Desde su llegada al poder en 2019, Kais Saied ha reforzado su control sobre las instituciones tunecinas y ha dado marcha atrás en las reformas democráticas vinculadas a la Primavera Árabe. Su popularidad se alimenta del resentimiento contra los migrantes subsaharianos, las élites y la injerencia extranjera. La UE, deseosa de frenar la inmigración y desarrollar la energía verde, hace la vista gorda ante los abusos de Saied.   

Túnez es un socio privilegiado de la Unión Europea, que ha respaldado los esfuerzos de transformación de su sistema político y de estabilización económica desde la Primavera Árabe en 2011. Hace poco más de un año firmaron el Acuerdo de Asociación y el Memorando de Entendimiento para, entre otras cuestiones, apoyar la estabilidad de la economía tunecina, impulsar la transición energética y gestionar ordenadamente los flujos migratorios. 

Sin embargo, el país magrebí atraviesa un momento difícil, con graves problemas económicos y sociales. A pesar de haber remontado su economía respecto a 2023, en parte por el repunte del turismo, se acumulan elevadas cifras de desempleo (16%) que afectan sobre todo a las mujeres y a los jóvenes; la deuda pública crece y la inflación supera el 9%. El poder adquisitivo se degrada porque no hay mejoras en los salarios, el mínimo ronda los 110 euros, y los precios han aumentado.  

Kais Saied acudió a votar al barrio popular de Ennasr acompañado de su mujer. Venció por un 90,96% de los votos. ©Severine Sajous

Todo ello en el marco de una situación política complicada, tras unas elecciones presidenciales el pasado 6 de octubre muy cuestionadas, con una participación del 28%, en las que solo el 6% de los jóvenes votó, y un deterioro de la figura del presidente Kais Saied, sobre todo en el ámbito internacional.  

El renovado presidente practica una política populista y nacionalista, a golpe de decreto con poca o ninguna participación de asesores. “Llegó contra la política. La población cree en él como si fuera un profeta. No se puede cambiar la ley electoral un año antes de las elecciones, no se pueden cambiar las reglas del juego. Económicamente no habrá grandes reformas”, resume Sami Ben Abderrahmane, juez jubilado a quien entrevistó este medio.

En cinco años de mandato, Kais Saied nombró a cinco presidentes distintos, congeló el Parlamento en julio de 2021 después de años de estancamiento político y crisis económica, y lo disolvió en marzo de 2022. Una nueva Constitución otorga los poderes al presidente y debilita la influencia del Parlamento y el poder judicial de Túnez. Además, tres meses antes de las elecciones legislativas realizó cambios en la ley electoral que reducen el papel de los partidos políticos. 

Los miembros de la Alta Autoridad Electoral Independiente (ISIE), institución encargada de organizar las elecciones desde 2011, han sido nombrados directamente por Kais Saied desde 2022. De tal manera que sólo aprobó a tres candidatos para las elecciones presidenciales, incluido él mismo. Varios candidatos impugnaron la decisión ante el tribunal administrativo. Tres de ellos, Imed Daimi, Mondher Znaidi y Abdellatif Al Mekki, ganaron su apelación y el tribunal decidió reintegrarlos como candidatos. Sin embargo, el 1 de septiembre, la ISIE rechazó la sentencia judicial vinculante y se negó a implementarla. De tal manera que el día de las elecciones concurrieron Kais Saied, Ayachi Zammel en la cárcel condenado las semanas anteriores por varias causas que ya suman 12 años de prisión; y Zouhair Maghzaoui, que solo consiguió el 1,97% de votos.  

El partido del opositor Ayachi Zammel, condenado a 12 años de cárcel, días antes de las elecciones del 6 de octubre. ©Severine Sajous

Estas acciones del presidente contradicen claramente la separación de poderes de la Constitución democrática de 2014. De hecho, los críticos consideran que estas medidas amenazan los logros democráticos conseguidos tras el derrocamiento del régimen de Zine El Abidine Ben Ali en 2011 con la Revolución, y lo acusan de “deriva autoritaria”, de “golpe constitucional”, de un “autogolpe” o de un “golpe de Estado respaldado por los militares”. “Volvemos a la rutina dictatorial del período de Ben Ali, pero en un mundo mucho más difícil y con un dictador que, al contrario que su predecesor, juega, al menos retóricamente, con el nacionalismo, el populismo y el anticolonialismo. Es una especie de Gadafi triste”, reflexiona el filósofo y escritor español Santiago Alba. 

Demolición de la democracia  

A diferencia de los países árabes vecinos que experimentaron levantamientos populares masivos en 2011, Túnez no volvió inmediatamente al autoritarismo ni disputó una guerra civil. “La impresión de que antes (con Ben Ali) las cosas iban mejor va más allá de la cultura. Hubo una especie de acuerdo tácito, un mínimo vital para gran parte de la población a cambio de libertad. Hoy en día, la situación económica se ha deteriorado significativamente y las personas liberadas están disminuyendo”, explica Nafti.  

Muchos observadores extranjeros y algunas de las élites políticas de Túnez celebraron que el país era la única democracia del mundo árabe. La ampliación de los poderes presidenciales por parte del presidente Kais Saied ha trastocado este sistema político, poniendo en tela de juicio el futuro de la democracia tunecina pero también destacando las deficiencias arraigadas en el marco democrático del país.  

“El problema es que desde el principio entendimos que él no cree en el debate. No cree en los expertos. No cree en las élites, al contrario. Sigue demonizando a todos, élites, expertos, partidos políticos, organizaciones, asociaciones de derechos humanos, etcétera, quiere demonizar a todos”, afirma el profesor de Historia Moderna de la Universidad Mustapha Tlili, ex dirigente de la Liga Tunecina por la Defensa de los Derechos Humanos y militante independiente de la sociedad civil. 

La sociedad civil se organiza en manifestaciones para defender sus derechos, adquiridos durante la Revolución y mancillados por el presidente. ©Severine Sajous

En todo caso, gran parte de la población tunecina acogió con satisfacción las decisiones del presidente tras años de irritación con las élites políticas del país. Lo justifican como la lucha contra la corrupción y la injerencia exterior. Ese respaldo popular se pudo ver a pie de urnas, donde la mayoría de las personas dispuestas a hablar con la prensa alababan que Kais Saied hubiera metido en la cárcel a los opositores, a quienes calificaron de “terroristas”, “corruptos” o de “tener negocios en otros países”. Un discurso populista centrado en la erradicación de la corrupción, el complot y la conspiración.  

Vende consignas como “Estoy con los pobres”, “me gustan los pobres”, “los ricos están corrompiendo los barrios”. “Siempre hace la distancia entre el bien y el mal, él representa el bien y los demás son los malos. Los que no están con él, están conspirando con los extranjeros, no quieren defender a la nación. Considera que está liderando una guerra de liberación nacional y cuando sale en la televisión o en la radio lo dice”, lamenta Mustapha Tlili. 

Lo cierto es que el país soporta una represión, con periodistas, abogados, políticos, activistas, disidentes y defensores de los derechos humanos en prisión. Para ello los dos últimos años ha utilizado una controvertida ley que criminaliza la difusión de “información falsa”. Amnistía Internacional ha calificado el Decreto 54 como una de las medidas más duras en más de una década destinada a reprimir la libertad de expresión.  

Un joven artista tunecino, que prefiere mantener el anonimato por miedo a ser detenido, ya que un miembro de su familia lleva varios meses en prisión por sus publicaciones en las redes sociales, está convencido de que “este régimen no puede resistir”. Llegó apenado a la entrevista con este medio, un día después de las votaciones, y explicó que “el presidente quiere hacer creer a la gente que todo es a causa de Occidente, de la colonización y de la Unión Europea”. 

Bien es cierto que, a pesar de las críticas, el descontento y las manifestaciones, en estos tres años de represión no se ha conseguido derrocar a Kais Saied. “El miedo no es la única explicación, pero ayuda a reducir la oposición e incluso la politización. Un capítulo de mi libro se titula ‘El crepúsculo de la política’. También influye la división de la oposición, y el hecho de que el régimen haya hecho las leyes a medida desestimando metódicamente los controles y contrapesos”, explica el escritor tunecino Hatem Nafti al Periódico Verde Europeo. 

El autor de ‘Nuestro amigo Kais Saied’ (Riveneuve, 2024) y miembro del observatorio tunecino del populismo, reside en París  y no viaja a Túnez desde febrero de 2023 por temor a ser encarcelado. “Varios abogados me han aconsejado que no regrese a Túnez porque corro el riesgo de que me arresten por mis cargos. Hay gente en prisión por cargos menos claros que el mío. Recibí graves amenazas de muerte y descubrí que me seguían fuera de mi casa en París”, revela Nafti. 

Sobre la personalidad de Kais Saied, el escritor mantiene, “me llevó más de dos libros describirlo. Si tuviera que resumirlo en una frase, diría que es alguien que se venga de las elites que nunca lo consideraron (sobre todo porque nunca se doctoró) y que se cree investido de una misión casi mesiánica. Oponerse a él es una blasfemia”. 

Relaciones internacionales 

Evidentemente, este panorama tiene unas implicaciones para la comunidad internacional y en la relación con Europa. Hasta el cambio constitucional en 2022, los principales benefactores de Túnez eran Estados Unidos, así como la Unión Europea y sus Estados miembros, que proporcionaban al país más de 1.300 millones de dólares en asistencia económica al año. Estados Unidos recortó su ayuda y le increpó por su actuación. Por su parte, Europa se centró más en la capacidad de Túnez para frenar la salida de personas migrantes que en animar a democratizar el país. De tal manera, que recortó la subvención al mismo tiempo que financiaba la policía fronteriza.  

Actualmente, sus grandes aliados son Argelia y Libia, especialmente en lo que respecta a los materiales energéticos; Arabia Saudita, en materia de recursos financieros, y también algunos países europeos, como Italia, a cambio de un acuerdo sobre una política de inmigración irregular. Asimismo, Kuwait reafirmó su “apoyo a las decisiones del presidente Kais Saied y su confianza en su capacidad para superar las dificultades que enfrenta el país y lograr las aspiraciones del pueblo tunecino”.  

Acuerdo migratorio con Europa 

La situación de las personas migrantes en Túnez dio un giro trágico en 2023. Bajo la presión del Gobierno italiano de Georgia Meloni, la Unión Europea firmó con Túnez un Memorando de Entendimiento destinado a “abordar la crisis migratoria de manera integrada” en julio de 2023. Además, en febrero de ese año, un comunicado presidencial consideró que “el objetivo no reconocido de los subsaharianos es transformar la composición demográfica de Túnez”. Fue un discurso muy popular en el sentido de que tuvo repercusiones sobre el terreno debido a los comentarios racistas y la teoría conspirativa del gran reemplazo, que asegura que la población blanca está siendo sistemáticamente sustituida a través de la inmigración masiva. 

A partir de este mensaje, junto a las campañas de odio racista que circulaban en las redes sociales desde hacía meses, se formaron grupos de ciudadanos para atacar y robar a los subsaharianos, mientras la policía realiza controles y detenciones. Este clima de terror provocó una afluencia hacia Sfax, ciudad costera al sur de Túnez y punto de partida hacia la isla italiana de Lampedusa, con las redes de trata de personas organizadas en la región.  

En el campamento de Jbeniana, en la región de Sfax, sobreviven cientos de personas subsaharianas en condiciones insalubres. ©Severine Sajous

Actualmente, en los campos de olivos que hay a unos kilómetros de Sfax se han formado varios campamentos insalubres, donde subsisten las personas migrantes subsaharianas mientras les llega el momento de probar suerte y embarcarse rumbo a Italia. Son detenidos por la guardia costera, que les requisan todas las pertenencias, los envían a prisión o al desierto con Argelia o Libia, sin agua ni alimentos, donde algunos no consiguen sobrevivir. El sufrimiento se extiende a la población local de Jbeniana y El Amra, al vivir constantemente bajo la violencia y los conflictos tanto policiales como de los propios migrantes. De tal manera, que impera la inseguridad, que ha llevado a la organización de manifestaciones de descontento del pueblo por la mala gestión de la crisis migratoria en la región. 

Por consiguiente, se incumple el memorando con Europa, que incide en que “para seguir siendo fieles a sus compromisos en materia de derechos humanos, la UE y sus Estados miembros deberían reconsiderar su enfoque de la cooperación con Túnez y adoptar medidas para abordar los ataques sistemáticos al Estado de derecho y la separación de poderes en el país, la represión de los derechos y las libertades y la violencia contra los solicitantes de asilo, los refugiados y otros migrantes negros africanos en el país”. 

Efectivamente, Túnez ha asumido el papel de puesto fronterizo avanzado de Europa, en un contexto de creciente xenofobia, con el apoyo financiero adicional para el suministro de equipos, formación y apoyo técnico necesarios para el control migratorio. Es un pilar clave del Memorándum, con una dotación inicial de 105 millones de euros en embarcaciones de búsqueda y rescate, jeeps, radares, drones y otros tipos de equipos de patrulla. 

Con este control, el número de llegadas a Europa se ha reducido de manera muy notable, más del 80%, porque “las autoridades tunecinas movilizaron una gran cantidad de recursos humanos, ya sea en tierra o en el mar, para minimizar las salidas de los tunecinos. Los europeos están muy satisfechos, es decir, evalúan o miden el éxito de manera cuantitativa por el número de llegadas a Europa”, afirma Romdhane Ben Amor, portavoz de FTDES, en su despacho en Túnez. 

Dos embarcaciones de migrantes subsaharianos interceptadas por la policía y abandonadas en un puerto de la isla de Kerkennah. ©Severine Sajous

Además, el presidente ha acordado el retorno y la readmisión desde la Unión Europea de nacionales tunecinos en situación irregular, y de los migrantes irregulares en Túnez a sus países de origen de forma voluntaria con el apoyo de la OIM y el ACNUR. Algunos de estos migrantes son ciudadanos tunecinos que huyen de las políticas represivas del país, pero otros proceden de lugares lejanos como Egipto, Siria, Afganistán, Pakistán y Bangladesh. “Las autoridades tunecinas no dan cifras sobre expulsiones, pero se producen desde el aeropuerto de Tabarka, una región fronteriza con Argelia. Casi en calma, no hay actividad, no hay aviones, solo están los aviones de los deportados. Entonces no hay testigo de las expulsiones”, detalla Ben Amor. 

“Por lo tanto, las violaciones a los migrantes en Túnez cuentan con la luz verde europea. La Unión Europea hace la vista gorda ante lo que sucede en Túnez, con declaraciones tímidas que no critiquen el estado de los derechos en Túnez. No están a la altura de la realidad de lo que ocurre en Túnez, por lo que la Unión Europea está legitimando lo que está sucediendo en ese lado. Por ejemplo, los relatores de las Naciones Unidas son más claros y con mensajes más claros.”, lamenta Romdhane Ben Amor. 

Estrategia verde 

Otro ámbito en el que Europa tiene interés en el país norteafricano es en lo relacionado con la energía verde. La Unión Europea, consciente del potencial de Túnez en materia de energía renovable, ha firmado el Memorando Transición Energética Verde para crear una estrategia que fortalecerá el crecimiento verde y la creación de empleo. Esta asociación contribuirá a reforzar la seguridad del suministro energético y a proporcionar a los ciudadanos y a las empresas energía con bajas emisiones de carbono a precios competitivos. 

Además, prevé 307,6 millones de euros para el desarrollo de ELMED en el marco del Mecanismo Conectar Europa, una línea de transmisión entre Túnez e Italia para comercializar electricidad renovable de bajo coste; y hasta 150 millones de euros para la construcción de Medusa, un cable submarino que utilizará tecnología de fibra óptica para conectar once países mediterráneos. Estos proyectos combinarán subvenciones del presupuesto de la UE y préstamos del Banco Europeo de Inversiones (BEI). 

Una imagen del presidente Kais Saied ocupa el centro de un escaparate rodeado de otros grandes y conocidos mandatarios mundiales. ©Severine Sajous

Esta asociación también abordará los instrumentos y reglamentaciones necesarios para permitir a Túnez exportar energía renovable y otros productos a la UE con vistas a la introducción del Mecanismo de Ajuste en Frontera de las Emisiones de Carbono (CBAM).  

Evidentemente, a la Unión Europea le toca esperar para ver cómo evoluciona el país magrebí. Después de un mes desde el proceso electoral y a pesar del panorama adverso, la población expresa cierto optimismo de que la situación puede cambiar. “Hay dos lecturas o visiones de lo que está pasando. Unos dicen que Kais Saied es una etapa, que en el proceso democrático hay que pasar por este tipo de periodo porque forma parte del aprendizaje. Hay otros que es el final de la Revolución, y una vuelta atrás. Como soy optimista, quiero pensar en la primera”, mantiene a este medio el caricaturista Z  y autor del blog ‘Debatunisie’, muy crítico con el régimen. Mientras la oposición está presente, pero se expresa con voz tímida frente al presidente Kais Saied, quien aprovecha el respaldo mayoritario en las urnas para avanzar en su cruzada.