba5cf7-ff18-4ac5-9241-8890d1fd23a6-link">4</a></sup> mientras que la red de la desinformación, llamada X, enarbola la libertad de expresión. Al igual que en <em>1984</em>, parece que de nuevo “la libertad, es la esclavitud”.</p>



<p>En este marco, la ecología —sea cual sea la corriente— es una diana prioritaria. Según su relato, llevamos años viviendo bajo la amenaza de una “dictadura climática”, ya sea con el Pacto Verde Europeo o la Agenda 2030. La internacional del odio responde a este supuesto “fanatismo verde” patrimonializando la “libertad”: libertad para perforar, libertad para volver a las energías fósiles, <a href="https://www.greeneuropeanjournal.eu/la-maquina-del-fango-en-valencia-y-como-luchar-contra-la-infodemia-climatica/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">libertad para difamar a los ecologistas</a>, o sea, libertad de sentido único, sin cortapisas ni limitaciones ecológicas y solidarias de cualquier tipo. El despertar es duro. Después de una década de hegemonía cultural climática,<sup data-fn="bd923c6a-b7d0-4053-8b04-36a8599c1950" class="fn"><a href="#bd923c6a-b7d0-4053-8b04-36a8599c1950" id="bd923c6a-b7d0-4053-8b04-36a8599c1950-link">5</a></sup> la ecología y el clima ya no venden tanto. Al revés, son presentados como enemigos de la “libertad”.</p>



<p>Esta reacción negacionista se da mientras la crisis climática no ha remitido sino todo lo contrario.<sup data-fn="5f217273-9a10-4f7d-9e9d-88d1686b22ad" class="fn"><a href="#5f217273-9a10-4f7d-9e9d-88d1686b22ad" id="5f217273-9a10-4f7d-9e9d-88d1686b22ad-link">6</a></sup> Nuestro sistema económico y forma de vida actuales, basados en el crecimiento infinito de la producción y el consumo desenfrenado en un planeta definitivamente finito, siguen en un callejón sin salida. Gracias a la mejor ciencia disponible, sabemos que nos encontramos en un momento crítico a nivel socio-ecológico donde necesitamos más que nunca y de forma urgente mirar más allá del crecimiento para alcanzar futuros de bienestar sostenible y justo. </p>



<p>Pero tener razón científicamente hablando no basta para convertir una idea correcta en dominante. También es necesario ganar los corazones de la gente y el imaginario colectivo. Siendo a día de hoy <a href="https://europa.eu/eurobarometer/surveys/detail/3492" target="_blank" rel="noreferrer noopener">la libertad uno de los valores más preciados por la ciudadanía europea</a><sup data-fn="97c627b4-775c-409c-be81-86d082e1260f" class="fn"><a href="#97c627b4-775c-409c-be81-86d082e1260f" id="97c627b4-775c-409c-be81-86d082e1260f-link">7</a></sup> y ante la embestida de las extremas derechas, las corrientes del poscrecimiento necesitan entrar de lleno en la batalla conceptual y práctica en torno a la libertad. Es una condición necesaria para disputar la hegemonía cultural y política.</p>



<p>Para ello, necesitamos hacernos algunas preguntas básicas. Siendo un término tan polisemántico, ¿qué se entiende de forma mayoritaria exactamente por libertad a día de hoy? Pero más allá, ¿qué relación mantiene la libertad moderna con el sistema del crecimiento perpetuo? Y, sobre todo, ¿qué libertad tendría que defender el poscrecimiento?</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Libertad y consumerismo, una visión minimalista</strong></h2>



<p>La libertad no es una constante antropológica. No era lo mismo ser libre en la Grecia Antigua de Aristóteles que ser libre en la Europa industrial de Adam Smith. No es lo mismo ser libre en boca de Trump que en la del subcomandante Marcos. Desde la libertad como acto conforme a la virtud y la razón hasta la libertad como ausencia de opresión pasando por la libertad como desahogo en las redes sociales, este concepto ha ido cambiando a lo largo de la geografía y de la Historia.</p>



<p>Dentro de esta evolución y disputa ideológica permanente, <a href="https://www.lemonde.fr/idees/article/2025/02/04/sophia-rosenfeld-historienne-notre-conception-moderne-de-la-liberte-est-calquee-sur-le-modele-consumeriste_6530519_3232.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">como bien recuerda la ensayista Sofia Rosenfeld</a>, el sentido del término <em>libertad</em>, sobre todo desde la tradición estadounidense, tiende a asimilarse a la capacidad de elección.<sup data-fn="a665ad04-d0ce-472f-bbfa-c1a65802935d" class="fn"><a href="#a665ad04-d0ce-472f-bbfa-c1a65802935d" id="a665ad04-d0ce-472f-bbfa-c1a65802935d-link">8</a></sup> En un mundo dominado por el mercado capitalista, el <em>homo economicus </em>pasa su tiempo eligiendo —o soñando con elegir si no tiene capacidad adquisitiva suficiente— su ropa, su móvil o el destino de sus próximas vacaciones.</p>



<p>En este contexto, la libertad de elegir se convierte y confunde a menudo con la libertad individual de consumir. Esto conlleva que todo se pueda transformar potencialmente en objeto de consumo, incluso las libertades heredadas de la Ilustración como la libertad democrática, religiosa, educativa o sexual. La democracia liberal&nbsp; —o, al menos, el uso que se hace de ella— tiene cierta tendencia desde el marketing a convertir a la ciudadanía activa en clientela pasiva donde vender una idea o a un político se diferencia poco de vender un match en Tinder o un lavavajillas.</p>



<p>Es la victoria ideológica neoliberal de Milton Friedman. Cuantas más opciones tiene el consumidor en su vida transformada en un mercado permanente, más libertad se disfruta, y vice-versa. <a href="https://www.whitehouse.gov/remarks/2025/01/remarks-by-president-trump-at-the-world-economic-forum/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">En su intervención ante el Foro Económico Mundial de Davos de 2025</a> donde calificó el <em>Green New Deal</em> de estafa y cargó contra los coches eléctricos, Donald Trump lo resumió de forma simple, ni mucho rodeo: “vamos a dejar que la gente compre el coche que quiera comprar”.<sup data-fn="8c30a2a6-caba-40fa-8950-f9ddd4b5d473" class="fn"><a href="#8c30a2a6-caba-40fa-8950-f9ddd4b5d473" id="8c30a2a6-caba-40fa-8950-f9ddd4b5d473-link">9</a></sup> Fuera de cualquier marco regulatorio, la libertad individual de elegir y consumir lo que sea, como seña de identidad para un electorado resentido por su degradación socio-económica al mismo tiempo que premio para las multinacionales, prima sobre el interés general o el clima.</p>



<p>Por si fuera poco, la llegada al poder en Estados Unidos de los tecno-libertarios capitaneados por Elon Musk da una vuelta de tuerca más. La libertad individual y la eliminación de restricciones estatales, o directamente de las instituciones públicas, es el alfa y omega de su cruzada para deshacerse de cualquier barrera social y ecológica. Más allá de la dudosa eficacia del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), su puesta en marcha es sobre todo un aviso a navegantes: sobran el Estado y sus reglamentaciones, empezando por las reglas medioambientales y los mecanismos de solidaridad.<sup data-fn="96dc499c-d796-4ad9-957f-b568051da28e" class="fn"><a href="#96dc499c-d796-4ad9-957f-b568051da28e" id="96dc499c-d796-4ad9-957f-b568051da28e-link">10</a></sup> Con una consecuencia clara: quién gana con la <em>libertad muskiana</em> son los más fuertes, la oligarquía y Silicon Valley, a costa de los colectivos más vulnerables y del planeta.</p>



<p>Pero ojo, y aunque pueda parecer paradójico, este libertarismo individualista a la vez que empresarial se acomoda muy bien con una concepción autoritaria y centralizada del poder, así como con una democracia <em>iliberal</em>. En este marco, como apunta Rosenfeld, “la libertad, reducida a la libertad de elección, permite mantener una apariencia de ética democrática, mientras que el sistema político se ha vuelto, en su mayor parte, autoritario”. Dicho de otro modo: liberalismo para unos pocos, autoritarismo para las mayorías.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El pacto fáustico entre libertad y crecimiento</strong></h2>



<p>Evidentemente, esta propuesta ideológica minimalista de la libertad, como mera capacidad consumista de elección, tiene poco o nada en cuenta las externalidades negativas socio-ecológicas de su modelo. Más bien en su versión más reciente y extrema<em>,</em> se acompaña de una retahíla de descalificativos y <em>fake news</em> hacia las políticas ecológicas y climáticas.<sup data-fn="6c0cf47d-25fc-44bf-8978-254b8ee465f5" class="fn"><a href="#6c0cf47d-25fc-44bf-8978-254b8ee465f5" id="6c0cf47d-25fc-44bf-8978-254b8ee465f5-link">11</a></sup> Pero no nos equivoquemos. No hemos llegado por casualidad estos últimos años a esta concepción reducida de la libertad. Esto tiene raíces mucho más profundas.</p>



<p>En efecto, para entender nuestro presente y aún más desde una visión poscrecentista, es fundamental mirar la evolución de las ideas en torno a la libertad desde una perspectiva material e histórica. Las corrientes ideológicas, filosóficas o económicas dependen de las condiciones materiales, energéticas y tecnológicas de cada época y así mismo expresan una relación con el entorno socio-ecológico en el que evolucionan.</p>



<p>Tal y como Pierre Charbonnier analiza, en lo que él llama las “estructuras geo-ecológicas de la política”, la alianza entre libertad y crecimiento nace de forma incipiente en el siglo XVII y despega con la Revolución Industrial.<sup data-fn="c4574295-a60a-464f-95d2-2d06bf0ea6a8" class="fn"><a href="#c4574295-a60a-464f-95d2-2d06bf0ea6a8" id="c4574295-a60a-464f-95d2-2d06bf0ea6a8-link">12</a></sup> A través de la explotación masiva de una nueva fuente de energía, el carbón —luego el petróleo y el gas—, y el uso intenso de las inmensas tierras y materias primas de las colonias conquistadas por la fuerza en América y, más adelante, en África, Europa occidental construye y expande sus Estados de bienestar, su desarrollo ilustrado y sus democracias modernas. Este sistema de “crecimiento extensivo” inaugura un nuevo régimen ecológico que, más allá de dar a luz a un nuevo sistema político y de producción, alumbra otras consecuencias que hoy en día siguen vigentes.</p>



<p>A los ojos de este nuevo régimen, la abundancia deja de ser solo un mito de la Antigüedad y pasa a ser una posibilidad real al alcance del ser humano. Terminada la era de la escasez y de las limitaciones físicas, los recursos ya no parecen ser finitos y por tanto nuestros deseos ya no parecen tener límites. A su vez, este nuevo cuerno de la abundancia abre la puerta a un nuevo concepto de libertad, concebido como autonomía individual y colectiva emancipada de toda dependencia material. De tal manera que satisfacer la abundancia y, por tanto la libertad, se convierte en una prioridad socio-económica y política. De forma estructural, a través de la asociación entre Estado y mercado, entre democracia y libre comercio, esto pasa por garantizar la expansión y disponibilidad permanente de nuevas fuentes de energía, materias primas y críticas, agua o tierra a nivel local y global. Sin crecimiento, no hay abundancia. Y sin abundancia, no hay libertad. Es el pacto fáustico de la libertad moderna.</p>



<p>Por tanto, en las sociedades industrializadas modernas occidentales,<sup data-fn="2451efbd-9187-451f-b4e5-76da692fa071" class="fn"><a href="#2451efbd-9187-451f-b4e5-76da692fa071" id="2451efbd-9187-451f-b4e5-76da692fa071-link">13</a></sup> el crecimiento económico es lógicamente considerado y defendido, consciente o inconscientemente, como herramienta y condición esenciales para la libertad y sostén básico de la democracia. A su vez, el capitalismo de mercado que acompaña este sistema —apoyado y reforzado por el Estado— es consecuentemente visto a menudo como un ejemplo de libertad genuina. Como corolario, todo obstáculo al crecimiento puede ser a su vez considerado como un obstáculo a la libertad. Es decir, cualquier proyecto que choque frontalmente o al menos critique el dogma crecentista entra en colisión de forma intrínseca con el modelo de libertad dominante.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Desacoplar libertad y crecimiento</strong></h2>



<p>En este contexto, el reto del poscrecimiento ante la libertad moderna es mayúsculo. Al llamar abiertamente a construir de forma más o menos radical una sociedad próspera más allá del crecimiento, sin crecimiento o directamente con crecimiento negativo, las corrientes pos- o decrecentistas son muy difícilmente compatibles con la libertad consumista y crecentista. Evidentemente, proponer prohibir o restringir coches y energías contaminantes, o comportamientos despilfarradores, lleva la contraria no solo a la libertad sin regulación ecosocial sino también a la mera promesa de una abundancia material infinita. Incluso <a href="https://www.researchgate.net/publication/386211319_Degrowth_and_the_meaning_of_freedom" target="_blank" rel="noreferrer noopener">el simple hecho de mencionar que existen límites ecológicos</a> puede ser entendido como una restricción de la libertad concebida desde el prisma de la no limitación.<sup data-fn="d65edd9a-e849-4580-b080-5e6a3b38d5ab" class="fn"><a href="#d65edd9a-e849-4580-b080-5e6a3b38d5ab" id="d65edd9a-e849-4580-b080-5e6a3b38d5ab-link">14</a></sup></p>



<p>Pero por mucho que se enfrente de forma tan directa a la triada crecimiento-abundancia-libertad, el poscrecimiento no puede abandonar la lucha por la libertad. Primero porque la libertad es mucho más que la capacidad de elegir y consumir sin frenos en un mundo en continúa expansión. La libertad, y el debate sobre su sentido, existía antes de que el crecimiento se convirtiera en dogma socio-económico. Es perfectamente posible pensar y difundir otro concepto de libertad más allá de la no limitación. Por ejemplo, y en línea con pensadores como Philip Pettit o Jurgen Habermas, la libertad puede ser entendida como no dominación, seguridad y protección contra el poder arbitrario así como la emancipación ante cualquier subordinación.<sup data-fn="8ead7f51-062a-4a6c-b66d-8f3ab7c5e5f2" class="fn"><a href="#8ead7f51-062a-4a6c-b66d-8f3ab7c5e5f2" id="8ead7f51-062a-4a6c-b66d-8f3ab7c5e5f2-link">15</a></sup></p>



<p>En este marco, las políticas públicas de justicia ambiental y social así como el Estado de derecho son piedras angulares para erradicar las dominaciones de unas personas o colectivos sobre otros.<sup data-fn="1dde78d1-5e39-4576-8da8-922a57085085" class="fn"><a href="#1dde78d1-5e39-4576-8da8-922a57085085" id="1dde78d1-5e39-4576-8da8-922a57085085-link">16</a></sup> Reducir este “sobre-poder” y “poder-sobre” es una condición sine qua non para ampliar la libertad del “poder-hacer” de la mayor parte de la población y, al mismo tiempo, garantizar los derechos de las minorías y de las generaciones futuras. Para ello, ante la ofensiva tecno-libertaria y reaccionaria, reconectar la mismísima idea de Estado<sup data-fn="2143ecfd-c7e5-4d3c-8123-617434e3a5ad" class="fn"><a href="#2143ecfd-c7e5-4d3c-8123-617434e3a5ad" id="2143ecfd-c7e5-4d3c-8123-617434e3a5ad-link">17</a></sup> y de lo público como garante de una libertad que protege de los poderosos y de la ley de la jungla es una prioridad. Pero ojo, siendo consciente del papel histórico del Estado en la espiral mercantil y productivista y en la crisis ecológica, esto supone también <a href="https://www.ecologiapolitica.info/mas-alla-del-estado/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">repensar el Estado</a> más allá de generar bienestar en base a más consumo y más crecimiento.<sup data-fn="5384566c-cf53-4170-9e1b-6e1c303e412a" class="fn"><a href="#5384566c-cf53-4170-9e1b-6e1c303e412a" id="5384566c-cf53-4170-9e1b-6e1c303e412a-link">18</a></sup></p>



<p>Segundo, no tiremos toda la libertad moderna con el agua del baño crecentista. Por mucho que muchas libertades individuales hayan nacido al calor de la expansión material de los siglos XVII y XVIII, y con todas las contradicciones que esto conlleva, estas libertades —e incluso la propia democracia moderna— heredadas de la Ilustración son también el legado de la lucha contra el absolutismo, la intolerancia, la injusticia y el poder autoritario y arbitrario. La autodeterminación y autonomía, ya sea para la orientación política, religiosa, sexual o el desarrollo personal e íntimo de uno mismo, son bienes individuales y comunes a defender celosamente aún más ans ante los ataques a la democracia y los derechos civiles, políticos, sociales y culturales.<sup data-fn="4d7ea1d3-0f51-4cfb-9c75-9995684b7785" class="fn"><a href="#4d7ea1d3-0f51-4cfb-9c75-9995684b7785" id="4d7ea1d3-0f51-4cfb-9c75-9995684b7785-link">19</a></sup></p>



<p>Al mismo tiempo, es necesario tener en cuenta la paradoja que rodea estas libertades de los últimos siglos. En el pacto fáustico descrito anteriormente, la libertad ha sido pensada como nuestra posibilidad casi teológica de emanciparnos de cualquier dependencia material pero a la vez ha sido construida en base a un crecimiento material infinito en un planeta finito. En pleno siglo XXI, sabemos que este sueño prometeico no es posible para la mayor parte de la población. Dicha combinación de libertad y crecimiento, aún más en una sociedad de masas, solo se puede ser aprovechada de forma sostenida por unas minorías privilegiadas. Estas últimas gozan de una buena vida en sus guetos o países ultra securizados o sueñan con emigrar a Marte, mientras el resto lucha para sobrevivir, siendo la Tierra su único referente y horizonte.</p>



<p>Para no caer en estos escenarios eco-fascistas, es fundamental desacoplar la libertad del crecimiento. El proyecto poscrecentista de autodeterminación humana se parece más a una “libertad frugal”, es decir, una libertad donde gozar de ella supone el menor impacto socio-ambiental y huella material.<sup data-fn="4422a274-38d0-475e-9f76-0e0e212bf27e" class="fn"><a href="#4422a274-38d0-475e-9f76-0e0e212bf27e" id="4422a274-38d0-475e-9f76-0e0e212bf27e-link">20</a></sup> De la misma manera que el movimiento decrecentista puso de moda el “vivir bien con menos”, podríamos usar el lema “ser libre con menos”. Al mismo tiempo, y aunque pueda parecer contraintuitivo en un principio, esta libertad de bajo impacto no tiene porqué renunciar tampoco del todo a la abundancia. Al igual que una sociedad del poscrecimiento no significa que todo tenga que decrecer, una libertad más allá del crecimiento tampoco significa que no pueda haber abundancia de placeres y actividades no productivistas.</p>



<p>A modo de ejemplo, en este marco de “ecologización de la libertad”, ser libre no es trabajar y ganar más para acumular más bienes materiales sino trabajar menos para tener más tiempo que permita cuidar más de su familia, de su entorno y de la democracia. Ser libre no es dedicarse (a menudo sin poder elegirlo) a cualquier actividad remunerada para elevar su estatus social sin tener en cuenta los efectos colaterales, sino poder trabajar en un oficio que dé más sentido a nuestra vida y aporte más valor ecológico y social al conjunto de la sociedad. De hecho, ser libre es poder llegar al fin del mes sin propiciar el fin del mundo, es decir, más seguridad y más sostenibilidad. Porque la libertad ejecutada de forma responsable y ecológica, justa y democrática hoy permite gozar de más libertad mañana o que otros gocen de ella fuera de nuestras fronteras geográficas y temporales.</p>



<p>Es apostar por la frugalidad en lo material y por la abundancia en otros ámbitos: solidaridad, calidad, sostenibilidad, democracia, bienestar, seguridad, protección y vínculos sociales. En otras palabras, es una resignificación profunda y positiva de lo que supone la libertad y una buena vida. Puede servir para ganar posiciones en la lucha contra la monopolización de la libertad por las corrientes negacionistas y reaccionarias, recuperar la iniciativa del relato y así situar al poscrecimiento como alternativa transversal y para mayorías, deseable y creíble.</p>



<p>Asimismo, aún más en un momento histórico de ensimismamiento generalizado y a diferencia de imaginarios de repliegue que a veces se dan en el movimiento ecologista,<sup data-fn="763cb68b-418a-463f-98db-d570b625e74f" class="fn"><a href="#763cb68b-418a-463f-98db-d570b625e74f" id="763cb68b-418a-463f-98db-d570b625e74f-link">21</a></sup> es una estrategia a la ofensiva para llevar la batalla por la hegemonía en el campo de los valores realmente existentes en la sociedad europea. Con una meta: hacer que ser libres y sostenibles, más allá del crecimiento, sean dos caras de la misma moneda.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>


<ol class="wp-block-footnotes"><li id="6c833e8b-08e1-412e-9cc9-5b91813256b1">El programa se puede consultar aquí: https://www.beyond-growth-2023.eu <a href="#6c833e8b-08e1-412e-9cc9-5b91813256b1-link" aria-label="Jump to footnote reference 1"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="3f1e3232-0ff5-407c-a9cc-024827466af1">Entendido como crecimiento del PIB como medida del bienestar y fin último de las economías modernas. Para una crítica de este concepto véase por ejemplo Marcellesi, Gadrey y Barragué (2012): <em>Adiós al crecimiento. Vivir bien en un mundo solidario y sostenible</em>, El Viejo Topo. <a href="#3f1e3232-0ff5-407c-a9cc-024827466af1-link" aria-label="Jump to footnote reference 2"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="147095ff-d976-434e-b620-3ed8cad08d50">Los <em>incels</em> son víctimas de las mujeres, los blancos de los negros, los heterosexuales de los homosexuales, etc. <a href="#147095ff-d976-434e-b620-3ed8cad08d50-link" aria-label="Jump to footnote reference 3"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="2dba5cf7-ff18-4ac5-9241-8890d1fd23a6">Ambos se han comparado con Luther King: Trump, mientras ordenaba deportar a migrantes fuera de EEUU, el 20 de enero del 2025 y Le Pen, tras ser condenada por desvío de fondos públicos, el 6 de abril de este mismo año. <a href="#2dba5cf7-ff18-4ac5-9241-8890d1fd23a6-link" aria-label="Jump to footnote reference 4"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="bd923c6a-b7d0-4053-8b04-36a8599c1950">Desde el Acuerdo de París hasta el Pacto Verde Europeo europeo, pasando por el Laudato Sí del Papa y las movilizaciones climáticas de la juventud pre-pandemia. <a href="#bd923c6a-b7d0-4053-8b04-36a8599c1950-link" aria-label="Jump to footnote reference 5"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="5f217273-9a10-4f7d-9e9d-88d1686b22ad">Hasta salen informes que ya prevén escenarios de subida de 4ºC de temperatura en países de Europa Occidental como Francia. <a href="#5f217273-9a10-4f7d-9e9d-88d1686b22ad-link" aria-label="Jump to footnote reference 6"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="97c627b4-775c-409c-be81-86d082e1260f">Principalmente la libertad de expresión pero también la libertad de movimiento o de religión. Véase el último “Winter Survey 2025” del Parlamento Europeo. <a href="#97c627b4-775c-409c-be81-86d082e1260f-link" aria-label="Jump to footnote reference 7"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="a665ad04-d0ce-472f-bbfa-c1a65802935d">Marion Dupont (2025). Entrevista a Sophia Rosenfeld : « Notre conception moderne de la liberté est calquée sur le modèle consumériste », Le Monde, 04 de febrero de 2025. <a href="#a665ad04-d0ce-472f-bbfa-c1a65802935d-link" aria-label="Jump to footnote reference 8"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="8c30a2a6-caba-40fa-8950-f9ddd4b5d473">Remarks By President Trump at the World Economic Forum, The White House, January 23, 2025 <a href="#8c30a2a6-caba-40fa-8950-f9ddd4b5d473-link" aria-label="Jump to footnote reference 9"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="96dc499c-d796-4ad9-957f-b568051da28e">Ya sea la supresión de la financiación de la Agencia de Medioambiente (EPA) a favor de las renovables, el desmantelamiento del departamento de educación federal o el fin de la ayuda internacional al desarrollo vía USAID. <a href="#96dc499c-d796-4ad9-957f-b568051da28e-link" aria-label="Jump to footnote reference 10"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="6c0cf47d-25fc-44bf-8978-254b8ee465f5">Es una seña de identidad de las nuevas derechas reaccionarias cuyo resultado directo es, entre otras cosas, el ataque a las políticas medioambientales por ejemplo en el Parlamento Europeo. <a href="#6c0cf47d-25fc-44bf-8978-254b8ee465f5-link" aria-label="Jump to footnote reference 11"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="c4574295-a60a-464f-95d2-2d06bf0ea6a8">Charbonnier, Pierre (2020): <em>Abondance et liberté</em>. Une histoire environnementale des idées politiques, La Découverte, Paris <a href="#c4574295-a60a-464f-95d2-2d06bf0ea6a8-link" aria-label="Jump to footnote reference 12"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="2451efbd-9187-451f-b4e5-76da692fa071">Al mismo tiempo, es perfectamente posible construir un pacto crecimiento-abundancia sin libertad. Es el modelo chino. <a href="#2451efbd-9187-451f-b4e5-76da692fa071-link" aria-label="Jump to footnote reference 13"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="d65edd9a-e849-4580-b080-5e6a3b38d5ab">Carlotta Terhorst (2021): <em>Degrowth and the meaning of freedom</em>, ISCTE-Instituto Universitário de Lisboa. <a href="#d65edd9a-e849-4580-b080-5e6a3b38d5ab-link" aria-label="Jump to footnote reference 14"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="8ead7f51-062a-4a6c-b66d-8f3ab7c5e5f2">Para Pettit, “un agente domina a otro, si y sólo si tiene cierto poder sobre ese otro, y en particular, un poder de interferencia arbitrariamente fundado”. <a href="#8ead7f51-062a-4a6c-b66d-8f3ab7c5e5f2-link" aria-label="Jump to footnote reference 15"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="1dde78d1-5e39-4576-8da8-922a57085085">Sea entre clase enriquecida y empobrecida, empresarios/as y empleados/as, acreedores y deudores, hombres y mujeres, padres e hijos/as, heterosexuales y personas LGTBIQ+, burócratas y ciudadanía, gobiernos y minorías, países coloniales y colonizados, etc. <a href="#1dde78d1-5e39-4576-8da8-922a57085085-link" aria-label="Jump to footnote reference 16"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="2143ecfd-c7e5-4d3c-8123-617434e3a5ad">Entendido de forma amplia como gobierno de una región, de un país o conjunto de país (por ejemplo la UE). <a href="#2143ecfd-c7e5-4d3c-8123-617434e3a5ad-link" aria-label="Jump to footnote reference 17"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="5384566c-cf53-4170-9e1b-6e1c303e412a">Véase por ejemplo Marcellesi, F. (2013): “¿Más allá del Estado?”, revista Ecología Política, nº45. <a href="#5384566c-cf53-4170-9e1b-6e1c303e412a-link" aria-label="Jump to footnote reference 18"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="4d7ea1d3-0f51-4cfb-9c75-9995684b7785">Como bien podemos comprobar por desgracia en los países donde la extrema derecha gobierna como en Hungría o Estados Unidos y donde además el advenimiento de una democracia iliberal es una posibilidad real. <a href="#4d7ea1d3-0f51-4cfb-9c75-9995684b7785-link" aria-label="Jump to footnote reference 19"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="4422a274-38d0-475e-9f76-0e0e212bf27e">Es la aplicación ecológica del “principio de no daño” de John Stuart Mill que, de hecho, encontramos de forma aligerada e incipiente en el “do not significant harm” de la legislación europea. <a href="#4422a274-38d0-475e-9f76-0e0e212bf27e-link" aria-label="Jump to footnote reference 20"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="763cb68b-418a-463f-98db-d570b625e74f">Por ejemplo el <em>decrecimiento</em> —que fue del todo útil para llamar la atención en las décadas anteriores— tienen demasiados límites semánticos, políticos y culturales como para representar una alternativa transversal de superación del sistema crecentista actual. Por su parte, el término <em>colapso</em> tiene una alta carga desmovilizadora y determinista, y es justo lo contrario de lo que necesitamos hoy: movilización, organización y esperanza en un mundo complejo e incierto.  <a href="#763cb68b-418a-463f-98db-d570b625e74f-link" aria-label="Jump to footnote reference 21"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li></ol>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Trabajar menos, y no de forma más inteligente </title>
		<link>https://www.greeneuropeanjournal.eu/trabajar-menos-y-no-de-forma-mas-inteligente/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amir Hashemi]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Apr 2025 08:17:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Post-Growth]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalism]]></category>
		<category><![CDATA[climate adaptation]]></category>
		<category><![CDATA[Democracy]]></category>
		<category><![CDATA[Future of Work]]></category>
		<category><![CDATA[Time]]></category>
		<category><![CDATA[Work]]></category>
		<category><![CDATA[Working Time]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.greeneuropeanjournal.eu/?p=39583</guid>

					<description><![CDATA[Los argumentos a favor de las políticas progresistas suelen basarse en su potencial para aumentar la productividad. Sin embargo, maximizar la producción no es lo que necesitamos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-introduction"><p><strong>Los argumentos que se esgrimen a favor de políticas progresistas tales como la reducción de la jornada laboral y la renta básica universal suelen basarse casi exclusivamente en su potencial como herramientas capaces de aumentar la productividad. Sin embargo, maximizar la producción no es lo que el planeta y sus habitantes necesitan. ¿Cómo podemos cambiar este discurso?  ​​ </strong> </p></div>



<p>La idea de normalizar la semana laboral de cuatro días sin reducción salarial (y sin jornadas más largas) está adquiriendo popularidad y se está empezando a implementar <a href="https://es.euronews.com/next/2023/03/02/semana-laboral-de-cuatro-dias-que-paises-la-han-adoptado" target="_blank" rel="noreferrer noopener">en Europa</a> y <a href="https://corta.com/tambien-importa/reduccion-jornada-laboral-11-paises-ensayaron-forma-implementarla-n19696" target="_blank" rel="noreferrer noopener">otros lugares</a>. Los estudios están constatando (como cabía esperar) que la semana laboral de cuatro días mejora la salud y el bienestar de la plantilla, facilita la conciliación de la vida laboral y familiar, permite disfrutar de una vida social y participar en actividades comunitarias, y aumenta la tasa de retención de empleados. Estos resultados quedaron confirmados por el mayor <a href="https://www.elsaltodiario.com/reduccion-jornada/exito-programa-jornada-cuatro-dias-reino-unido%22HYPERLINK%20https://www.elsaltodiario.com/reduccion-jornada/exito-programa-jornada-cuatro-dias-reino-unido" target="_blank" rel="noreferrer noopener">proyecto piloto</a> sobre la semana laboral de cuatro días realizado en el mundo hasta la fecha, un ensayo que se llevó a cabo en el Reino Unido en el año 2022.&nbsp;</p>



<p>​En cierto sentido, una de las señales del fracaso de la política y la economía de finales del siglo XX ha sido la interrupción del prolongado esfuerzo por redistribuir el tiempo, cuyo propósito no era otro que alejarse de las interminables y agotadoras jornadas laborales del siglo XIX para acercarse a la propuesta de John Maynard Keynes de una <a href="https://www.futureforwork.com/hacia-una-semana-laboral-de-4-dias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">semana laboral de 15 horas</a> (o de <a href="https://ecopolitica.org/21-horas-otra-forma-de-pensar-en-el-empleo/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">21 horas</a>, planteada hace más de una década por la New Economics Foundation). Esta suspensión fue en detrimento de las personas y el planeta, beneficiando únicamente a unos pocos. De hecho, la «Gran Ecualización» de la riqueza que tuvo lugar a finales del siglo XX, en la era de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, también supuso un considerable aumento del tiempo familiar que se dedicaba al trabajo remunerado, ya que muchas mujeres se incorporaron al mercado laboral. Hoy en día, es imprescindible que las familias cuenten con dos ingresos para poder vivir con cierta calidad de vida en muchas partes del mundo.&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>​No es a lo que me refería</strong>&nbsp;</h2>



<p>​Aunque las ventajas de la reducción de la jornada laboral saltan a la vista, hay una cuestión que debería hacernos reflexionar concienzudamente sobre qué es exactamente lo que pretendemos lograr. Un <a href="https://es.weforum.org/stories/2023/11/trabajadores-mas-sanos-y-menos-contaminacion-asi-fue-la-semana-de-4-dias-en-espana/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">artículo del Foro Económico Mundial</a> proclama que la semana de cuatro días <em>en realidad aumenta la productividad</em> (la cursiva es mía). Y añade: «Trabajar de forma más inteligente y no más duramente ha sido el mantra de los asesores de gestión durante décadas».&nbsp;</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Hace tiempo que sostengo que los políticos debemos ofrecer esta contrapartida en un mundo postcrecimiento: menos cosas en tu vida, pero más vida.</p>
</blockquote>



<p><em>Llevo mucho tiempo diciendo que esta es una compensación que los políticos tenemos que ofrecer en un mundo poscrecentista: vivir con menos cosas, pero con más vida.</em>&nbsp;</p>



<p>Esta visión ya empieza a sonar un poco menos idílica, pues asocia la reducción de la jornada laboral al modelo del estajanovismo hipereficiente donde la mente siempre está conectada al trabajo, en lugar de relacionarla con un entorno de amistades y apoyo social más agradable, relajado y distendido. Es más, la campaña global por la semana laboral de cuatro días, que ha impulsado varios proyectos piloto por todo el mundo, ha registrado el <a href="https://www.xataka.com/empresas-y-economia/alemania-arranca-su-gran-experimento-semana-cuatro-dias-tirando-formula-100-80-100" target="_blank" rel="noreferrer noopener">modelo «100:80:100»</a> (100 % de salario, 80 % de tiempo, 100 % de productividad). Según ellos, «para implementar con éxito la semana laboral de cuatro días es imprescindible mantener el rendimiento».<sup>1</sup>&nbsp;</p>



<p>Seguimos arrastrando el problema cultural que la antropóloga ambiental Marie-Monique Franssen <a href="https://www.greeneuropeanjournal.eu/es-hora-de-recuperar-el-tiempo/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">identificó</a>: «Glorificamos a quienes son ultraproductivos y ultraactivos». Y, tal como ella señala, esto no solo es perjudicial para nuestra salud, sino que también contribuye a destruir el planeta.&nbsp;</p>



<p>​Desde una perspectiva poscrecentista, podemos responder a esta versión productivista de la semana laboral de cuatro días con las palabras de <a href="https://www.zendalibros.com/la-cancion-de-amor-de-j-alfred-prufrock-de-t-s-eliot/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">J. Alfred Prufrock</a> de T. S. Eliot: «Eso no es en absoluto a lo que me refería» (That is not what I meant at all). Jason Hickel, uno de los principales exponentes del movimiento decrecentista, explica en <em>Menos es más: Cómo el decrecimiento salvará al mundo</em> que «en lo que respecta al capital, el motivo de aumentar la producción no estriba principalmente en satisfacer unas necesidades humanas concretas o en mejorar los indicadores sociales. Consiste más bien en extraer y acumular un volumen de beneficios cada vez mayor. Ese es el máximo objetivo&#8230; Todas las industrias, todos los sectores, todas las economías del mundo deben crecer, constantemente, sin un horizonte final definido». La intensidad de emisiones de carbono (y otros daños medioambientales) del crecimiento puede reducirse, pero no es posible desvincular ambos factores, como demostró Tim Jackson en <em>Prosperidad sin crecimiento</em>. Por lo tanto, se puede decir que el aumento de la productividad es algo que el planeta no puede soportar. O, citando de nuevo a Hickel: «El “crecimiento verde” es una quimera».&nbsp;</p>



<div id="mailchimpForm" class="wp-block-ldgejblocks-ld-mailchimp-block background-dark" data-layout="1"></div>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>​Llegó la hora de la RBU</strong>&nbsp;</h2>



<p>​Sin embargo, ¿significa eso que el poscrecimiento y la semana laboral de cuatro o tres días no pueden ir de la mano? Claro que no. La semana de 40 horas ya es cosa del pasado, como ha quedado patente en el Reino Unido, donde las largas jornadas laborales (y los tiempos de desplazamiento) están relacionadas con una salud y un bienestar públicos deficientes.  &nbsp;</p>



<p>​La reducción de la jornada laboral es un objetivo público, un objetivo sumamente «vendible» desde el punto de vista político. Nadie yace en su lecho de muerte y se lamenta: «Ojalá hubiera pasado más tiempo en la oficina». De hecho, llevo mucho tiempo diciendo que esta es una compensación que los políticos tenemos que ofrecer en un mundo poscrecentista: vivir con menos cosas, pero con más vida. ¿Por qué no plantearnos una reducción de la jornada laboral en lugar de luchar por el crecimiento del PIB? Por ejemplo, una reducción de 15 minutos de la semana laboral estándar al año supondría ganar una hora extra a la semana cada cuatro años para hacer lo que uno quiera, o para dedicarse a la política, para «trabajar» con otras personas en la reestructuración de la comunidad y la sociedad y así adaptarlas a los límites físicos de este frágil planeta, a la vez que cuidamos de las necesidades humanas. (Sí, lo que se conoce como la <a href="https://www.qtorb.com/economia-para-el-siglo-xxi-economia-rosquilla-de-kate-raworth/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">economía del donut o de la rosquilla</a>).&nbsp;</p>



<p>​Quizás debamos abordar esta cuestión desde el otro lado, analizando dónde reside el poder, quién decide en qué consiste el trabajo remunerado, quién participa en él y durante cuánto tiempo. La población de los países del Norte Global está envejeciendo (y lo mismo empieza a pasar en los países del Sur Global), lo que se traduce en una reducción del número de personas en edad de trabajar. Es el horizonte hacia el que nos encaminamos o que ya estamos contemplando, al margen de cuánto tardemos en alcanzarlo. Reino Unido es simplemente un caso extremo y atípico de gobiernos que aspiran a tener a más personas trabajando, y en jornadas más largas. Casi todo el mundo se ve obligado a «buscarse un trabajo», sin importar su <a href="https://www.eleconomista.es/economia/noticias/12990425/09/24/el-incontrolable-abandono-laboral-convierte-a-reino-unido-en-el-enfermo-literal-de-europa.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">mal estado de salud</a> o sus responsabilidades familiares.&nbsp;</p>



<p>¿Y si hubiera una alternativa? ¿Y si existiera una <a href="https://theconversation.com/la-renta-basica-universal-y-su-aplicacion-en-espana-111105" target="_blank" rel="noreferrer noopener">renta básica universal</a> (RBU), un pago, un derecho garantizado al ser aceptado como miembro de la sociedad, que sea suficiente para satisfacer las necesidades básicas? Nadie podría entonces decirte «consigue un trabajo, cualquier trabajo», so pena de caer en la miseria si te niegas a acatar.&nbsp;</p>



<p><em>Cuando me preguntan sobre los inconvenientes de una sociedad con RBU, mi respuesta es que se escribiría un montón de poesía mala.</em>&nbsp;</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Cuando me preguntan por los inconvenientes de una sociedad del IPI, respondo que se escribiría mucha poesía mala.</p>
</blockquote>



<p>​Esto no significa, y aquí viene la clásica réplica automática de la derecha, que mucha gente preferirá quedarse sentada en el sofá. Ese no fue el resultado que se obtuvo en la primera gran prueba experimental de RBU, en <a href="https://cenital.com/un-experimento-el-pueblo-canadienses-sin-pobreza/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Manitoba</a> (Canadá), en la década de 1970, donde la tasa de empleo se mantuvo a pesar de que hubo más jóvenes que prolongaron su etapa de formación. Por poner un ejemplo más reciente, el estudio <a href="https://www.elblogsalmon.com/indicadores-y-estadisticas/renta-basica-universal-finlandia-resultados-experimento" target="_blank" rel="noreferrer noopener">finlandés</a> sobre la RBU ha aportado nuevos datos que confirman que las personas que ahora han quedado excluidas del mercado laboral por motivos de pobreza o enfermedad tienen más posibilidades de encontrar empleo o trabajar más horas si se les da la oportunidad de invertir dinero, energía y tiempo en «prepararse para trabajar».&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>​Poetas mediocres, ciudadanos libres</strong>&nbsp;</h2>



<p>​De nuevo, cabe preguntarse cómo encaja esto con el concepto de poscrecimiento.&nbsp;</p>



<p>Los beneficios de la RBU se están evaluando actualmente en el mundo de la semana de cinco días, un mundo donde los ensayos de renta básica tienen un límite temporal (su principal inconveniente a la hora de comprender todos los posibles beneficios) y donde se ensalza el «trabajo a tiempo completo». Eso no quiere decir que quepa alguna duda en cuanto al efecto positivo del trabajo remunerado más allá del aspecto económico. Ahora bien, tampoco hace falta que el trabajo remunerado sea excesivo. Un estudio <a href="https://www.lavanguardia.com/vida/20190619/462989124118/dia-horas-trabajo-semana-salud-mental-necesita.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">tan</a> <a href="https://www.lavanguardia.com/vida/20190619/462989124118/dia-horas-trabajo-semana-salud-mental-necesita.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">fascinante como relevante</a> descubrió que la «dosis» mínima de trabajo necesaria para obtener los máximos beneficios en materia de salud y bienestar era de ocho horas semanales.<sup>2</sup>&nbsp;</p>



<p>Cuando me preguntan sobre los inconvenientes de una sociedad con RBU, mi respuesta es que se escribiría un montón de poesía mala. Esto nos lleva a otra cuestión que habría que abordar, incluso en una sociedad que haya implementado la RBU y una semana laboral de tres días: la creencia profundamente arraigada de que hay que utilizar el tiempo de forma productiva, incluso cuando no exista dinero de por medio. Aprende un idioma, lee un libro que te ayude a mejorar o busca un segundo trabajo (cuando hablo con la gente sobre la semana de tres días, a menudo mencionan este tema y es que tener varios trabajos es tan importante para su subsistencia hoy en día que es difícil imaginar una vida sin ellos). En un mundo donde se considera necesario competir día y noche para salir adelante, muchos niños crecen con esta mentalidad desde su más tierna infancia. El individuo es un producto que debe mejorarse constantemente para, en última instancia, trabajar a cambio de un salario (con suerte, un salario decente).&nbsp;</p>



<p>Todo esto es un artefacto de la ética laboral posindustrial del siglo XXI, en palabras de James A. Chamberlain. Sin embargo, ya en 1930, Keynes pensaba que uno de los problemas de la semana laboral de 15 horas sería que la gente no sabría qué hacer con todo ese tiempo «libre». Sin embargo, ¿cabe sorprenderse cuando la crianza «eficaz» de los hijos, la escolarización, la atención médica, los sistemas de bienestar y los sistemas de justicia penal se juzgan en función de si sus productos están «listos para trabajar», tal y como señala Kathi Weeks en <em>El problema del trabajo: Feminismo, marxismo, políticas contra el trabajo e imaginarios más allá del trabajo</em>? El trabajo remunerado «no solo es el principal mecanismo de distribución de ingresos, sino también el instrumento básico de asignación de estatus» y «a menudo es la forma más importante, si no la única, de sociabilidad para millones de personas».&nbsp;</p>



<p>Sin embargo, durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la realidad de la vida ha sido muy diferente. Al parecer, las sociedades de cazadores y recolectores trabajaban una media de tres horas al día y los campesinos europeos medievales disfrutaban de <a href="https://blognooficial.wordpress.com/2016/12/03/los-trabajadores-preindustriales-tenian-una-semana-de-trabajo-mas-corta-que-la-actual/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">cuatro o cinco meses de vacaciones</a> al año, lo que compensaba con creces las semanas de seis días (cuyas jornadas que no eran más largas que las actuales). Fue el capitalismo, sumado a la ética protestante del trabajo, lo que despojó a la mujer y al hombre trabajadores de su tiempo, su energía y otras manifestaciones de su identidad.&nbsp;</p>



<p>Así que si contemplamos el tiempo y el poscrecimiento de forma conjunta, resulta vital liberar nuestros cuerpos de las exigencias de quienes detentan el poder y nuestras mentes de la ética laboral desaforada. En otras palabras: debemos dejar de competir entre nosotros para ser, vivir y prosperar.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Una política sin remordimientos: los peligros de la militarización climática</title>
		<link>https://www.greeneuropeanjournal.eu/una-politica-sin-remordimientos-los-peligros-de-la-militarizacion-climatica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amir Hashemi]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Apr 2025 08:03:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Politics]]></category>
		<category><![CDATA[climate adaptation]]></category>
		<category><![CDATA[Climate Change]]></category>
		<category><![CDATA[Climate Migration]]></category>
		<category><![CDATA[Climate securitisation]]></category>
		<category><![CDATA[Political Ecology]]></category>
		<category><![CDATA[Security]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.greeneuropeanjournal.eu/?p=39578</guid>

					<description><![CDATA[La adaptación al cambio climático se presenta a menudo como una medida política “sin remordimientos” que recibe un gran apoyo por parte de la ciudadanía y la clase política. Pero, ¿cuáles son los peligros cuando los discursos sobre la “migración climática” y el “conflicto climático” se esgrimen como un arma?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-introduction"><p>La adaptación al cambio climático se presenta a menudo como una medida política “sin remordimientos” que recibe un gran apoyo por parte de la ciudadanía y la clase política. Pero, ¿cuáles son los peligros cuando los discursos sobre la “migración climática” y el “conflicto climático” se esgrimen como un arma?</p></div>



<p>Los países europeos se enfrentan a profundas desigualdades sociales y a impactos cada vez más vertiginosos a la vez que han de mitigar y adaptarse al cambio climático. Las medidas de mitigación más ambiciosas abordan directamente el extractivismo de los combustibles fósiles, suscitando una contraofensiva tanto en Europa como en el resto del mundo. Es por esta razón que las políticas de adaptación se han centrado mayormente en cómo convivir con los efectos del cambio climático, como ya quedó patente en la <a href="https://eur-lex.europa.eu/ES/legal-content/glossary/adaptation-to-climate-change.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Estrategia de adaptación de la Unión Europea de 2021</a>.</p>



<p>Sin embargo, las políticas de adaptación al cambio climático son más complejas de lo que parece y se entremezclan con relaciones desiguales de poder, inestabilidad e injusticia. ¿Qué conocimientos, incluyendo los saberes indígenas, predominan en las respuestas de adaptación europeas? ¿Quién tiene la responsabilidad de financiar estas medidas de adaptación y cómo se corresponden estas responsabilidades con la distribución desigual de las emisiones de gases invernadero tanto históricas como actuales? ¿Hasta qué punto pueden intervenir las partes más afectadas por el colapso climático en las políticas de adaptación y la toma de decisiones?</p>



<p>Los debates sobre la adaptación climática y la seguridad se suelen centrar en las implicaciones de las consecuencias climáticas en materia de seguridad como, por ejemplo, los peligros que supone la subida del nivel del mar para la integridad territorial o los peligros de los fenómenos meteorológicos extremos para las infraestructuras básicas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La narrativa de que los “refugiados climáticos” se ven desplazados a causa de los “conflictos climáticos” que tienen lugar en el sur global reproduce estereotipos colonialistas.</p>
</blockquote>



<p>En principio, las políticas de adaptación pueden mitigar los riesgos para la seguridad climática, como es el caso del impacto que provocan las inundaciones sobre la infraestructura de transporte. Sin embargo, en ocasiones no queda claro quién o qué es el “referente” vulnerable al cambio climático. Según el contexto, podría ser un Estado-nación o una región, una infraestructura básica, una población de seres vivos (incluyendo a los humanos), el planeta y ecosistemas concretos, u otros referentes potenciales de seguridad.</p>



<p>Debido a la urgencia por adaptarse al cambio climático en todo tipo de escalas geográficas, y por combatir los efectos a diferentes niveles locales, las medidas de seguridad eurocéntricas basadas en el Estado constituyen una amenaza para llevar a cabo una adaptación justa y transformadora. Es más, si las medidas de adaptación se combinan con discursos sobre “la migración y los conflictos climáticos” peligra que se empleen como excusa para aumentar la militarización y el control de fronteras, con lo que el cambio climático solo engendrará aún más violencia.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La migración como una forma de adaptación al cambio climático</strong></h2>



<p>Las repercusiones del cambio climático sobre la movilidad humana son uno de los puntos principales en el debate sobre seguridad climática. Han surgido muchos <a href="https://www.iom.int/es/migracion-y-cambio-climatico" target="_blank" rel="noreferrer noopener">discursos</a> en el contexto europeo sobre el impacto del cambio climático en la migración. Uno de ellos gira en torno a los peligros para la seguridad humana y la vulnerabilidad de las personas desplazadas por factores relacionados con el clima. El término “refugiados climáticos” aparece con frecuencia en este sentido. Otro discurso subraya los peligros que los migrantes climáticos entrañan para la seguridad de los Estados, haciendo hincapié en los riesgos a los que se exponen los países europeos que los reciben.</p>



<p>La migración también se ha planteado como una forma de adaptación al cambio climático. La migración es una actividad humana habitual que responde a numerosos motivos, como el riesgo climático. Las personas se adaptan al cambio climático mediante la libre elección de trasladarse a otro lugar.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La percepción de que los migrantes climáticos del sur global “amenazan” las fronteras de Europa es compatible con la agenda ideológica de extrema derecha</p>
</blockquote>



<p>El discurso de la migración como adaptación ha sido criticado por su actitud neoliberal, resaltando a veces “la elección individual”, sobre todo en ocasiones en las que se plantea que la migración aprovecha las oportunidades económicas del mercado internacional. Aunque este discurso se erige sobre un concepto diferente de la agencia humana, no siempre cuestiona las estructuras del capitalismo global que cimentan el colapso climático, por no mencionar la responsabilidad de los Estados de proporcionar seguridad a las comunidades afectadas por el cambio climático.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Una respuesta militarizada</strong></h2>



<p>Estos discursos no se excluyen mutuamente y permean todo el espectro de actores políticos de Europa en múltiples sentidos. La extrema derecha europea siempre se ha mostrado escéptica acerca de la existencia del colapso climático, negando el hecho de que la Tierra se está calentando, desmintiendo que esto guarde relación con actividades antropogénicas, o rebatiendo la necesidad de políticas para afrontar el problema. Las medidas de mitigación han sido desestimadas por ser demasiado costosas, impuestas por “élites globales externas”, e injustas y perjudiciales para la economía de las comunidades de la clase obrera. El cambio climático, un fenómeno fundamentalmente transnacional que requiere de solidaridad internacional, amenaza a los nacionalismos que priman los intereses de un Estado-nación con unas fronteras celosamente protegidas.</p>



<p>La percepción de que los migrantes climáticos del sur global “amenazan” las fronteras de Europa es compatible con la agenda ideológica de extrema derecha. Al examinar los informes elaborados por 22 partidos de extrema derecha europea, Joe Turner y Dan Bailey detectaron un giro discursivo hacia lo que ellos denominan&nbsp;<em>ecobordering</em>&nbsp;(neologismo que combina las palabras que aluden a la política de fronteras y a la ecología). Los partidos de extrema derecha europea están tachando a los migrantes de “vándalos medioambientales” y “saqueadores” que degradan el medio ambiente y agotan sus recursos nacionales en sus países de procedencia, culpando así al sur global del deterioro ecológico que causa la sobreexplotación. Su discurso racializado ofrece una justificación para reforzar los controles de fronteras y minimizar la responsabilidad que el contaminante e industrial norte global y la economía capitalista mundial tienen por ser factores estructurales del cambio climático</p>



<p>El profundo apego de los agentes neofascistas de extrema derecha hacia el capitalismo y el extractivismo fósil confluye con la afirmación de que la migración climática podría ser cooptada e integrada en una política nacionalista, racista y antimigratoria. Y, lo que es más importante, este movimiento no precisa que los partidos de extrema derecha acepten que el colapso climático tiene causas antropogénicas. Si se considera un tipo de respuesta adaptativa, estos actores políticos sólo tienen que aceptar que el clima está cambiando y que eso va a afectar a la movilidad humana.</p>



<p>Esta agenda excluyente también concuerda con “Fortaleza Europa”, un término que refleja el violento aparato militar fronterizo de la Unión Europea. El control de las fronteras de la Unión Europea se ha ido “extendiendo” hacia África en las últimas dos décadas, incluyendo varios <a href="https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/noticias/noticia/articulo/ue-tunez-acuerdo-migracion/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">pactos migratorios</a> con otros países como Túnez, Mauritania y Marruecos. <a href="https://adaptecca.es/sites/default/files/documentos/1676884100-impactos-cambio-climatico-dh.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Jürgen Scheffran y sus compañeros</a> han recalcado cómo los programas de desarrollo en África podrían ayudar a promocionar una fórmula de “adaptación para prevenir la migración”. En este caso, las estrategias de adaptación al cambio climático se convertirían en una especie de control de inmigración, en una manera de reprimir la migración en lugar de concebirla como una respuesta adaptativa positiva.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La UE ha roto con los precedentes históricos al acordar el desembolso de 11.100 millones de euros destinados a las fuerzas armadas ucranianas, incluyendo el suministro de armas en el marco del Fondo Europeo para la Paz</p>
</blockquote>



<p>Los medios muestran titulares como <a href="https://www.politico.eu/article/climate-refugee-crisis-europe-policy/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">“La crisis de los refugiados climáticos está llegando a las costas europeas”</a> y <a href="https://www.prospectmagazine.co.uk/world/environment-news/climate/62797/gaia-vince-climate-migration" target="_blank" rel="noreferrer noopener">“Tenemos que prepararnos para migraciones climáticas masivas”</a>, pintando un panorama en el que un gran número de migrantes climáticos provenientes del sur global llegan a Europa huyendo de la escasez de recursos, de los desastres y los conflictos. Diversas estimaciones han respaldado este tipo de argumentos, desde la <a href="https://migracionesclimaticas.org/desplazados-invisibles-del-calentamiento-global/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">infame declaración</a> del biólogo Normal Myers de que habría 200 millones de refugiados climáticos para 2050, hasta <a href="https://reliefweb.int/report/colombia/human-tide-real-migration-crisis-christian-aid-report" target="_blank" rel="noreferrer noopener">el informe de Christian Aid</a> de 2007, titulado “La marea humana: la verdadera crisis migratoria”, donde se afirmaba que mil millones de personas podrían verse desplazadas internamente para 2050.</p>



<p>Chris Methmann y Delf Rothe analizaron cómo los informes de las ONG, los medios y las publicaciones web relacionadas con el cambio climático y la seguridad describían la región MENA (Medio Oriente y Norte de África), demostrando que la región es considerada como un espacio de riesgo para la seguridad transnacional. Las personas que aparecen en las imágenes de estos documentos son en su mayoría personas de color, con mujeres y niños en roles pasivos y domésticos. Los “refugiados climáticos” se representan casi siempre de forma ambivalente, como si estuvieran en peligro a la vez que constituyen un peligro. Por un lado, son vulnerables y se han visto desplazados forzosamente, y, por otro lado y en algunos casos, podrían desestabilizar socialmente a los países que los reciben.</p>



<p>Fraguar una narrativa en la que los “refugiados climáticos” se ven desplazados a causa de los “conflictos climáticos” que tienen lugar en el sur global reproduce unos estereotipos neomalthusianos, racializados y colonialistas alrededor del “<a href="https://link.springer.com/book/10.1057/9781137318954" target="_blank" rel="noreferrer noopener">terror climático</a>” que está llegando a las fronteras de Europa. Este tipo de discursos perpetúan una concepción alarmista y distorsionada de la migración climática cuando lo cierto es que gran parte de la literatura académica evidencia que el desplazamiento climático es principalmente interno y multicausal y que resulta difícil apuntar al cambio climático como factor causal de la movilidad humana. Esta caracterización también es susceptible de ser objeto de apropiación política por parte de Estados europeos que adoptan una postura hostil ante políticas de migración más justas y humanas.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>“Conflicto climático”</strong></h2>



<p>Existe mucha literatura académica y política que <a href="https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1029/2020EF001532" target="_blank" rel="noreferrer noopener">explora</a> el potencial de los “conflictos climáticos” en el contexto del colapso climático. Se han propuesto varios casos de conflictos que ya están vinculados al cambio climático antropogénico, como la violenta inestabilidad en <a href="https://www.iom.int/es/news/un-nuevo-informe-presenta-las-cifras-de-desplazamiento-y-movilidad-en-la-cuenca-del-lago-chad" target="_blank" rel="noreferrer noopener">la cuenca del lago Chad</a> y, sobre todo, el conflicto sirio.</p>



<p>La guerra civil siria estalló a principios del 2011 después de que el Gobierno de Assad reprimiese las protestas por la democracia derivadas de la Primavera Árabe. Varios estudios aseveran que una sequía que asoló el norte y el noreste de Siria entre 2006 y 2010 (probablemente provocada por el cambio climático) agravó la precariedad alimentaria y de los medios de subsistencia en el país, lo cual causó una migración del campo a la ciudad, hacia ciudades como Damasco y Homs, en Siria occidental. Hay quien sostiene que esta migración también acentuó la inquietud social que acabó desembocando en las manifestaciones que tuvieron lugar a principios del 2011.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Existe el riesgo de que el discurso a favor de la securitización del cambio climático empuje a Europa y a otros países a adoptar una actitud cada vez más militarizada</p>
</blockquote>



<p>Esta narrativa ha sido <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0962629816301822" target="_blank" rel="noreferrer noopener">duramente criticada</a> y <a href="https://link.springer.com/article/10.1007/s40641-018-0115-0" target="_blank" rel="noreferrer noopener">varios estudios académicos</a> han señalado cómo otras causas como la liberalización de los precios del combustible o la mala gestión de los recursos de agua subterránea han afectado a la Siria rural en temas de sustento. Por lo general, la literatura académica en torno al cambio climático se ha mantenido cautelosa, sin arriesgarse a especificar hasta qué punto los factores climáticos han influido en la dinámica que subyace a los conflictos.</p>



<p>Pese a esta advertencia, existe el riesgo de que el discurso a favor de la securitización del cambio climático empuje a Europa y a otros países a adoptar una actitud cada vez más militarizada ante los “conflictos climáticos” del mundo. Un gran número de ejércitos ya han adoptado el lenguaje de la seguridad climática, tal y como reflejan tanto <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0962629823000719" target="_blank" rel="noreferrer noopener">el crecimiento de las estrategias de defensa nacional</a> en los debates sobre los riesgos climáticos como los <a href="https://www.sustainability.gov/pdfs/dod-2021-cap.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">planes de adaptación climática</a> elaborados por ejércitos preocupados por los impactos que el colapso climático podría tener sobre sus operaciones y sus activos.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Los ejércitos ya figuran entre los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo, con una huella ecológica que se extiende a todo el ámbito de las operaciones y la logística militares.</p>
</blockquote>



<p>Esta tendencia hacia la militarización también se está propagando por algunos de los principales partidos verdes europeos, muchos de los cuales surgieron de <a href="https://ctxt.es/es/20220501/Firmas/39694/los-verdes-petra-kelly-guerra-de-ucrania-envio-de-armas-andreas-junger.htm" target="_blank" rel="noreferrer noopener">movimientos pacifistas</a> y compartían intereses en materia de derechos humanos. El partido gobernante alemán Bündnis 90/Die Grünen ha <a href="https://www.naiz.eus/eu/info/noticia/20230303/como-los-verdes-alemanes-dejaron-de-ser-pacifistas" target="_blank" rel="noreferrer noopener">respaldado</a> el envío de armas a Ucrania, Groenlinks-PVDA de los Países Bajos <a href="https://groenlinkspvda.nl/verkiezingsprogramma/een-sterk-europa-in-een-veilige-wereld/sterkere-defensie-voor-een-vreedzaam-europa/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">apoya</a> el cumplimiento del objetivo del 2 % del PIB de la OTAN, y el Partido Verde de Inglaterra <a href="https://www.france24.com/es/europa/20230222-el-apoyo-de-reino-unido-a-ucrania-un-frente-com%C3%BAn-en-la-pol%C3%ADtica-brit%C3%A1nica" target="_blank" rel="noreferrer noopener">también ha mostrado su apoyo</a> al envío de armamento de las fuerzas de defensa de Ucrania.</p>



<p>Ante la amenaza de Rusia a Europa y la perspectiva de la retirada del apoyo estadounidense a la OTAN si Donald Trump gana unas segundas elecciones, esta tendencia a aumentar el gasto en defensa y militarización no muestra visos de remitir. Los ejércitos ya figuran entre los <a href="https://desinformemonos.org/clima-y-economia-verde-militar/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo</a>, con una <a href="https://www.ecologistasenaccion.org/319008/entidades-ecologistas-pacifistas-y-feministas-exigen-la-obligacion-de-declarar-la-huella-de-carbono-del-sector-militar/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">huella ecológica</a> que se extiende a todo el ámbito de las operaciones y la logística militares.</p>



<p>Si a esto se le añade el discurso alarmista de los conflictos violentos inducidos por el cambio climático, esta situación genera un riesgo real de que la militarización se consolide como una forma de adaptación climática. Probablemente, la militarización de la adaptación climática no sólo acentuaría aún más la devastación ecológica provocada por las actividades militares, sino también el riesgo de violencia armada en respuesta a los llamados “conflictos climáticos”.</p>



<div id="mailchimpForm" class="wp-block-ldgejblocks-ld-mailchimp-block background-dark" data-layout="1"></div>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Resistencia a una adaptación militarizada?</strong></h2>



<p>Hoy en día, las repercusiones de la violencia militarizada son más que palpables en el mundo, desde las<a href="https://www.elsaltodiario.com/genocidio/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"> atrocidades del Gobierno israelí en Gaza </a>hasta los horrores de <a href="https://www.elsaltodiario.com/guerra-en-ucrania/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">la invasión rusa en Ucrania</a>. En su <a href="https://centreforfeministforeignpolicy.org/wordpress/wp-content/uploads/2023/01/Study-Feminist-Foreign-Policy-for-the-European-Union.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">informe</a> sobre el potencial de una política exterior feminista para la UE, Nina Bernarding y Kristina Lunz identifican el cambio climático como un “multiplicador de amenazas”, que exacerba los peligros para la seguridad de “los seres humanos, las sociedades y los Estados”. Si la militarización continúa, las políticas de adaptación climática podrían convertirse en un “multiplicador de amenazas” en Europa y alimentar el régimen fronterizo de la “Fortaleza Europa”.</p>



<p>Para que las políticas europeas de adaptación al cambio climático eviten el riesgo de militarizarse, es necesario que activistas, políticos y responsables políticos rechacen la narrativa securitizada de que la migración climática y el “conflicto climático” constituyen una amenaza para las fronteras de Europa. En su lugar, las políticas de adaptación deben basarse en principios de <a href="https://voicesforjustclimateaction.org/recursos/la-guia-de-justicia-climatica-interseccional-feminista-version-abreviada/?lang=es" target="_blank" rel="noreferrer noopener">justicia climática interseccional</a> y en la protección de los derechos humanos en un mundo acechado por el cambio climático.</p>



<p><em>This article was translated from English into Spanish by <a href="https://www.elsaltodiario.com/green-european-journal/politica-peligros-militarizacion-climatica">El Salto</a>. </em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Ante los megaincendios: Los bosques como bienes comunes</title>
		<link>https://www.greeneuropeanjournal.eu/ante-los-megaincendios-los-bosques-como-bienes-comunes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amir Hashemi]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Apr 2025 07:50:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Environment]]></category>
		<category><![CDATA[Bio Diversity]]></category>
		<category><![CDATA[Climate Action]]></category>
		<category><![CDATA[Climate Change]]></category>
		<category><![CDATA[Deforestation]]></category>
		<category><![CDATA[Forests]]></category>
		<category><![CDATA[Political Ecology]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.greeneuropeanjournal.eu/?p=39571</guid>

					<description><![CDATA[La filósofa francesa Joëlle Zask, autora del libro 'Cuando el bosque arde: pensar el nuevo desastre medioambiental', critica la falta de interés político y social en el incremento de los megaincendios, un fenómeno amplificado por la crisis climática y el éxodo rural.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-introduction"><p>La filósofa francesa Joëlle Zask, autora del libro &#8216;Cuando el bosque arde: pensar el nuevo desastre medioambiental&#8217;, critica la falta de interés político y social en el incremento de los megaincendios, un fenómeno amplificado por la crisis climática y el éxodo rural.</p></div>



<p>Los incendios de una magnitud nunca antes vista, también llamandos megaincendios, se están extendiendo peligrosamente por todo el planeta. Estos fenómenos se han convertido en el símbolo dantesco de un mundo natural que se encuentra más amenazado que nunca. Arrasan con todo lo que encuentran a su paso y, sin embargo, siguen brillando por su ausencia en el discurso político.</p>



<p>Algunos científicos han empezado a describir nuestra época geológica con el término “Piroceno” en lugar de Antropoceno. Joëlle Zask, autora del libro&nbsp;<em><a href="http://www.premierparallele.fr/livre/quand-la-foret-brule" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Cuando el bosque arde: pensar el nuevo desastre medioambiental</a></em>, habla al respecto.</p>



<p><strong>Benjamin Joyeux:</strong> <strong>¿Cómo surgió tu interés por los incendios y los megaincendios?</strong><br><strong>Joëlle Zask:</strong> Una vez vi un bosque recién arrasado por el fuego y su destrucción me hizo reflexionar sobre el significado del paisaje para las personas. La pérdida de un paisaje genera una especie de impotencia, y es que el paisaje no es solamente un decorado al que mirar, sino un elemento esencial de nosotros mismos. El fuego destruye retazos de historia que nunca volverán y esa irreversibilidad es lo que provoca la angustia que sienten sus víctimas. También me ha sorprendido que un fenómeno tan trascendental como los incendios forestales no se haya debatido con la suficiente profundidad ni entre la comunidad científica y ecologista ni ante la opinión pública.</p>



<p><strong>¿Son los incendios una cuestión política?</strong><br>Son más bien indicios de la existencia de un mal funcionamiento de la representación, cuyas consecuencias son sumamente políticas. La única manera de controlar o prevenir los incendios es cambiando esta situación. Hoy en día se nos plantean numerosas cuestiones sociales y políticas en torno a los incendios forestales, pero seguimos hablando de ellos como si fueran una noticia cualquiera. ¿Por qué? Creo que en nuestras mentes se esconde un miedo, una reticencia.</p>



<p>En el pasado hubo incendios catastróficos como el gran incendio de Lisboa, que destruyó la ciudad en el año 1755. Los incendios de hoy en día son “catastróficos” y “políticos” en la medida en que revelan el nivel de desequilibrio planetario y el terrible protagonismo de la humanidad en esta situación. Se trata de una responsabilidad que debe explicitarse de forma clara y detallada, puesto que no todo el mundo es responsable por igual. Esta responsabilidad es tan crítica que basta con encender una cerilla para provocar un incendio. Del mismo modo que no podemos detener un tsunami o un terremoto, tampoco podemos detener un gran incendio forestal. A principios del año 2020 fuimos testigos de la impotencia de las personas afectadas por estos grandes incendios en Australia, al igual que en California y Siberia en el año 2019.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Esta responsabilidad es tan crítica que basta con encender una cerilla para provocar un incendio. Del mismo modo que no podemos detener un tsunami o un terremoto, tampoco podemos detener un gran incendio forestal.</p>
</blockquote>



<p><strong>¿Cuál es la diferencia entre un incendio y un megaincendio? ¿Por qué no podemos detenerlos?</strong><br>No existe una definición estándar de megaincendio. Se trata de un fenómeno reciente que adopta muchas formas y se caracteriza por el hecho de que no podemos detenerlo. Conviene diferenciar este tipo de incendios de los incendios estacionales y las quemas controladas, que son relativamente fáciles de controlar. Los megaincendios guardan una relación manifiesta con el calentamiento global y cada vez son más intensos y frecuentes conforme aumentan las temperaturas y los periodos de sequía se prolongan. Un fuego requiere la presencia de combustible, un ambiente muy seco y viento. Hoy en día, estas tres condiciones se combinan de forma alarmante y las temporadas de incendios que antes duraban de dos a tres meses ahora pueden durar hasta seis meses. Así sucedió durante el verano de 2017 en California y en el norte del Mediterráneo, en países como Portugal, España, Grecia y el sur de Francia.</p>



<p><strong>¿Cuál es el papel de la humanidad en el aumento del número y la intensidad de los megaincendios?</strong><br>Más allá del calentamiento global, la destrucción de los bosques está vinculada al éxodo rural y a la desaparición de las técnicas forestales tradicionales. Los nuevos habitantes no entienden los bosques, se descontrolan, no los gestionan como es debido y los acaban destruyendo.</p>



<p>Cuando los bosques no se gestionan, se acumula la madera muerta, que es muy inflamable, lo que los hace más vulnerables ante los incendios. Además, el aumento de las temperaturas trae consigo nuevas plagas que matan los árboles y multiplican aún más el volumen de materia seca. A esto hay que añadir la tala de bosques y los bosques industriales, que de bosques solo tienen el nombre. Estos entornos se fumigan con productos fitosanitarios y son especialmente frágiles. Cuanto más homogéneos son los bosques y más árboles alóctonos se plantan, mayor es su riesgo de incendio. Este es el caso de Suecia, por ejemplo, donde el 70% de sus bosques son industriales y donde los incendios se extendieron con virulencia durante el verano de 2018. La elección de los árboles, el espacio que hay entre ellos y la falta de diversidad hacen que los bosques sean especialmente inflamables.</p>



<p>Los incendios forestales son un claro ejemplo de la interrelación de los problemas actuales y muestran hasta qué punto los ecosistemas sufren daños y destrucción.</p>



<p><strong>Los megaincendios han suscitado una mayor preocupación, pero todavía se habla muy poco de la relación que existe entre los incendios y la crisis climática en su conjunto. ¿Cómo se explica esta paradoja?</strong><br>El fenómeno de los megaincendios no acaba de calar en la conciencia de la población, a pesar de que los expertos constaten su propagación y de que los bosques boreales (aquellos situados en las zonas más frías) también estén ardiendo ahora. La NASA ha publicado unos pronósticos escalofriantes que prevén incendios en todos los continentes a medio plazo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Algo que también llama la atención es su carácter repentino. Los científicos medioambientales saben detectar las evoluciones climáticas que se producen con relativa lentitud o a medio plazo. Sin embargo, ¿cómo encaja un fenómeno tan repentino en la línea temporal del avance del cambio climático?</p>
</blockquote>



<p>Este fenómeno ha aparecido mucho antes de lo previsto. En la actualidad, el megaincendio se ha convertido en una realidad tangible, en un fenómeno natural a escala global e indiscriminado que, al ser provocado por el hombre, invierte la relación con la naturaleza. Algo que también llama la atención es su carácter repentino. Los científicos medioambientales saben detectar las evoluciones climáticas que se producen con relativa lentitud o a medio plazo. Sin embargo, ¿cómo encaja un fenómeno tan repentino en la línea temporal del avance del cambio climático? Incluso el Antropoceno se contempla en una escala temporal relativamente larga. Ahora bien, no hay nada que avance más deprisa que un megaincendio, pues destruye millones de hectáreas en cuestión de días. Todos estos factores explican por qué aún no hemos conseguido catalogar los megaincendios como un fenómeno relacionado con la crisis medioambiental.</p>



<p><strong>Cuando imaginamos el fin del mundo, a menudo lo asociamos con terremotos y tsunamis, tal y como nos muestra el cine de catástrofes de Hollywood, pero rara vez implica incendios. Los incendios forestales apenas guardan relación con el fin del mundo en el imaginario colectivo.</strong><br>Esta percepción también se debe a que el fuego es sinónimo de hogar, de cobijo y de bienestar. Existe todo un imaginario paradójico en torno al fuego, pues es, al mismo tiempo, la esencia de la vida y la mayor fuerza destructora. Nuestra evolución e historia biológica están ligadas al uso del fuego, a su domesticación. Por esta misma razón nos resulta difícil pensar que el fuego, un elemento clave para el desarrollo de la humanidad, pueda perjudicar las posibilidades de supervivencia del ser humano en el planeta.</p>



<p><strong>¿Qué nos revelan estos fenómenos sobre nosotros mismos y sobre nuestra relación con la naturaleza?</strong><br>Debemos cuidar la naturaleza, tanto de forma interesada como desinteresada. Esta postura contraviene el extractivismo, la idea de que la naturaleza está a nuestro servicio y que debemos explotarla al máximo para obtener todo cuanto podamos. Pero también se opone a la idea de que la naturaleza es bondadosa por definición y que hemos de distanciarnos de ella para no dañarla ni degradarla. Las narrativas conservacionistas que defienden que la naturaleza se las arreglaría muy bien sin los humanos también son nocivas para la naturaleza. A la hora de hablar sobre la naturaleza, hay que hablar de una naturaleza que valoremos, que nos sea útil, cuya configuración (ya sea estética, filosófica o material) tenga sentido para nosotros. No conozco ninguna naturaleza que sea independiente de la especie humana. Lo que a mí me interesa son esas relaciones entre el ser humano y la naturaleza en las que podamos tomar cartas en el asunto, aun cuando este equilibrio se encuentre en constante evolución. Es inevitable que exista una visión antropocéntrica de la naturaleza, y por ello es tan importante cuidarla y custodiarla.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Nuestras relaciones interpersonales serían mucho más democráticas si tuviéramos más consideración con el mundo no humano, llámese ecología o naturaleza. ¿Quién soy yo como persona en una sociedad que se alimenta de animales?</p>
</blockquote>



<p><strong>El nexo entre los derechos de los animales y la crisis climática está ganando terreno en el ámbito del ecologismo y nos obliga a reimaginar nuestra relación con los seres que no son humanos. ¿Deberíamos hacer lo mismo con los árboles y los bosques?</strong></p>



<p>Se trata de una analogía acertada porque cuando los seres humanos se relacionan entre sí involucrando a otros seres no humanos, como animales o árboles, sus interacciones no son las mismas. Nuestras relaciones interpersonales serían mucho más democráticas si tuviéramos más consideración por al mundo no humano, llámese ecología o naturaleza. ¿Quién soy yo como persona en una sociedad que se alimenta de animales? Por otra parte, no pretendo vincularme directamente con los árboles o los animales, ni concederles un estatus equivalente al de los seres humanos. Me parece absurdo.</p>



<p><strong>En cambio, ¿no deberíamos considerar a los árboles como sujetos de derecho en el marco del problema que plantea el megaincendio?</strong><br>No lo considero así. Los megaincendios no son seres sino consecuencias, al igual que los animales que criamos para alimentarnos. En primer lugar, debemos examinar el marco interhumano de la cuestión. Yo no suscribo la hipótesis Gaia, sino que pienso como Noé, que no concedió derechos a los animales, pero sí los acogió en su arca e hizo lo que Dios le ordenó. Tengo mis dudas sobre el hecho de conceder el estatuto de sujeto a seres que no se consideran como tales. Corremos el riesgo de recaer en la misma idea que nos hace perder la razón, la idea de que para respetar a todos los seres y conectar con ellos es necesario considerarlos como iguales e idénticos. En vez de eso, habría que incorporar esta pluralidad a nuestras relaciones y eso es lo que propuse en&nbsp;<em><a href="https://www.editionsladecouverte.fr/la_democratie_aux_champs-9782359251012">La démocratie aux champs</a></em>&nbsp;(La democracia en el campo). Es absurdo conceder derechos a las lombrices. Cultivar la tierra supone escuchar a la naturaleza, cuidarla, observarla sin destruirla y garantizar que se den las condiciones necesarias para su supervivencia. Podemos hacer todo esto sin recurrir a la ley.</p>



<p><strong>¿Cuál es el mensaje principal de tu libro?</strong><br>Sostengo que para salvar los bosques hay que valorar, comprender e identificar los medios para cuidar de la naturaleza, además de prohibir las actividades que contribuyen al calentamiento global y que destruyen los bosques y los hacen vulnerables. En definitiva, hay que limitar la actividad de las grandes multinacionales. También deberíamos replantearnos nuestra visión romántica y contemplativa de la naturaleza.</p>



<p>Un mensaje importante desde el punto de vista político es que hay que dejar de pensar que las soluciones vendrán desde arriba y que es necesaria una clase experta que asesore a quienes toman las decisiones. Esta idea de la experiencia ha aislado a la sociedad civil y le ha privado de su derecho a expresarse. Hace años que a los pequeños agricultores se les considera unos patanes y unos don nadies. Ahora nos damos cuenta de que las personas que han sido subestimadas son las más indicadas para encontrar las soluciones adecuadas.</p>



<p>El descubrimiento tardío de los antiguos saberes forestales es de suma importancia desde el punto de vista político pues es precisamente ahí donde se hallan las soluciones más apropiadas para cada zona. El incendio es un fenómeno global, pero las soluciones han de ser locales. El libro parte de esta relación resituada (sobre el terreno, entre el ser humano y el bosque) y la convierte en un marco, un paradigma de la mejor forma de habitar el planeta y de distribuir el trabajo en torno al bosque.</p>



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<p><strong>Para ello habrá que adoptar una visión política común. ¿No cabría pensar también en una política forestal de ámbito comunitario, en el seno de la Unión Europea?<br></strong>Europa está llamada a desempeñar un papel fundamental a la hora de atajar los principales focos del calentamiento global (como el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero), unos focos a los que es casi imposible hacer frente de forma individual o en grupo. En Francia, la Oficina Nacional de Bosques y los organismos que se ocupan de su gestión dependen del Ministerio de Agricultura. Esto plantea un auténtico problema, ya que el Ministerio de Agricultura lleva un gran retraso en lo que se refiere a la transición ecológica. La gestión de los bosques debería transferirse al Ministerio de Medio Ambiente.</p>



<p>En la Amazonía ha sucedido algo interesante. El ex presidente brasileño Jair Bolsonaro considera la selva como propia, y lo mismo ocurrió con el presidente Suharto en Indonesia, que vendió “su” bosque en Sumatra a la empresa surcoreana Daewoo. Estos jefes de Estado de corte neofascista en mayor o menor medida se consideran los dueños y señores de sus países y, como tales, los venden al mejor postor.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Los Estados, que supuestamente han de proteger el interés público, deberían seguir el planteamiento de Elinor Ostrom y empezar a considerar los bosques como parte de nuestro procomún</p>
</blockquote>



<p>Es imprescindible desarrollar una política europea que reconozca los bosques como un bien común que hay que preservar. También debería existir una política de protección de los bosques frente a las plantaciones que no sean adecuadas. Los Estados, que supuestamente han de proteger el interés público, deberían seguir el planteamiento de Elinor Ostrom y empezar a considerar los bosques como parte de nuestro procomún.</p>



<p><em>This interview was translated from English into Spanish by El Salto</em>.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Sin novedad en el frente, pero ¿qué frente?: la falsa unidad de la extrema derecha</title>
		<link>https://www.greeneuropeanjournal.eu/sin-novedad-en-el-frente-pero-que-frente-la-falsa-unidad-de-la-extrema-derecha/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amir Hashemi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Feb 2025 15:37:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Politics]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalism]]></category>
		<category><![CDATA[Economy]]></category>
		<category><![CDATA[Europe]]></category>
		<category><![CDATA[extrema derecha]]></category>
		<category><![CDATA[Extreme Right]]></category>
		<category><![CDATA[False Unity]]></category>
		<category><![CDATA[Far Right]]></category>
		<category><![CDATA[Populism]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.greeneuropeanjournal.eu/?p=39342</guid>

					<description><![CDATA[Una mirada atenta a las agendas económicas de los partidos de extrema derecha europeos revela profundas divisiones subyacentes.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-introduction"><p>A diferencia de la izquierda, cuya fragmentación es bien conocida, los partidos y líderes europeos de extrema derecha logran transmitir una imagen de unidad. Se alegran de los éxitos de los demás, coinciden en su desprecio por las minorías y las «élites» y emplean una retórica común. Sin embargo, bajo esa unidad superficial subyacen diferentes fuerzas sociales y programas que reflejan unos intereses económicos contrapuestos.</p></div>



<p>Durante la última década, el aumento constante del <a href="https://www.elsaltodiario.com/estados-unidos/fichajes-donald-trump-segundo-mandato" target="_blank" rel="noreferrer noopener">populismo de extrema derecha</a> ha definido el panorama político en Europa (y fuera de ella). Hoy en día, los partidos de extrema derecha tienen una <a href="https://es.statista.com/grafico/16299/europeos-gobernados-por-un-gobierno-con-al-menos-un-miembro-populista/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">representación parlamentaria muy relevante</a> en la mayoría de los países europeos y forman parte de los Gobiernos en Croacia, Finlandia, Hungría, Italia, Países Bajos, Serbia, Eslovaquia y Suiza. Allí donde (todavía) permanecen en la oposición, <a href="https://www.elmundo.es/internacional/2024/10/01/66fac218e85ece212b8b45a7.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">influyen significativamente en la agenda</a> de los partidos mayoritarios y en el <a href="https://edmorata.es/producto/la-democracia-reaccionaria-la-hegemonizacion-del-racismo-y-la-ultraderecha-populista/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">debate público en general</a>.</p>



<p>En el año 2024, los populistas de extrema derecha también lograron notables avances electorales en Austria, Alemania y Francia. Además, esta fuerza política obtuvo uno de los mejores resultados de su historia en <a href="https://theconversation.com/elecciones-europeas-la-extrema-derecha-avanza-menos-de-lo-esperado-232028" target="_blank" rel="noreferrer noopener">las elecciones</a> al Parlamento Europeo de junio, consiguiendo casi una cuarta parte de los escaños. Al otro lado del Canal de la Mancha, el partido Reform UK de Nigel Farage<a href="https://www.elsaltodiario.com/reino-unido/starmer-arrasa-establishment-lo-celebra" target="_blank" rel="noreferrer noopener"> obtuvo más de cuatro millones de votos</a> en las elecciones generales de julio del año pasado.</p>



<p>Todos estos partidos comparten unas características básicas. Su identidad se articula en torno a una <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/ciencias-sociales/populismo-una-breve-introduccion-cas-mudde-9788491813965/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">dicotomía maniquea</a> entre “el pueblo puro” y “la élite corrupta”, donde el primer grupo se suele definir en términos nativistas, excluyendo a colectivos a los que tratan de forma separada, como la comunidad inmigrante o musulmana. De hecho, responsabilizan a la “élite” de la supuesta erosión de la cultura nacional y del nivel de vida de la gente “corriente” (autóctona) por su presunta política “proinmigración”.</p>



<p>Estas narrativas han cosechado un gran éxito electoral debido a la <a href="https://www.lavanguardia.com/vida/junior-report/20181024/452526096062/populismos-entrevista-josep-maria-marti-font.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">creciente inseguridad económica</a> y a la desconfianza de la población hacia las principales fuerzas políticas. En concreto, el <a href="https://wol.iza.org/articles/labor-market-performance-and-the-rise-of-populism/lang/es" target="_blank" rel="noreferrer noopener">desempleo</a> ha sido uno de los catalizadores del voto “populista”, aunque también conviene ser cauto a la hora de sobrestimar el nivel de apoyo que la clase trabajadora o los llamados “rezagados” brindan a los populistas de extrema derecha.</p>



<p>Ahora bien, en lo que respecta a la agenda económica de la extrema derecha, el panorama se presenta bastante más complicado. De hecho, su programa de trabajo es menos consistente que el de cualquier otra gran familia de partidos. Mientras que algunos partidos de extrema derecha, como Vox en España o Chega en Portugal, exhiben una oposición flagrante al concepto de bienestar; otros, como el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) o los Demócratas Suecos, abogan por lo que se ha denominado “<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Chovinismo_del_bienestar" target="_blank" rel="noreferrer noopener">chovinismo del bienestar</a>”, es decir, que solo apoyan el bienestar en lo que se refiere a la población “autóctona”. Algunos, como el Fidesz húngaro, propugnan políticas proteccionistas, mientras que otros, como Alternativa para Alemania (AfD), defienden un capitalismo de libre mercado desenfrenado.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Los partidos de extrema derecha conforman una familia política que está más unida por aquello a lo que se oponen que por lo que proponen</p>
</blockquote>



<p>En materia de geopolítica, los distintos partidos de extrema derecha han adoptado posturas opuestas sobre la guerra de <a href="https://www.elindependiente.com/internacional/2024/07/02/ucrania-linea-roja-von-der-leyen-ultraderecha-ue/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ucrania</a> y la relación de sus países con la OTAN o incluso con la UE. Esta <a href="https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/resurgir-la-extrema-derecha-europa/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">divergencia</a> en lo político repercute en la cohesión de la extrema derecha populista a escala transnacional, que en la actualidad está dividida en tres grupos diferentes dentro del Parlamento Europeo: el Grupo Patriotas por Europa (el tercer grupo político más grande de la actual legislatura), el Grupo Conservadores y Reformistas Europeos, y el Grupo Europa de las Naciones Soberanas. Por el contrario, la izquierda radical, tan notablemente dividida, se aglutina, con algunas excepciones, en torno al Grupo La Izquierda. Así pues, a pesar que en los últimos años se ha hablado mucho de la creación de redes transnacionales de extrema derecha, esto rara vez se ha traducido en una coordinación interna a la hora de elaborar las políticas de la UE.</p>



<p>La aparente unidad de la extrema derecha es bastante superficial y, a decir verdad, puede que encubra unas desavenencias más profundas entre estos partidos. Pese a que confluyen en su agenda “cultural” antiinmigración y antiizquierdista, estos partidos difieren mucho en cuanto al tipo de economía que desean para sus países. En otras palabras: los partidos de extrema derecha conforman una familia política que está más unida por aquello a lo que se oponen que por lo que proponen.</p>



<p>Si queremos entender mejor estas desavenencias, tenemos que prestar más atención a las fuerzas sociales que estos partidos representan. Esto requiere ir más allá de un mero análisis del comportamiento de los votantes para también examinar los segmentos de la clase capitalista que han contribuido al auge del populismo de extrema derecha y que pretenden beneficiarse de él.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Capital y fascismo</h2>



<p>La estrecha relación entre las grandes empresas y los partidos fascistas ha quedado demostrada con creces a lo largo de la historia, sobre todo en Italia y Alemania. Aunque en un principio estas relaciones comenzaron siendo un instrumento político de la pequeña burguesía, vulnerable ante las turbulencias económicas del periodo de entreguerras, con el tiempo se ganaron el apoyo financiero y político de los sectores dominantes de la <a href="https://www.publico.es/culturas/grandes-magnates-financiaron-nazismo.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">clase empresarial</a>. Para esta última, el fascismo les brindaba la doble oportunidad de aplastar a las grandes agrupaciones de la clase obrera y subordinar a las facciones rivales de la clase capitalista.</p>



<p>Tal y como el sociólogo político marxista Nicos Poulantzas defendió enérgicamente en su ya clásico libro <a href="https://www.marcialpons.es/libros/fascismo-y-dictadura/9789682316630/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Fascismo y dictadura</em></a>, la facción del capital financiero e industrial fue la que, tanto en Italia como en Alemania, consideró el fascismo como la etapa final para culminar y consolidar su posición hegemónica. Los regímenes fascistas orientaron sus políticas económicas en esta dirección y los salarios reales en la Alemania nazi se desplomaron alrededor de un 25% entre 1933 y 1938, mientras que la inversión y los beneficios de las empresas aumentaron exponencialmente.</p>



<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-announcement" style="background-color:#f2f2f2">
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">Acting Out: Arts and Culture Under Pressure &#8211; Our latest print edition is out now!</h2>



<p class="has-text-align-center">Read it online or get your copy delivered straight to your door.<br></p>



<div class="wp-block-button has-custom-width wp-block-button__width-25 is-style-outline has-text-align-center is-style-outline--3"><a class="wp-block-button__link has-black-color has-text-color has-background has-small-font-size has-text-align-center has-custom-font-size wp-element-button" href="https://www.greeneuropeanjournal.eu/edition/acting-out-arts-culture-under-pressure/" style="border-radius:0px;background-color:#f2f2f2" target="_blank" rel="noreferrer noopener">READ &amp; ORDER</a></div>
</div>



<p>El panorama actual presenta algunas similitudes importantes con todo esto. Cierto es que la clase capitalista se mantiene relativamente unida cuando se trata de asegurar sus intereses con respecto a otras clases sociales, algo que quedó meridianamente claro con la gestión de la crisis financiera mundial en clave de austeridad que tuvo lugar a lo largo de la década de 2010. Sin embargo, varias décadas de neoliberalismo también han dado pie al concepto de “ganadores” y “perdedores” entre los propios capitalistas: si el primer grupo abarca el capital transnacional, las grandes empresas y el capital financiero, el segundo engloba el capital nacional (sobre todo en las economías más pequeñas), las pequeñas y medianas empresas y el capital industrial.</p>



<p>En el ruedo político, los “ganadores” se han visto representados con mayor o menor acierto por los partidos dominantes del centro neoliberal (y, a escala internacional, por instituciones como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial). Por el contrario, los sectores “rezagados” de la clase capitalista se han sentido cada vez más ajenos a un marco político que no funciona necesariamente igual de bien para ellos. De ahí que hayan buscado otros instrumentos políticos para promover políticas alternativas que sí les beneficien. Así han surgido los partidos populistas de extrema derecha.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Las élites juguetean con la política</h2>



<p>Pese a que la mayoría de quienes se dedican al estudio de las ciencias políticas se han centrado en el discurso o en los votantes de los partidos populistas de derechas, los economistas políticos críticos han logrado avanzar en el esclarecimiento del vínculo entre las élites económicas y estos partidos. Como es natural, los investigadores no han establecido una relación lineal y exclusiva entre estos agentes y los Gobiernos de extrema derecha, ya que la única forma de que los regímenes accedan al poder y lo mantengan es apoyándose en un bloque social más amplio. Aun con todo, existe una clase, y en particular una facción de clase, que siempre resulta dominante en dichas coaliciones.</p>



<p>El bloque de poder de Viktor Orbán en Hungría ha tenido que satisfacer un amplio abanico de intereses: desde la industria automovilística alemana, que contribuye considerablemente a la economía exportadora húngara, hasta el capital chino, que busca abrirse paso en la región. La coalición de Gobierno de Hungría también atrae a la clase obrera, y a la clase media rural, que suponen la mayor parte del electorado de Orbán. Sin embargo, quienes más se han beneficiado de este bloque (que ya lleva una década y media en el poder) han sido algunas facciones de la clase empresarial húngara, en particular los sectores de la banca y la construcción, pues se han beneficiado directamente de las políticas proteccionistas de Orbán.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La distribución de clases de la extrema derecha populista puede variar de un país a otro</p>
</blockquote>



<p>En líneas generales, se han observado unas tendencias similares en Polonia y Turquía como países periféricos o semiperiféricos en la economía capitalista mundial. En ambos casos, los capitalistas nacionales se han sentido presionados y menoscabados por una globalización neoliberal que ha favorecido durante mucho tiempo a las multinacionales e instituciones financieras occidentales. Tal y como Samuel Rogers explica hábilmente en su reciente libro<em>&nbsp;The Political Economy of Hungarian Authoritarian Populism</em>&nbsp;(<em>La economía política del populismo autoritario húngaro</em>), nos encontramos ante “capitalistas que carecen del tipo de capital adecuado”, que pueden tener riquezas, pero carecen de influencia significativa sobre la formulación de políticas. Estas burguesías nacionales emergentes están siguiendo el mismo camino desde el poder económico al político que siguieron sus homólogos de las sociedades occidentales capitalistas más antiguas durante las revoluciones liberales de los siglos XVIII y XIX, cuando consolidaron la transición del feudalismo al capitalismo.</p>



<p>No obstante, lo que es válido para los países (semi)periféricos no tiene por qué serlo para esas sociedades occidentales en la actualidad. Desconocemos mucho sobre el componente de clase de las fuerzas populistas de extrema derecha en el “núcleo” del capitalismo europeo y esto se debe en parte a la inexistente o limitada experiencia de estos partidos en los Gobiernos de Europa Occidental. Aunque el Gobierno de derechas liderado por Giorgia Meloni lleve más de dos años en el poder en Italia, todavía no se ha desarrollado un análisis exhaustivo de su economía política y su sociología política.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Por quién lucha la extrema derecha?</h2>



<p>Para trazar cómo las diferentes configuraciones de clase impulsan el auge del populismo de extrema derecha en cada país, habría que llevar a cabo una investigación empírica sistemática de los orígenes de las élites que integran estos partidos. La relación causal entre la clase social de los políticos y la formulación de sus políticas no es una mera proyección marxista, sino que se encuentra bien documentada por estudios sólidos en la literatura académica más reciente. En segundo lugar, también hay que examinar más detenidamente a quienes hacen donaciones políticas, pues, aunque no sean tan generosos como en la política estadounidense, sí desempeñan un papel cada vez más decisivo en países como el Reino Unido.</p>



<p>Ante todo, debemos profundizar en las políticas económicas que los populistas de extrema derecha tratan de promulgar cuando acceden al Gobierno o incluso cuando logran una representación significativa en el parlamento. Estudios recientes han demostrado que los diputados de extrema derecha del anterior Parlamento Europeo (2019-2024) pueden tener algunos discursos de izquierdas, pero votan mayoritariamente a la derecha en cuanto a asuntos socioeconómicos se refiere. Del mismo modo, los diputados de RN en Francia han votado sistemáticamente en contra de los intereses de la “gente corriente” a la que dicen defender, oponiéndose a congelar los precios de los alquileres, a la gratuidad de los comedores escolares y a la subida de impuestos a las rentas superiores a 3 millones de euros. A pesar de ello, en la actualidad apenas existen datos empíricos sistemáticos entre países sobre el comportamiento legislativo de los partidos populistas de derechas. Los politólogos siguen basando sus análisis en los programas electorales, conviene no limitarse a lo que dicen estos partidos y prestar más atención a lo que hacen.</p>



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<p>Ahora bien, ¿por qué debería importarnos todo esto? En primer lugar, si los partidos de extrema derecha representan realmente a determinadas facciones de “la élite”, cabe preguntarse por qué afirman estar del lado del “pueblo” y en contra de “la élite”. Lo cierto es que los empresarios populistas de derechas parecen ser el mayor exponente de la creciente tendencia de las élites contemporáneas a minimizar su elitismo ante el aumento de las desigualdades económicas. Sin embargo, en este caso parece tratarse de una élite que intenta mostrarse como corriente, no sólo por razones simbólicas o para mantener la legitimidad moral frente a la ira popular, sino también para obtener capital político en detrimento de las élites competidoras. Y parece que lo están llevando a cabo con bastante eficacia, tal y como demuestra el historial electoral de muchos partidos populistas de extrema derecha.</p>



<p>Por último, pero no por ello menos importante, dar un vuelco materialista al estudio del populismo de extrema derecha también nos ayudaría a comprender mejor por qué la mayoría de estos partidos hablan tanto de “cuestiones culturales” como la inmigración en lugar de la economía. Esto no significa que los populistas de extrema derecha no estén verdaderamente en contra de la inmigración y los derechos de las minorías como parte de una concepción reaccionaria del mundo que concibe a estos grupos como amenazas existenciales para la “cultura nacional”; después de todo, las motivaciones ideológicas no pueden reducirse exclusivamente a intereses materiales.</p>



<p>Sin embargo, es posible que estos partidos mantengan una postura deliberadamente discreta en cuestiones económicas si su programa está destinado a defender unos intereses empresariales concretos en su búsqueda de un estatus hegemónico. La identificación de esos intereses también nos permitiría arrojar más luz sobre la rivalidad de clase intracapitalista que se ha intensificado en los últimos años, tanto en el interior de los distintos países y regiones como entre ellos, y que constituye la esencia de algunos de los principales retos políticos y geopolíticos de nuestra era.</p>



<p><em>Translated by <a href="https://www.elsaltodiario.com/">El Salto</a></em>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>El valle de Can Masdeu: la agroecología como una cura para el futuro</title>
		<link>https://www.greeneuropeanjournal.eu/el-valle-de-can-masdeu-la-agroecologia-como-una-cura-para-el-futuro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amir Hashemi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Feb 2025 15:16:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Post-Growth]]></category>
		<category><![CDATA[Agriculture]]></category>
		<category><![CDATA[Agroecology]]></category>
		<category><![CDATA[Catalonia]]></category>
		<category><![CDATA[Commons]]></category>
		<category><![CDATA[Community]]></category>
		<category><![CDATA[Degrowth]]></category>
		<category><![CDATA[Eco-feminism]]></category>
		<category><![CDATA[Political Ecology]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Cómo conseguir que las prácticas agrícolas sean más sostenibles desde el punto de vista ecológico? Una iniciativa comunitaria centrada en el decrecimiento en Cataluña ofrece algunas respuestas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-introduction"><p>El sector agrícola es uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero en la UE. El calentamiento global y la sequía cada vez más frecuente nos obligan a adoptar unas prácticas agrícolas más sostenibles desde el punto de vista ecológico. En Catalunya, una iniciativa local inspirada en los principios del decrecimiento se ha convertido en un gran ejemplo de agricultura ecológicamente responsable.</p></div>



<p>Al sonar la campana, cuarenta personas dejan a un lado sus semillas y herramientas para subir la cuesta de tierra hacia un huerto a la sombra. Entre ellos está Marc Rojas Pazos, un estudiante de microbiología que vive en Barcelona. “Hace casi un año que vengo todos los jueves a&nbsp;<a href="https://canmasdeu.net/%E2%80%9D%20target=" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Can Masdeu</a>. Ahora voy a quedarme quince días, para poner a prueba mi relación con la ciudad y ver si la vida con la naturaleza es para mí“, dice mientras se sirve una generosa ración de sopa de lentejas.</p>



<p>El valle de Can Masdeu, situado dentro del Parque Natural de Collserola y al que se puede acceder desde Barcelona en transporte público, es un lugar de&nbsp;<a href="https://www.elsaltodiario.com/agroecologia" target="_blank" rel="noreferrer noopener">experimentación agroecológica</a>&nbsp;y resiliencia climática desde hace más de veinte años. Se trata de un espacio ocupado desde 2001, cuando una decena de activistas se opusieron a los planes de convertir la antigua leprosería de Sant Pau en pisos de lujo y lo ocuparon. Ese mismo año, los activistas también eligieron el lazareto como sede de una conferencia sobre el cambio climático.</p>



<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-announcement" style="background-color:#f2f2f2">
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">Acting Out: Arts and Culture Under Pressure &#8211; Our latest print edition is out now!</h2>



<p class="has-text-align-center">Read it online or get your copy delivered straight to your door.<br></p>



<div class="wp-block-button has-custom-width wp-block-button__width-25 is-style-outline has-text-align-center is-style-outline--4"><a class="wp-block-button__link has-black-color has-text-color has-background has-small-font-size has-text-align-center has-custom-font-size wp-element-button" href="https://www.greeneuropeanjournal.eu/edition/acting-out-arts-culture-under-pressure/" style="border-radius:0px;background-color:#f2f2f2" target="_blank" rel="noreferrer noopener">READ &amp; ORDER</a></div>
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<p>Desde entonces, la ocupación ha dado lugar a un proyecto enraizado en la lucha altermundista. En Can Masdeu, el&nbsp;<em>blitz</em>, la flecha en forma de rayo que simboliza la cultura de la okupación, atraviesa una manzana en lugar del círculo tradicional, indicando las preocupaciones ecológicas de los habitantes del valle. “Éramos miembros del movimiento antiglobalización, ecologistas, activistas internacionales o gente del barrio de Nou Barris”, explica Arnau Montserrat, uno de los primeros ocupantes que aún vive en Can Masdeu.</p>



<p>En abril de 2002, más de cien policías intentaron desalojar a Arnau y al resto de los ocupantes, que durante tres días organizaron actos de resistencia no violenta, incluido encadenarse a partes del edificio. Los propietarios de las instalaciones, el Hospital de Sant Pau, abandonaron finalmente sus intenciones y desistieron de cualquier otra orden de desalojo.</p>



<p>“Hace unos años vivían aquí unas 20 personas, incluidas familias con niños. Hoy somos unos diez miembros permanentes, más algunos invitados, como Marc, que se queda con nosotros un par de semanas o incluso unos meses, de forma excepcional”, explica Claudio Cattaneo, profesor de Ecología Política en la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro de esta ecocomunidad desde hace más de veinte años. Tanto quienes viven permanentemente en el espacio ocupado como los huéspedes contribuyen con 100 euros al mes. El resto de los gastos de funcionamiento del local se cubren mediante la organización de fiestas,&nbsp;<em>crowdfunding</em>&nbsp;o servicios de catering ecológico.</p>



<p>No obstante, quienes ocupan el edificio y el terreno circundante, que abarca unas 35 hectáreas, no sólo han dedicado sus esfuerzos desde el principio a construir una ecocomunidad, sino también un centro social y un huerto comunitario a través de los cuales cultivan relaciones con el barrio y el resto de la ciudad. El&nbsp;<a href="https://canmasdeu.net/centro-social/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">centro social Punto de Interacción de Collserola</a>&nbsp;organiza todas las semanas talleres de música, manualidades, bricolaje, teatro y danza, y acoge asambleas de otros movimientos sociales y ecológicos como Extinction Rebellion o Ecologistes en Acciò, así como conciertos, espectáculos y proyecciones de películas y documentales.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>De acuerdo con sus ocupantes, la combinación de las perspectivas ecológica y feminista entraña volver a priorizar la vida (tanto la humana como la no humana)</p>
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<p>En torno a un centenar de jóvenes, jubilados y familias cuidan de los huertos comunitarios, divididos en 35 parcelas y que producen frutas y hortalizas siguiendo prácticas agroecológicas. “Vengo siempre que puedo”, explica David, un jubilado residente en Nou Barris que lleva muchos años cuidando los huertos del Valle. “Al no practicar cultivos intensivos y evitar las limitaciones de la producción industrial, tenemos libertad para experimentar con técnicas agroecológicas y de adaptación al cambio climático, tomándonos el tiempo necesario para hacerlo de forma no extractiva ni perjudicial para la naturaleza”.</p>



<p>A estos tres pilares del proyecto (la ecocomunidad, el centro social y los huertos comunitarios) se suman dos nuevas iniciativas: Regenerades y la Casa dels Futurs. De hecho, Can Masdeu abre sus puertas cada jueves a cualquiera que quiera acercarse a la agroecología o simplemente pasar algunas horas en los huertos trabajando la tierra. Así es como muchas personas, como Marc, se han hecho una idea de este lugar y de sus compromisos políticos y ecológicos. “Después de la pandemia, el proyecto Regenerades despegó: cada jueves, cuarenta o cincuenta personas vienen a echarnos una mano”, explica Montserrat. “Estoy de baja por maternidad y me gusta venir aquí con mi hija pequeña para estar al aire libre, en contacto con la naturaleza y en compañía”, dice Marie, una joven francesa que vive en Barcelona desde hace unos años.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Agroecología regenerativa</strong></h2>



<p>Uno de los principales puntos de referencia de la comunidad de Can Masdeu siempre ha sido el modelo de decrecimiento, canalizado en este caso a través de la agroecología. Catalunya es una zona fronteriza en cuanto a crisis climática se refiere: en febrero de 2024, el Gobierno de la comunidad autónoma<a href="https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/generalitat-declara-emergencia-sequia-ocho-cada-diez-habitantes-catalunya%E2%80%9D%20target=" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;declaró la emergencia por sequía</a>, lo que obligó a los agricultores del valle a replantearse algunas de sus estrategias hortícolas.</p>



<p>La producción autosuficiente mediante huertos comunitarios se opone frontalmente a la agricultura industrial. “Empezamos a producir alimentos, en parte porque teníamos el privilegio de tener un huerto y en parte porque uno de los principales objetivos de las demandas ecológicas a escala mundial es precisamente el sistema agroindustrial”, motor de explotación, deforestación y contaminación.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La práctica agroecológica ha permitido a Can Masdeu experimentar con sistemas de cultivo resilientes e instrumentos de adaptación al cambio climático</p>
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<p>La agricultura industrial y la agrozootecnia se encuentran entre los mayores culpables de haber sobrepasado&nbsp;<a href="https://estudioiambiental.com/adaptacion/limites-planetarios/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">seis de los nueve límites planetarios</a>, incluyendo la pérdida de la biodiversidad, la contaminación química, la extracción excesiva de agua dulce y el cambio climático. “Y luego hay muchas personas del ámbito académico que han difundido la agroecología en Catalunya y que nos han influido también”, añade Montserrat.</p>



<p>La práctica agroecológica ha permitido a Can Masdeu experimentar con sistemas de cultivo resilientes e instrumentos de adaptación al cambio climático. El principio clave es el potencial regenerativo de la tierra, los cuerpos y las relaciones. “Utilizamos lo que yo llamo &#8216;agroecología regenerativa&#8217; para sacar lo mejor de cualquier trabajo agroecológico, no sólo dentro del campo, sino también en la relación entre nosotros y el lugar que habitamos”, continúa Montserrat. Entre las prácticas utilizadas están el uso de biomasa local, los circuitos cortos de comercialización y el policultivo. Según Montserrat, no sólo implica adoptar una postura en el sentido puramente ecológico, sino que también tiene un componente social, pues contribuye a aumentar la resiliencia de los agricultores.<br><br>Todo esto es posible gracias al desarrollo de las relaciones horizontales con proveedores y con quienes vienen a comprar y consumir los alimentos del antiguo lazareto a precios asequibles (cinco euros por un almuerzo ecológico y vegano). Aunque dentro del recinto ocupado no se produce todo lo necesario para vivir, sí se cultivan relaciones éticas de intercambio con el exterior. “Para el arroz, por ejemplo, recurrimos a cooperativas ecológicas o a proyectos similares con los cuales hacemos trueque e intercambiamos productos”, explica David mientras lleva las herramientas al almacén al acabar su turno.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“La inestabilidad climática también se combate con la biodiversidad, con semillas mejor adaptadas al clima local en vez de semillas de interés comercial, que solo son productivas bajo ciertas condiciones”, dice Montserrat</p>
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<p>Al igual que el resto de Catalunya, Can Masdeu está buscando soluciones para adaptarse a los cada vez más frecuentes periodos de sequía. “La inestabilidad climática también se combate con la biodiversidad, con semillas mejor adaptadas al clima local en vez de semillas de interés comercial, que solo son productivas bajo ciertas condiciones”, dice Montserrat. “El otro gran problema es obviamente el agua, hay que regar menos. El modo en el que cultivamos la tierra hace que retenga mucha más agua y nutrientes”.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Cuidados, vida, reproducción</strong></h2>



<p>Las prácticas e ideas que se cosechan en Can Masdeu se han extendido más allá de los confines del antiguo lazareto. Muchas de las personas que han formado parte de la comunidad (aunque sólo haya sido por unas semanas) han impulsado posteriormente proyectos agroecológicos en otros lugares. Un ejemplo es Arran de Terra, una de las consultorías agroecológicas más importantes de Catalunya, que además es una cooperativa.</p>



<p>Los principios e ideas que cimentan la comunidad también han evolucionado desde los inicios de los 2000. “La comunidad ecológica, a día de hoy, deja mucho que desear. Han surgido muchos otros proyectos, pero casi ninguno ha conseguido tener un impacto significativo ni contagiar al resto de la comunidad y la sociedad. Sigue siendo necesario un cambio en la mentalidad”, explica el profesor Cattaneo mientras en la cocina del segundo piso de Can Masdeu se prepara el almuerzo colectivo tras la labor en la huerta. “Ahora existen alternativas todavía más eficientes en términos de consumo como, por ejemplo, el&nbsp;<em><a href="https://www.elsaltodiario.com/vivienda-colaborativa" target="_blank" rel="noreferrer noopener">coliving</a></em>&nbsp;urbano abastecido por energías renovables. Pero en la monocultura capitalista en la que vivimos, nada de eso altera de forma radical el estilo de vida de la gente”.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“Creo que el feminismo tiene el potencial interseccional de unir las luchas, es algo que también veo en mis estudiantes”, cuenta Cattaneo</p>
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<p>El decrecimiento y el “crecimiento verde” (o ecomodernismo, es decir, la búsqueda de estrategias de adaptación mediante la implementación de nuevas tecnologías) son dos de las vías alternativas sugeridas por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés)&nbsp;<a href="https://www.ipcc.ch/languages-2/spanish/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">en su informe de 2022</a>. Esa fue la primera vez en la que el término “decrecimiento” apareció citado de forma explícita desde 1990, cuando se publicó el primer informe del panel intergubernamental.</p>



<p>Según Cattaneo, siempre existe el riesgo de que el “crecimiento verde” esconda una suerte de&nbsp;<a href="https://www.elsaltodiario.com/fascismo/gaza-un-prototipo-ecofascismo" target="_blank" rel="noreferrer noopener">ecofascismo</a>: una adaptación a la crisis climática que implique la adopción de tecnologías eficientes por parte del Norte Global mediante la creación de “zonas de sacrificio” en el Sur Global. Algunos ejemplos comunes son las explotaciones mineras para la extracción de metales y minerales raros indispensables para las nuevas tecnologías, los vertederos globales, el cierre de fronteras y el bloqueo de las rutas de migración allá donde más se padecen los efectos del cambio climático.</p>



<p>En oposición a este modelo de prosperidad basado en la explotación y la exclusión, el decrecimiento propone un enfoque interseccional basado en el feminismo, la reflexión&nbsp;<em>queer</em>&nbsp;y el pensamiento decolonial. “Creo que el feminismo tiene el potencial interseccional de unir las luchas, es algo que también veo en mis estudiantes”, cuenta Cattaneo. Durante mucho tiempo, la tradición feminista ha quedado relegada a los márgenes del pensamiento ecológico dominante en Occidente, pero la necesidad de una perspectiva feminista en los asuntos medioambientales es cada vez mayor, especialmente en los círculos decrecentistas. Algunos de los términos clave En&nbsp;<em>Decrecimiento: vocabulario para una nueva era</em>&nbsp;(2015), editado por Giacomo D’Alisa, Federico Demaria y&nbsp;<a href="https://www.elsaltodiario.com/decrecimiento/giorgos-kallis-vivimos-era-limites-sabemos-limitarnos-nosotros" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Giorgos Kallis</a>&nbsp;(todos académicos de la Universidad Autónoma de Barcelona), son “cuidados” y “economía feminista”.</p>



<p>En el valle de Can Masdeu se está intentando aplicar este enfoque interseccional. “Hace ya un año que estamos reorganizando algunas cosas y avanzando en una dirección más feminista. Por ejemplo, hemos formalizado el trabajo de cuidados”, dice Maria Madeleine Pérez Jiménez, una activista venezolana que vive en Can Masdeu. El trabajo de cuidados abarca todas aquellas actividades que contribuyen a la reproducción social, o, dicho de otro modo, todas aquellas actividades que cubren las necesidades de la vida diaria y sustentan el trabajo productivo y las relaciones sociales. El trabajo de cuidados comprende las labores domésticas y la atención familiar, pero también empleos tales como el apoyo a la autonomía o la enseñanza.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“Estar aquí nos permite desalarizar y desmercantilizar nuestras vidas. Además, hay pocas cosas más feministas que proteger la tierra”, concluye Pérez Jiménez.</p>
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<p>El reconocimiento de los cuidados como una forma de trabajo real ha sido una de las reivindicaciones primordiales del feminismo desde los años 70, cuando se lanzó la campaña internacional Wages for Housework, que reclamaba un salario para el trabajo doméstico. Tal y como nos explica Pérez Jiménez, toda persona que reside en régimen permanente en Can Masdeu debe dedicar 14 horas cada semana al proyecto comunitario, lo que incluye el trabajo de cuidados.</p>



<p>“Consideramos que cultivar una perspectiva feminista también significa prestar especial atención a la gestión y resolución de conflictos. Después de atravesar una crisis interpersonal hace algún tiempo, decidimos designar un grupo para que lidiase de manera específica con estos problemas”, prosigue Pérez Jiménez. De acuerdo con sus ocupantes, la combinación de la perspectiva ecológica y la feminista entraña volver a priorizar la vida (tanto la humana como la no humana). “Estar aquí nos permite desalarizar y desmercantilizar nuestras vidas. Además, hay pocas cosas más feministas que proteger la tierra”, concluye Pérez Jiménez.<br><br>En un hospital donde ya no quedan pacientes, se desarrolla una cura para el futuro.</p>



<p><em>Translated by <a href="https://www.elsaltodiario.com/" data-type="link" data-id="https://www.elsaltodiario.com/">El Salto</a></em>.</p>



<p></p>
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			</item>
		<item>
		<title>¿Es posible una Inteligencia Artificial verde y justa?</title>
		<link>https://www.greeneuropeanjournal.eu/es-posible-una-inteligencia-artificial-verde-y-justa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amir Hashemi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Feb 2025 12:08:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Climate and Energy]]></category>
		<category><![CDATA[AI]]></category>
		<category><![CDATA[AI Race]]></category>
		<category><![CDATA[AII Regulation]]></category>
		<category><![CDATA[Artificial Intelligence]]></category>
		<category><![CDATA[ChatGPT]]></category>
		<category><![CDATA[Climate]]></category>
		<category><![CDATA[DeepSeek]]></category>
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		<category><![CDATA[LLM]]></category>
		<category><![CDATA[OpenAI]]></category>
		<category><![CDATA[Sam Altman]]></category>
		<category><![CDATA[Sustainability]]></category>
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					<description><![CDATA[Los líderes mundiales y los inversores privados se pelean por hacerse un hueco en la fiebre del oro de la inteligencia artificial. La irrupción de la china DeepSeek ha sacudido momentáneamente el dominio estadounidense en el sector, mientras la UE trata de ponerse al día sin perder de vista los riesgos de un avance tecnológico sin control. Pero para que la IA cumpla su promesa de impulsar una revolución ecológica y socialmente justa, su modelo actual necesita un replanteamiento de base.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-introduction"><p>Los líderes mundiales y los inversores privados se pelean por hacerse un hueco en la fiebre del oro de la inteligencia artificial. La irrupción de la china DeepSeek ha sacudido momentáneamente el dominio estadounidense en el sector, mientras la UE trata de ponerse al día sin perder de vista los riesgos de un avance tecnológico sin control. Pero para que la IA cumpla su promesa de impulsar una revolución ecológica y socialmente justa, su modelo actual necesita un replanteamiento de base.</p></div>



<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-introduction"><p></p></div>



<p>Hoy la herramienta favorita de la internacional reaccionaria y negacionista occidental es la motosierra. Pero ¿qué pasaría si esta motosierra mecánica diera un salto tecnológico y fuera además controlada por la Inteligencia Artificial (IA)? En un mundo incierto e inestable donde las motosierras iliberales y climato-escépticas de Donald Trump, Javier Milei y Viktor Orban se han aliado con la oligarquía <em>tecnobro </em>de Silicon Valley, esta pregunta es central para el devenir de nuestras democracias y del planeta.</p>



<p>Y tampoco es una pregunta tan nueva. Cualquier nueva tecnología en el campo de la información que ha surgido a lo largo de la Historia plantea retos complejos para Sapiens. Por ejemplo, ¿han representado una mejora democrática y social la invención de la radio y la televisión? Pues resulta que han sido usadas tanto para fines democráticos como totalitarios, ya sea por ejemplo para la resistencia francesa desde <em>Radio Londres</em> o para el cine propagandístico nazi de Leni Riefenstahl. Como bien recuerda Yuval Noah Harari, “la información no es la verdad. Su principal tarea es conectar más que representar, y las redes de información a lo largo de la historia han privilegiado a menudo el orden sobre la verdad. (&#8230;) Más información, irónicamente, puede resultar a veces en más caza de brujas”<sup data-fn="1f4ef145-5b1b-4f64-add1-ae455c162783" class="fn"><a href="#1f4ef145-5b1b-4f64-add1-ae455c162783" id="1f4ef145-5b1b-4f64-add1-ae455c162783-link">1</a></sup>. Avisados estamos, hay antecedentes.</p>



<div class="wp-block-ldgejblocks-gej-block-announcement" style="background-color:#f2f2f2">
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">Acting Out: Arts and Culture Under Pressure &#8211; Our latest print edition is out now!</h2>



<p class="has-text-align-center">Read it online or get your copy delivered straight to your door.<br></p>



<div class="wp-block-button has-custom-width wp-block-button__width-25 is-style-outline has-text-align-center is-style-outline--5"><a class="wp-block-button__link has-black-color has-text-color has-background has-small-font-size has-text-align-center has-custom-font-size wp-element-button" href="https://www.greeneuropeanjournal.eu/edition/acting-out-arts-culture-under-pressure/" style="border-radius:0px;background-color:#f2f2f2" target="_blank" rel="noreferrer noopener">READ &amp; ORDER</a></div>
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<p>Eso sí, desde la Segunda Guerra Mundial, las nuevas –y enseguida ya no tan nuevas– tecnologías (ordenadores, internet, smartphones, redes sociales, etc), se suceden a una velocidad cada vez más vertiginosa y exponencial. Y casualidad, o no, chocan de frente y de manera temporalmente simultánea con otra crisis desenfrenada que achaca la especie humana: la ecológica. Mientras que estas tecnologías dieron una cal y otra de arena para el planeta, con un balance global bastante pobre, ¿será la IA el santo grial para la sostenibilidad o la sierra artificial que corte la última rama en la que Sapiens está sentado? Mire usted, si hasta la propia IA es incapaz de responder a esta pregunta. Pruebe y verá. Spoiler: disonancia cognitiva garantizada.</p>



<p>A estas alturas de la película, fiebre de oro tecnológica tras fiebre de oro tecnológica, sabemos de sobra que las tecnologías de la información modernas son a la vez fuente de nuevas soluciones y nuevos problemas. Añadiendo en el caso de la IA un factor suplementario nada insignificante: a su manera, la IA es capaz de aprender y pensar por sí sola, y lo hace muy pero que muy rápido. Ante estos desafíos con sabor a <em>déjà vu</em> pero con nuevas incógnitas, ¿cómo performa la IA en derechos y ecología? Y, sobre todo, ¿cuál debería ser la respuesta pública y colectiva para sacar lo mejor de su potencial y que no sea ninguna arma de caza de brujas moderna, ni ninguna bomba ecológica?</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Big Brother is back</strong></h2>



<p>La IA vuelve a abrir el debate entre tecnología y derechos fundamentales. Su potencial la convierte en un arma de doble filo según en qué manos caiga. Al igual que la televisión o el cine llegaron a ser armas de propaganda masiva o que las redes sociales pueden ser fuentes descomunales de <a href="https://www.greeneuropeanjournal.eu/la-maquina-del-fango-en-valencia-y-como-luchar-contra-la-infodemia-climatica/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">desinformación en el siglo XXI</a>,<sup data-fn="b3651d2d-c28d-4b82-a0cf-a71e1674f1bd" class="fn"><a href="#b3651d2d-c28d-4b82-a0cf-a71e1674f1bd" id="b3651d2d-c28d-4b82-a0cf-a71e1674f1bd-link">2</a></sup> ¿qué papel puede jugar la IA en un mundo cada vez más convulso y con fuertes tintes autoritarios y reaccionarios?</p>



<p>Muchos poderes públicos claman que la IA bien empleada puede servir como un sistema para reforzar la seguridad ciudadana. Sin embargo, si bien puede llegar a ser cierto en algunos casos, el reconocimiento facial y la vigilancia biométrica en espacios públicos y privados<sup data-fn="4d96857a-669c-4485-96a7-b3290e8c50b9" class="fn"><a href="#4d96857a-669c-4485-96a7-b3290e8c50b9" id="4d96857a-669c-4485-96a7-b3290e8c50b9-link">3</a></sup> abren también las puertas a reducir fuertemente ciertos derechos fundamentales como la libertad de expresión e información, el derecho a manifestarse o el derecho a la privacidad. Y nada de esto es un futurible. <a href="https://www.clarin.com/policiales/marcha-piquetera-recorte-planes-funciona-sistema-reconocimiento-facial_0_22Xt18FKba.html#google_vignette" target="_blank" rel="noreferrer noopener">En Argentina</a>, dos días antes de una importante manifestación en 2023, el Gobierno motosierrano del presidente Milei, con su lema anti-piqueteros “el que corta no cobra”, amenazó con utilizar el reconocimiento facial para identificar a las personas manifestantes y recortar sus beneficios sociales. La amenaza surtió efectos: la poca gente presente en la calle era inversamente proporcional al mucho derecho a la protesta que se evitó de forma preventiva. <a href="https://meduza.io/en/news/2024/03/05/russian-authorities-using-video-footage-to-identify-and-arrest-people-who-attended-navalny-s-funeral" target="_blank" rel="noreferrer noopener">En Rusia</a>, personas que atendieron el funeral del opositor Alexei Navalny, muerto en las cárceles de Putín, fueron arrestadas tras ser identificadas por el reconocimiento facial que analizó las imágenes de las cámaras de seguridad y de las redes sociales. <em>Big Brother strikes gain</em>.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Si no se regula o controla correctamente, no todos somos y seremos iguales ante &#8216;<em>Big BroTech</em>&#8216;.</p>
</blockquote>



<p>No solo esto. Como si ya estuviéramos inmersos en un capítulo de <em>Black Mirror</em>, la IA puede reforzar de forma muy tangible los llamados <a href="https://www.eldebate.com/tecnologia/20241023/social-scoring-terror-ia-pondra-notas-ciudadanos_237996.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>social scoring</em></a><a href="https://www.eldebate.com/tecnologia/20241023/social-scoring-terror-ia-pondra-notas-ciudadanos_237996.html">,</a> es decir sistemas de puntuación social o ciudadana. A través de estas herramientas, es posible evaluar los comportamientos de las personas mediante la recopilación masiva de datos personales y luego vincular sus derechos, sus prestaciones sociales o al acceso a los servicios públicos a su puntuación. Las consecuencias en la vida cotidiana son potencialmente enormes: menos privacidad, discriminación social, control en el ámbito público y privado, impacto en la salud mental, etc. ¿Imposible? Pero si China ya lo está probando con su sistema de crédito social. Así que desde el punto de vista de los derechos y seguridad, andemos también con cuidado ante la llegada fracasante de la IA china <em>DeepSeek</em>. Más allá de la censura más visible en esta IA (pregúntele a ella misma por ejemplo <a href="https://elpais.com/tecnologia/2025-01-28/ni-tiananmen-ni-taiwan-asi-funciona-y-como-saltarse-la-censura-de-la-ia-china-deepseek.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">sobre Tiananmen o Taiwan</a>), el Gobierno chino <a href="https://elpais.com/tecnologia/2025-01-30/deepseek-no-es-un-juego-el-peligro-para-la-privacidad-de-la-nueva-ia-china.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">ya ha probado en el pasado</a> que sabe usar su poder tecnológico como arma para la vigilancia, el control y la coerción tanto en su país como fuera. Ojo, no es oro todo lo que reluce.&nbsp;</p>



<p>Pero no seamos hipócritas. En Estados Unidos, el país de la <em>Broligarquía</em>,<sup data-fn="5527e15a-093e-4514-99ab-f7fcfb3509c8" class="fn"><a href="#5527e15a-093e-4514-99ab-f7fcfb3509c8" id="5527e15a-093e-4514-99ab-f7fcfb3509c8-link">4</a></sup> si bien los objetivos iniciales de algunos usos de la IA buscan con razón mejorar la eficiencia de lo público y hasta lo pueden conseguir, <a href="https://hls.harvard.edu/today/algorithms-and-their-unintended-consequences-for-the-poor/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">se ha estudiado</a> que los algoritmos también pueden tener un sesgo discriminatorio en contra de los colectivos pobres y clases trabajadoras. Mientras que <a href="https://medium.com/@FairTrials/my-sons-were-profiled-by-a-racist-predictive-policing-system-the-ai-act-must-prohibit-these-b2ea66a9a763" target="_blank" rel="noreferrer noopener">en Ámsterdam</a> las autoridades llegaron a utilizar un algoritmo para clasificar a los jóvenes de barrios desfavorecidos en función de su probabilidad de convertirse en delincuentes. Como critica <a href="https://www.lemonde.fr/idees/article/2025/02/04/l-appel-d-une-centaine-d-ong-l-ia-telle-qu-elle-est-developpee-alimente-un-systeme-d-exploitation-global_6531422_3232.html">un cent</a><a href="https://www.lemonde.fr/idees/article/2025/02/04/l-appel-d-une-centaine-d-ong-l-ia-telle-qu-elle-est-developpee-alimente-un-systeme-d-exploitation-global_6531422_3232.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">e</a><a href="https://www.lemonde.fr/idees/article/2025/02/04/l-appel-d-une-centaine-d-ong-l-ia-telle-qu-elle-est-developpee-alimente-un-systeme-d-exploitation-global_6531422_3232.html">nar de ONGs europeas</a>, hoy la IA tal y como es desarrollada hoy amplifica las discriminaciones de clase, sexistas o racistas. Si no se regula o controla correctamente, no todos somos y seremos iguales ante “<em>Big BroTech”</em>.</p>



<p>Y recordemos: los derechos no son solo civiles sino también sociales y económicos. En este sentido, ¿cómo afecta la IA a un derecho constitucional básico como es el trabajo?<sup data-fn="3ddd1152-4484-488b-861e-3e430772cc0b" class="fn"><a href="#3ddd1152-4484-488b-861e-3e430772cc0b" id="3ddd1152-4484-488b-861e-3e430772cc0b-link">5</a></sup> Mientras que a día de hoy la IA irrumpe en el mundo laboral, o al menos así se vende, como un coche de Fórmula 1 en una zona 30, la realidad es quizás menos disruptiva. Por ejemplo, en España, <a href="https://www.randstadresearch.es/ia-mercado-trabajo-espana/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un informe</a> no apunta a una gran revolución laboral sino más bien a cambios diferenciados y matizados según qué sector.<sup data-fn="90a9c80c-c71a-4e42-97d3-abe3fd74883c" class="fn"><a href="#90a9c80c-c71a-4e42-97d3-abe3fd74883c" id="90a9c80c-c71a-4e42-97d3-abe3fd74883c-link">6</a></sup> Por su parte a nivel mundial, <a href="https://www.ilo.org/es/resource/news/la-ia-generativa-complementar%C3%A1-empleos-en-vez-de-destruirlos" target="_blank" rel="noreferrer noopener">la Organización Internacional del Trabajo</a> augura sobre todo una complementariedad entre los empleos existentes y la IA, indicando un cambio en la intensidad del trabajo y la autonomía, con un mayor riesgo para las mujeres.<sup data-fn="96a278b0-cb28-4792-9b85-48c27e714f7e" class="fn"><a href="#96a278b0-cb28-4792-9b85-48c27e714f7e" id="96a278b0-cb28-4792-9b85-48c27e714f7e-link">7</a></sup> Asimismo, sin prisa pero sin pausa, el cuestionamiento en torno a IA y trabajo tendría que ser ante todo cualitativa y finalista. ¿Reforzará la IA a las personas trabajadoras o mermará sus derechos? ¿Aportará más igualdad laboral entre hombres y mujeres o mayor brecha de género? ¿Ayudará a deshacernos de los <em>bullshit job </em>o los hará aún más <em>bullshit</em>? Y más allá, ¿fomentará los sectores verdes o reforzará los sectores insostenibles?</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El precio ecológico de la IA</strong></h2>



<p>De hecho, para nadie es un secreto: la IA consume cantidades astronómicas de recursos naturales. No lo dicen ludistas o ecologistas lunáticos sino <a href="https://futurism.com/sam-altman-energy-breakthrough" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Sam Altman, el director general de OpenAI</a>. Reconociendo que la IA podría crear una crisis energética, llegó a decir en el foro de Davos del 2024 que <em>“no hay manera de llegar sin cambios drásticos”. </em>Pero si bien el mismísimo gurú de la IA reconoce lo evidente, la industria no da, ni filtra casi ningún dato. Sin embargo, la IA, ya sea para <a href="https://forotransiciones.org/wp-content/uploads/sites/51/2025/01/BrunetPere_IA-y-cambio-global.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">sus centros de datos, sus procesos de aprendizaje o su uso diario</a>, necesita mucha electricidad, agua, minerales, al mismo tiempo que emite mucho CO2.</p>



<p>Primero, <a href="https://vert.eco/articles/electricite-eau-mineraux-co2-on-a-tente-de-mesurer-lempreinte-ecologique-de-chatgpt?mc_cid=3e6bb82535&amp;mc_eid=e4982ad1cd" target="_blank" rel="noreferrer noopener">se estima</a> que la demanda de electricidad relacionada con la IA creada por la <em>Big Tech</em> se podría duplicar de aquí a 2030. <a href="https://linkback.morganstanley.com/web/sendlink/webapp/f/uoqd43jg-3rmf-g000-a39e-9b95ecd18a1e?store=0&amp;d=UwBSZXNlYXJjaF9NUwBmZjc2OGEyNC1hMGNjLTExZWUtODY4My05NjcxZTAxZTgxYTk%3D&amp;user=ib_2_10n4wunpp8q5m_OTA3ZDJlZTBfYW1lbGlhLm1jbGFjaGxhbkBtb3JnYW5zdGFubGV5LmNvbQ==&amp;__gda__=1803044685_4ce99c4401258c206318872c5415ec7b" target="_blank" rel="noreferrer noopener">En 2027</a>, ¡la IA generativa podría consumir ni más ni menos que tanta electricidad como España en 2022!<sup data-fn="4771e411-31ea-43d3-8497-0a2f5fbde581" class="fn"><a href="#4771e411-31ea-43d3-8497-0a2f5fbde581" id="4771e411-31ea-43d3-8497-0a2f5fbde581-link">8</a></sup> El problema es que esta demanda crece más rápido que el desarrollo de las energías renovables y nos enfrenta a dos problemas de gran magnitud. Por un lado, ¿cómo generamos esta electricidad? Mientras Trump 2.0 apuesta por las energías sucias como el carbón, el petróleo o el gas, y por tanto llevarnos a los peores escenarios climáticos, Altman y otras grandes multinacionales de la IA, como Microsoft o AWS, apuestan por la energía nuclear para complementar las renovables. Y no cualquier nuclear, la fusión, que hoy sigue siendo una distopía lejana.</p>



<p>Así que si uno apuesta por proteger el clima y sin esperar a la más que dudosa fusión, otro problema surge. Si la oferta de electricidad renovable es insuficiente para la demanda global, ¿quién se quedaría con la electricidad verde producida? En un mundo donde no es posible tenerlo todo al mismo tiempo (energía infinita y clima estabilizado dentro de los límites del Acuerdo de París), habría que decidir entre chatear con una IA, conducir el coche eléctrico o encender la luz en casa. U, otra opción, que solo una parte de la población tenga acceso a estos servicios que quizás algún día sean considerados como lujos para otra parte de la población. Sin ninguna sorpresa, de nuevo, ecología y justicia son dos caras del mismo reto.</p>



<p>Segundo, la IA necesita agua, mucha agua. Incluso utilizando modelos conservadores, <a href="https://elpais.com/tecnologia/2025-01-23/la-ia-consumira-en-ee-uu-tanta-energia-como-toda-espana.html?event_log=oklogin" target="_blank" rel="noreferrer noopener">se proyecta</a> que el consumo de agua dulce de los centros de datos de Estados Unidos en 2028 podría hasta cuadruplicar el nivel de 2023. Para cada diez consultas que usted le hace al ChatGPT-3, se consume 500 mililitros de agua. Multiplique esto por miles de millones de consultas al día y hágase una idea del volumen total requerido. Con la IA, nadamos en un océano de efecto rebote. Por si fuera poco, la IA, como cualquier otra nueva tecnología reciente, requiere también muchos minerales (cobre, litio, cobalto, etc.). Esto podría reforzar los conflictos de uso entre IA, coches eléctricos y energías renovables, todos muy necesitados de dichas materias primas, y acentuar la presión sobre los conflictos socio-ecológicos tales como la apertura de nuevas minas en Europa. La tecnología no es inocua, su desarrollo tiene un precio ecológico y democrático.</p>



<p>Por último, pero no menos importante, la IA no es para nada neutral en carbono. Si realiza usted una conversación corta con el último modelo de ChatGPT, <a href="https://vert.eco/articles/electricite-eau-mineraux-co2-on-a-tente-de-mesurer-lempreinte-ecologique-de-chatgpt?mc_cid=3e6bb82535&amp;mc_eid=e4982ad1cd" target="_blank" rel="noreferrer noopener">habrá emitido en torno a 0,27 kilogramos equivalentes de CO2</a>. Y si realiza una media de 10 intercambios de este tipo al día durante un año, hablamos de casi una tonelada de CO2 al año. Esto equivale a la mitad de lo que una persona debería emitir en 2050 para respetar el Acuerdo de París. Poca broma sí, pero a la luz de los acontecimientos provenientes de China, este consumo de energía y emisiones faraónicas no parecen del todo inevitables. Donde parecía que solo el <em>Big (Heavy) Tech </em>estadounidense muy necesitada en recursos podía performar bien, la china <em>DeepSeek</em> llega a resultados similares usando mucho menos chips. Según los primeros datos, consume <a href="https://www.resources.org/on-the-issues/on-the-issues-los-angeles-wildfires-aftermath-artificial-intelligence-emissions-and-more/#:~:text=DeepSeek%2C%20an%20AI%20company%20based,varies%20in%20supporting%20this%20claim." target="_blank" rel="noreferrer noopener">entre un 10% y un 40%</a> menos de energía que sus competidores. Si bien hay que cogerlos con cautela hasta tener más transparencia sobre la realidad de la IA oriental, y que incluso así el consumo sigue siendo ingente y no se libra del efecto rebote, esta (relativamente) <em>Little Tech</em> aporta un granito de arena para cuestionar los excesos de la IA de Silicon Valley y ponerla a dieta.</p>



<p>Pero más allá de este pulso energético y geopolítico entre EEUU y China, para ambos se plantea la pregunta del millón. ¿Puede la IA compensar la huella ecológica que ella misma provoca e incluso inclinar la balanza hacia la sostenibilidad? Es lo que piensa <a href="https://www.infobae.com/tecno/2024/07/01/bill-gates-asegura-que-la-ia-es-la-herramienta-clave-para-frenar-el-cambio-climatico/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Bill Gates</a>.<sup data-fn="ba7939fb-b48b-4188-950d-115146138f87" class="fn"><a href="#ba7939fb-b48b-4188-950d-115146138f87" id="ba7939fb-b48b-4188-950d-115146138f87-link">9</a></sup> Es cierto que existen usos alentadores para la transición ecológica: redes energéticas más eficientes, modelización climática más potente o investigación científica más rápida.<sup data-fn="468f92a2-f9e7-424a-8ceb-233bea502833" class="fn"><a href="#468f92a2-f9e7-424a-8ceb-233bea502833" id="468f92a2-f9e7-424a-8ceb-233bea502833-link">10</a></sup> Pero ojo, lo mismo se decía de la revolución digital de la <em>High Tech</em> hace 30 años. Hoy a pesar de sus promesas iniciales en los noventas y de sus usos nada insignificantes a favor de la eficiencia, <a href="https://www.publico.es/ciencias/internet-contamina-industria-aviacion-global.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">internet emite más CO2 que la aviación</a><sup data-fn="77c7c7c1-343a-43da-9917-a007bd90720c" class="fn"><a href="#77c7c7c1-343a-43da-9917-a007bd90720c" id="77c7c7c1-343a-43da-9917-a007bd90720c-link">11</a></sup> y la huella ecológica mundial no ha parado de crecer. Y recuerden: en el campo de la IA, no solo juega el equipo de la transición ecológica. Al igual que lo hicieron con lo digital, los magnates de las energías fósiles también usan hoy la IA para acelerar la exploración y explotación de hidrocarburos.<sup data-fn="f533cbb6-1f68-4b39-9259-ee7ed53a4fc7" class="fn"><a href="#f533cbb6-1f68-4b39-9259-ee7ed53a4fc7" id="f533cbb6-1f68-4b39-9259-ee7ed53a4fc7-link">12</a></sup> Y evidentemente, por mucho que pese al clima, no juegan para perder. ¿<em>In Gates we trust</em>?</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Entre la <em>Bro Tech</em> capitaneada por Elon Musk y la <em>Oriental Tech</em> tutelada por el Gobierno chino, puede hacerlo de forma distinta.</p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Big High Tech vs Little Low Tech</strong></h2>



<p>Ahora bien, entre riesgos y potencialidades, y ante su inevitable desarrollo, ¿qué hacemos con la IA? Primero, recordemos una vez más lo básico. Como bien plantea <a href="https://www.popsci.com/environment/climate-change-ai/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Climate Change AI</em></a>, la IA no es ninguna solución milagrosa. Más bien, es una herramienta adicional, que hay que usar con moderación cuando aporta un valor añadido ambiental y social y que además sólo será útil si es usada para potenciar la transición ecológica y justa.</p>



<p>Para ello, es necesario regular <a href="https://www.europarl.europa.eu/news/es/press-room/20240308IPR19015/la-eurocamara-aprueba-una-ley-historica-para-regular-la-inteligencia-artificial" target="_blank" rel="noreferrer noopener">el uso que se puede hacer de la IA</a>.<sup data-fn="e3f2bffb-53c7-44b4-8195-29a8b74ab376" class="fn"><a href="#e3f2bffb-53c7-44b4-8195-29a8b74ab376" id="e3f2bffb-53c7-44b4-8195-29a8b74ab376-link">13</a></sup> Es lo que ha hecho por ejemplo la Unión Europea de forma pionera a nivel mundial, principalmente en torno a los derechos fundamentales. Persiguiendo un afán loable para proporcionar al mismo tiempo seguridad y ética, <a href="https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX:32024R1689" target="_blank" rel="noreferrer noopener">la ley aprobada en 2024</a> excluye la puntuación social, el reconocimiento de emociones en el lugar de trabajo y en las escuelas, la actuación policial predictiva, la manipulación del comportamiento humano o que explote las vulnerabilidades de las personas o algunos sistemas de categorización biométrica<sup data-fn="546bc2e5-832d-4e8e-a35c-18f21478b03b" class="fn"><a href="#546bc2e5-832d-4e8e-a35c-18f21478b03b" id="546bc2e5-832d-4e8e-a35c-18f21478b03b-link">14</a></sup> (pero, cuidado, autoriza el uso del reconocimiento biométrico con fines policiales). Además, para cualquier uso considerado de alto riesgo,<sup data-fn="a9794245-42dd-4b18-8532-de15468bbe0c" class="fn"><a href="#a9794245-42dd-4b18-8532-de15468bbe0c" id="a9794245-42dd-4b18-8532-de15468bbe0c-link">15</a></sup> y so pena de multas millonarias, los organismos y empresas responsables deberán evaluar y reducir los riesgos, mantener registros de uso, ser transparentes y contar con supervisión humana. La UE se ha leído a Hobbes y Orwell, y se protege ante el Leviatán moderno.</p>



<p>Ahora bien, si bien la UE es campeona en legislación, ¿está preparada para luchar en el terreno de la innovación tecnológica con EEUU y con China? En el contexto actual donde <a href="https://www.abc.es/tecnologia/eeuu-crea-ia-china-copia-europa-limita-20250129193926-nt.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">EEUU crea la IA, China la copia y UE la regula</a>, es urgente que Europa ponga en marcha todas las herramientas posibles para superar su mero papel de legislador mundial y, más allá de la reglamentación, asegure también su soberanía tecnológica. Entre la <em>Bro Tech</em> capitaneada por Elon Musk y la <em>Oriental Tech</em> tutelada por el Gobierno chino, puede hacerlo de forma distinta, combinando el impulso público y la cooperación pública-privada con la protección de los derechos fundamentales, una menor necesidad de recursos monetarios y naturales, y una tecnología propia al servicio de las personas y del planeta.&nbsp;</p>



<p>Para ello, se requieren varios criterios claros. Primero, además de mantener los altos estándares sobre derechos de la ciudadanía, la transparencia de la IA es una pieza fundamental. Asimismo se trata de conocer la información sobre los datos de entrenamiento, es decir entender cómo piensa y los valores detrás del modelo. No es lo mismo una IA entrenada con el pensamiento de Buda que con los del Ku-Klux-Klan. Ni serán iguales sus respuestas y el comportamiento humano derivado. El sesgo ideológico y cultural del entrenamiento inicial importa. En este contexto, la educación crítica y desde una edad temprana para la juventud así como la formación continua de las personas trabajadores es básico para un uso informado, responsable y ético de la tecnología en general y de la IA en particular.</p>



<p>Segundo, ante su potencial disruptivo, es necesario plantear una IA de código abierto como modelo base para su futuro desarrollo en vez de una IA cerrada y opaca en manos de una Silicon Valley fuera de control. Al igual que la <em>World Wide Web</em> vio la luz gracias al financiamiento público de muchos países europeos y luego pasó a ser de dominio público en 1993, una IA universal, pública y abierta sería una apuesta clara por una <a href="https://www.kopen.es/ia-de-codigo-abierto-3-alternativas-a-chatgpt-que-debes-conocer/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">tecnología democrática, innovadora y colaborativa</a>.<sup data-fn="c4c9730c-45c6-4a02-b201-641708b1748c" class="fn"><a href="#c4c9730c-45c6-4a02-b201-641708b1748c" id="c4c9730c-45c6-4a02-b201-641708b1748c-link">16</a></sup> Es decir, una apuesta por una tecnología donde la comunidad global y las <em>Little tech</em>, y no solo las <em>Big Tech</em>, pueden contribuir y beneficiarse tanto social como económicamente de los avances en esta materia.</p>



<div id="mailchimpForm" class="wp-block-ldgejblocks-ld-mailchimp-block background-dark" data-layout="1"></div>



<p>Tercero, el impacto ecológico de la IA tiene que ser una variable central de la ecuación. Como recuerda <a href="https://www.youtube.com/watch?v=SrP-20O4no0" target="_blank" rel="noreferrer noopener">la experta en IA Sasha Luccioni</a>, ciertos usos de la IA no tienen sentido en un mundo ecológicamente sostenible y ambientalmente justo: para un cálculo simple, hágame el favor de coger un boli o una calculadora, no la IA. Dicho de otra manera, hacer su lista de compra con la IA o preguntarle por el tiempo o cómo vestirse al día siguiente es cómo coger un Ferrari para ir a comprar el pan. Pero ni poseer un Ferrari es recomendable desde un punto de vista de la justicia social y ambiental, y aún menos usar su potencia para recorrer 500 metros de casa a la panadería.</p>



<p>En este sentido, y <a href="https://greentechinnovation.fr/storage/2024/06/Referentiel-general-pour-lIA-frugale.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">siguiendo el modelo propuesto por la Asociación francesa de certificación</a>, se trata de desarrollar la llamada “<em>IA frugal</em>”. Hablamos de una IA austera que solo se usa cuando está demostrado que aporta un verdadero cambio ecológico y social en comparación con otro medio menos energívoro y que sus usos son siempre compatibles con los límites del planeta. De hecho, al igual que se han caracterizado los usos de la IA en función de los derechos fundamentales, sería perfectamente factible caracterizar sus usos en función de su huella ecológica. Según sus usos tengan impactos ecológicos “inaceptables”, “altos” o “limitados”, la IA podría ser respectivamente sustituida por otra tecnología <em>low tech </em>que da un servicio parecido por un precio ecológico mucho más bajo, administrada con criterios públicos y de reparto justo cuando se usa para servicios con mucha huella ecológica pero de alta necesidad social (sanidad, educación, etc.), o ser de libre acceso en casos de impactos mínimos. La transición ecológica y justa no se soluciona a golpe de Ferraris, va más de bicis y transporte público de alta calidad.</p>



<p>Ante los retos para los derechos fundamentales y la sostenibilidad, la IA es, como cualquier tecnología del presente y del pasado, ambigua y ambivalente. Tal como un Jano de dos caras, puede apoyar la justicia social y ambiental o todo lo contrario. Hasta el momento, la <em>Big High Tech</em> ha dominado la teoría, la narrativa y la práctica. Trabajemos pues para que la <em>Low Little Tech</em> dé la vuelta a la tortilla y, de esta manera, que la IA caiga del lado verde y justo de la Historia.&nbsp;&nbsp;</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>


<ol class="wp-block-footnotes"><li id="1f4ef145-5b1b-4f64-add1-ae455c162783">La UE prohíbe los usos “inaceptables” para los derechos fundamentales de la ciudadanía, pone exigencias normativas más o menos coercitivas según el riesgo sea considerado como “alto” o “limitado” mientras que los usos de riesgo “mínimo” tienen una regulación mucho más ligera.Yuval Noah Harari (2024), <em>Nexus. A Brief History of Information Networks from the Stone Age to IA</em>, Fern Press, p. 400. <a href="#1f4ef145-5b1b-4f64-add1-ae455c162783-link" aria-label="Jump to footnote reference 1"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="b3651d2d-c28d-4b82-a0cf-a71e1674f1bd">Véase el caso de las inundaciones en Valencia. Lo analizo en <a href="https://www.greeneuropeanjournal.eu/la-maquina-del-fango-en-valencia-y-como-luchar-contra-la-infodemia-climatica/">La máquina del fango en Valencia y cómo luchar contra la infodemia climática</a>. <a href="#b3651d2d-c28d-4b82-a0cf-a71e1674f1bd-link" aria-label="Jump to footnote reference 2"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="4d96857a-669c-4485-96a7-b3290e8c50b9">Hablamos de <em>identificación biométrica</em> (determinar la identidad de una persona en base a su cara, su voz o una huella), <em>de reconocimiento emocional</em> (interpretar las emociones humanas como la expresión facial o el lenguaje) o de <em>categorización biométrica</em> (clasificar a las personas físicas sobre la base de sus datos biométricos en función de su sexo, edad, origen étnico u orientación sexual o política, etc.). <a href="#4d96857a-669c-4485-96a7-b3290e8c50b9-link" aria-label="Jump to footnote reference 3"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="5527e15a-093e-4514-99ab-f7fcfb3509c8">Neologismo formado entre <em>Brother </em>y <em>Oligarquía</em>. <a href="#5527e15a-093e-4514-99ab-f7fcfb3509c8-link" aria-label="Jump to footnote reference 4"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="3ddd1152-4484-488b-861e-3e430772cc0b">La mayoría de los Estados miembros de la UE reconocen “el derecho al trabajo” como un derecho constitucional (por ejemplo, el artículo 35 de la Constitución española), mientras que la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE estipula en su artículo 31.1 que “Todo trabajador tiene derecho a trabajar en condiciones que respeten su salud, seguridad y dignidad”. <a href="#3ddd1152-4484-488b-861e-3e430772cc0b-link" aria-label="Jump to footnote reference 5"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="90a9c80c-c71a-4e42-97d3-abe3fd74883c">Los empleos vinculados al comercio, la hostelería y el transporte serían los más impactados; los de la agricultura, industrias extractivas o la construcción los que menos, mientras que se crearían perfiles nuevos en el sector tecnológico, de la programación o telecomunicaciones. <a href="#90a9c80c-c71a-4e42-97d3-abe3fd74883c-link" aria-label="Jump to footnote reference 6"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="96a278b0-cb28-4792-9b85-48c27e714f7e">Eso se debería a la sobrerrepresentación de las mujeres en el trabajo administrativo cuyo sector sí podría estar fuertemente afectado por la automatización de la IA. <a href="#96a278b0-cb28-4792-9b85-48c27e714f7e-link" aria-label="Jump to footnote reference 7"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="4771e411-31ea-43d3-8497-0a2f5fbde581">Y si solo hablamos de los centros de datos, estas “nubes” (todo menos inmateriales) que hoy ya consumen el 1% de la energía eléctrica mundial, <a href="https://forotransiciones.org/wp-content/uploads/sites/51/2025/01/BrunetPere_IA-y-cambio-global.pdf">podrían llegar a consumir hasta el 3,5% en 2035</a>. <a href="#4771e411-31ea-43d3-8497-0a2f5fbde581-link" aria-label="Jump to footnote reference 8"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="ba7939fb-b48b-4188-950d-115146138f87">Si bien reconoce que la IA podría duplicar sus emisiones en 2030 y que <a href="https://blogs.microsoft.com/on-the-issues/2024/05/15/microsoft-environmental-sustainability-report-2024/">las emisiones de Microsoft</a> han crecido un 30% entre 2020 y 2024… <a href="#ba7939fb-b48b-4188-950d-115146138f87-link" aria-label="Jump to footnote reference 9"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="468f92a2-f9e7-424a-8ceb-233bea502833">Por ejemplo para encontrar nuevas combinaciones de materias primas que permitan a las baterías eléctricas ser menos dependientes de materias primas escasas. <a href="#468f92a2-f9e7-424a-8ceb-233bea502833-link" aria-label="Jump to footnote reference 10"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="77c7c7c1-343a-43da-9917-a007bd90720c">Al igual, a día de hoy, que <a href="https://observer.com/2024/12/ai-data-center-carbon-emission/#:~:text=Business%20%E2%80%A2%20Technology-,A.I.,Greenhouse%20Gases%20As%20Commercial%20Airlines">los centros de datos de la IA</a>. <a href="#77c7c7c1-343a-43da-9917-a007bd90720c-link" aria-label="Jump to footnote reference 11"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="f533cbb6-1f68-4b39-9259-ee7ed53a4fc7">Y no solo: la IA se ha convertido en una aliada esencial de los ejércitos y la industria armamentística. <a href="#f533cbb6-1f68-4b39-9259-ee7ed53a4fc7-link" aria-label="Jump to footnote reference 12"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="e3f2bffb-53c7-44b4-8195-29a8b74ab376">La UE prohíbe los usos “inaceptables” para los derechos fundamentales de la ciudadanía, pone exigencias normativas más o menos coercitivas según el riesgo sea considerado como “alto” o “limitado” mientras que los usos de riesgo “mínimo” tienen una regulación mucho más ligera.<sup data-fn="b42bbe7d-bc00-470a-aab0-cd6c11f8c105" class="fn"><a href="#b42bbe7d-bc00-470a-aab0-cd6c11f8c105" id="b42bbe7d-bc00-470a-aab0-cd6c11f8c105-link">*</a></sup> <a href="#e3f2bffb-53c7-44b4-8195-29a8b74ab376-link" aria-label="Jump to footnote reference 13"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="546bc2e5-832d-4e8e-a35c-18f21478b03b">Como los basados en características sensibles así como la captura indiscriminada de imágenes faciales de internet o grabaciones de cámaras de vigilancia para crear bases de datos de reconocimiento facial. <a href="#546bc2e5-832d-4e8e-a35c-18f21478b03b-link" aria-label="Jump to footnote reference 14"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="a9794245-42dd-4b18-8532-de15468bbe0c">Servicios públicos y privados esenciales como la sanidad, la justicia, la banca o la educación, procesos democráticos y electorales, fuerzas de seguridad o migración. <a href="#a9794245-42dd-4b18-8532-de15468bbe0c-link" aria-label="Jump to footnote reference 15"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="c4c9730c-45c6-4a02-b201-641708b1748c">Ya existen por ejemplo IA de código abierto como HuggingFace, Jan o GTP4All. Es al parecer, aunque sea necesario ver hasta donde llega la transparencia, también el planteamiento de <em>DeepSeek.</em> <a href="#c4c9730c-45c6-4a02-b201-641708b1748c-link" aria-label="Jump to footnote reference 16"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li></ol>]]></content:encoded>
					
		
		
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