En los últimos años, las manifestaciones y las revueltas han movilizado a un gran número de personas en todo el mundo. Sin embargo, estos movimientos no han logrado las transformaciones radicales que propugnaban. Es más, en algunos casos incluso han allanado el camino para que la derecha se haga con el poder y se instauren dictaduras militares. Los actos de protesta siguen siendo una forma popular de conflicto político, pero ¿qué lecciones podemos extraer de una década de revoluciones perdidas?

Green European Journal: Tal y como sostienes en tu libro Si ardemos, la década de 2010 fue testigo de las mayores protestas masivas de la historia, desde Egipto hasta Brasil, pasando por Chile, Ucrania y Hong Kong, que sin embargo no trajeron consigo verdaderas revoluciones. ¿Cuál fue el resultado de esta «década de protestas masivas»?

Vincent Bevins:  En los episodios que escogí para mi estudio, las protestas masivas se hicieron tan grandes que devinieron en algo diferente y, o bien acabaron derribando los gobiernos establecidos o bien desestabilizaron profundamente las sociedades. Determinar en qué se convirtieron, a menudo de forma inesperada y fortuita, es un gran interrogante y la respuesta varía de un caso a otro. El criterio con el que valoro las repercusiones de estas revueltas a largo plazo es comparar su desenlace con los objetivos que los organizadores de las protestas originales se habían fijado inicialmente. En la mayoría de los casos, las personas que entrevisté dijeron que el cambio se había producido en la dirección equivocada ya que se consiguió lo contrario de lo que se reclamaba. En otros casos, la gente se quedó con la sensación de haber logrado una victoria a medias, pues no se habían conseguido todos los objetivos de la movilización. Como es lógico, determinar qué querían los manifestantes originales no siempre es una tarea fácil, ya que había muchas opiniones discordantes en las calles.

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También se puede recurrir a un criterio más amplio. El politólogo estadounidense Mark Beissinger diferencia las revoluciones a grandes rasgos, distinguiendo por un lado las revoluciones sociales, es decir, aquellas que transforman las estructuras específicas de poder dentro de la sociedad, y las revoluciones cívicas, aquellas que se limitan a cambiar la persona que está al mando de esa misma estructura de poder. El Euromaidán ucraniano de 2014 o las revoluciones de colores que tuvieron lugar en Europa Central y Oriental en la década de los 2000 no llegaron a reconfigurar realmente las estructuras de poder, sino que en muchos casos sembraron el caos a corto plazo y aumentaron la desigualdad y la tensión interna en los organismos en los que se desarrollaron. Los casos sobre los que escribo podrían describirse como revoluciones cívicas. Podrían haber desembocado en un gobierno con un nombre ligeramente distinto o algo mucho peor, como una invasión extranjera o una guerra civil. Sin embargo, ninguno de estos movimientos logró la profunda transformación social con la que soñaban cuando convocaron las protestas en primer lugar.

Des manifestants rassemblés devant le siège du RCD, le parti unique de Ben Ali, le 20 janvier 2011,en presence massive de l’armee tunisienne . La foule exige la dissolution du gouvernement provisoire et la fin du Rassemblement constitutionnel démocratique, symbole de l’ancien régime. inscription en arabe “Non au RCD “

Sostienes que una de las principales razones por las que se produce esta situación es porque no existe un vacío de poder como tal. Si el movimiento contestatario no está preparado (o no pretende) tomar las riendas del poder, entonces aparece en escena un grupo más organizado. ¿Cómo se desarrolló esta dinámica en la plaza Tahrir de Egipto, uno de los primeros casos que analizas?

La denominada Primavera Árabe comienza en Túnez en el año 2010, pero la plaza Tahrir de Egipto en 2011 sentó precedente para los años siguientes no solo en el mundo árabe, sino en muchas otras partes del mundo en las que se replicó el modelo de Tahrir, como en Estados Unidos, España, Grecia o Hong Kong, por nombrar algunas.

En enero de 2011, un grupo de activistas organiza un acto de protesta en contra de la brutalidad policial en El Cairo. Se trata de un grupo de manifestantes que lleva reuniéndose más de una década y que desarrollaron un vínculo organizativo en torno a la solidaridad con Palestina y la oposición a la invasión estadounidense de Irak. Esperan recibir la típica represión policial, pero acude mucha más gente de la que preveían en un inicio, y aún más en los días siguientes. El 28 de enero, la protesta acaba en una batalla campal con la policía. Derrotados, los agentes de policía se arrancan los uniformes y huyen en plena noche. El ejército no participa en este enfrentamiento, por lo que los manifestantes se enfrentan a un vacío de poder en este breve lapso de tiempo. Podrían hacer muchas cosas, como intentar establecer algún tipo de sistema dual de poder o hacerse con alguna parte del Estado, al menos en cuanto a los medios de comunicación se refiere. En cambio, se limitan a tomar la plaza Tahrir porque ese había sido el objetivo de muchas otras protestas a lo largo de los años. Permanecen en la plaza durante 18 días, hasta que el gobierno de Hosni Mubarak es derrocado. Lo que ocurre en realidad es que el ejército toma el poder, pero no la plaza, aunque pueda parecer que ha sido ésta la que ha liderado los acontecimientos. En un sentido estricto, estamos ante un golpe militar dirigido por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) que, cuando menos, promete celebrar unas elecciones democráticas.

La plaza Tahrir de Egipto en 2011 sentó precedente para los años siguientes.

Ahora bien, los sectores progresistas y laicos de la plaza, que tan presentes estuvieron en la cobertura del levantamiento de 2011 y que representan a una gran parte de la población egipcia, no consiguen aunar fuerzas en pos de un resultado electoral, y en la segunda vuelta se impone la Hermandad Musulmana, la mayor fuerza organizada de la plaza. A gran parte de la ciudadanía egipcia le agrada como dirigen el país, sobre todo teniendo en cuenta que la transición a la democracia suele ser un proceso bastante turbulento y caótico.

Sin embargo, en junio de 2013 una campaña de recogida de firmas se erige como heredera del espíritu de 2011. Esta iniciativa congrega un gran número de movilizaciones que acaban allanando el camino a un golpe de Estado militar. El ejército interviene con el apoyo de las monarquías del Golfo y, en última instancia, de la administración Obama, para llevar a cabo un golpe militar contrarrevolucionario y establecer la dictadura que gobierna hasta el día de hoy.

Si hubiera habido algún tipo de organización revolucionaria al frente de la revuelta o con capacidad para intentarlo, las personas manifestantes podrían haber hecho algo más que limitarse a tomar la plaza Tahrir. Pero no fue el caso, y perdieron la oportunidad.

El país que has investigado más de cerca es Brasil, donde una oleada de protestas de izquierdas dio lugar a un resultado imprevisto: la llegada a la presidencia del ultraderechista Jair Bolsonaro. ¿Cómo pudo suceder?

El caso de Brasil pone de manifiesto que el concepto de libertad puede significar cosas muy distintas para diferentes grupos de personas. El colectivo inicial, el Movimento Passe Livre («Movimiento Pase Libre», MPL), estaba formado por anarquistas autónomos de izquierdas que exigían un transporte público gratuito para todos los ciudadanos brasileños. Llevaban ocho años organizando protestas con regularidad, pero en junio de 2013 los principales medios de comunicación brasileños, de tendencia derechista y en manos de la oligarquía, apelaron a las autoridades para que aplicaran mano dura. Esta represión corrió a cargo de la policía militar brasileña, heredera de la dictadura respaldada por Estados Unidos.

Tiflis, Georgia, 9 de marzo de 2023. Manifestación contra la ley de «agentes extranjeros», que instauraba un registro de los medios de comunicación y ONG que recibían una financiación extranjera superior al 20 %. La ley se retiró en un principio, pero se reintrodujo en el año 2024, lo que provocó nuevas oleadas de protestas. ©MARIAM GIUNASHVILI

La conmoción de la sociedad civil brasileña, incluidos los mismos medios de comunicación que habían incitado a dicha represión, fue de tal magnitud que provocó un aluvión de apoyo a las protestas. Sin embargo, los principales medios de comunicación y la mayoría de las personas que se unieron a las protestas en aquel momento no estaban dispuestas a respaldar la acción directa anarquista ni la desmercantilización total del transporte público. Esto provocó un conflicto —que empezó siendo verbal pero que acabó siendo violento con los manifestantes de izquierda originales, muchos de los cuales acabaron expulsados de las calles. Llegados a este punto, un grupo de jóvenes brasileños que trabajaban para think tanks neoliberales auspiciados por Estados Unidos llegó a la conclusión (acertada, a mi modo de ver) de que cualquiera podía resignificar lo que estaba ocurriendo en las calles . Podían rebatir el fundamento mismo de las protestas y reinterpretar lo que estaba sucediendo, así que este grupo de estudiantes bien organizados y financiados desde el exterior decidió tomar la fórmula original, Movimento Passe Livre (MPL), y cambiarla por Movimento Brasil Livre («Movimiento Brasil Libre», MBL). Eligieron un acrónimo muy similar, pero con un concepto de la libertad radicalmente distinto: su visión de la libertad era de índole norteamericana y libertaria, como una relación de suma cero entre la sociedad civil y el Estado.

A lo largo de los dos años siguientes, este grupo lideró una nueva serie de protestas contra Dilma Roussef, la presidenta elegida democráticamente, y acabó reclamando su destitución, que se produjo en 2016. Acto seguido, la organización hizo campaña a favor del ultraderechista Jair Bolsonaro, llegando al poder codo con codo en el año 2019. Después de usurpar el estilo y la credibilidad de una formación autonomista, este grupo llegaba al poder para destruirla.

Hay dos principios que, de manera más o menos explícita, rigen los movimientos de protesta que has analizado: el horizontalismo y la prefiguración. ¿En qué consisten y por qué son importantes a la hora de entender el desenlace de las revueltas?

La horizontalidad es un método de organización política que insiste en que no debe haber ningún tipo de jerarquía. Los movimientos y experimentos antijerárquicos han existido durante muchos años, cobrando especial auge en los años sesenta, aunque la palabra «horizontalidad» surge en Argentina a principios del siglo XXI. Ante el colapso económico y estatal, se formaron asambleas que estaban abiertas a todo el mundo, sin líderes ni pretensiones de crear estructuras representativas o un nuevo Estado. El horizontalismo es un concepto ligeramente distinto, ya que no es un término meramente descriptivo, sino también normativo. Por ejemplo, el MPL brasileño creía que la horizontalidad era la forma correcta de organizar su movimiento. Los Indignados de la Puerta del Sol en España y el movimiento Occupy Wall Street en Estados Unidos también compartían algunos principios horizontalistas, mientras que en Egipto esta horizontalidad fue más bien el resultado de la incapacidad para coordinar unas estructuras representativas.

La prefiguración suele ser un asunto de gran importancia para el horizontalismo. En términos normativos, la prefiguración se basa en la convicción de que para crear la sociedad que deseamos, debemos ser capaces de reflejarla en el movimiento actual. En la plaza Tahrir, hubo personas con diferentes ideologías políticas, clases sociales y creencias religiosas que se unieron, se protegieron y se sustentaron las unas a las otras. Esto parecía ser una constatación de lo que el pueblo egipcio era capaz de hacer y motivaba a las personas a acudir a la plaza.

Desde una perspectiva radicalmente antiautoritaria, una revuelta debe crecer y crecer hasta convertirse en el nuevo Estado, en la semilla de una nueva sociedad. En Brasil, la horizontalidad específica de las protestas respondía al horizontalismo ideológico de sus participantes originales, que no creían realmente en el liderazgo. Todo el mundo se sentía bienvenido en las calles siempre y cuando tuviera algún tipo de queja contra la sociedad brasileña. El horizontalismo permitió que las protestas adquirieran una gran magnitud.

Lo mismo ocurrió en el parque Gezi de Estambul ese mismo año. Los elementos prefigurativos lo convirtieron en un lugar de encuentro más agradable y atractivo. Era un espacio de reunión donde las personas comían y conversaban. Sus funciones en la sociedad capitalista pasaban a un segundo plano mientras compartían una experiencia verdaderamente enriquecedora a nivel personal, aunque aquello no fuera a reemplazar al gobierno.

El horizontalismo se convierte en un problema en la segunda fase y es que no se puede acceder al vacío de poder ni articular la mejor estrategia electoral posible cuando no se dispone de medios que permitan la coordinación, tal y como ocurrió en Egipto. En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff quería conceder a las calles el cambio que demandaban, pero era incapaz de entender qué pedían exactamente, porque pedían tantas cosas como personas había, o quizá incluso más. 

La prefiguración plantea unos retos similares pues impone un límite ideológico estricto sobre lo que se considera aceptable. En la década de 2010, asistimos a la eclosión de ciertas situaciones revolucionarias, y cuando las élites dominantes se sienten amenazadas, responden con violencia contrarrevolucionaria. Ahora bien, si alguien invade tu pueblo y empieza a matar a todo el mundo, lo más probable es que no quieras responder actuando de la forma en la que te gustaría vivir después de que se marchen, tal y como establecería la prefiguración. Final del formulario

Los movimientos de protesta que analizas tienen un fuerte carácter de acción colectiva y a menudo en contra del neoliberalismo y su ideal de individualismo. Sin embargo, también es posible interpretar el rechazo absoluto a la representación y a la jerarquía como una forma de individualismo en estado puro, como la convicción de que nadie puede hablar en nombre de los demás. ¿Cómo explicas esta paradoja?

Es una paradoja extraña, pero diría que ambas cosas pueden coexistir. Tal y como afirma el sociólogo ucraniano Volodymyr Ishchenko, muchas de las revueltas que presenciamos en la década de 2010 se pueden interpretar como una respuesta a la crisis de representación del sistema global neoliberal. La ciudadanía desconfía cada vez más de sus gobiernos porque el Estado moderno responde sobre todo a las élites económicas e ignora substancialmente a la población, a menos que esta consiga que algún sector de la clase dominante defienda sus intereses.

Por otra parte, estas revueltas reprodujeron a nivel interno algunos de los aspectos y perspectivas del sistema en el que surgieron. El historiador argentino Ezequiel Adamovsky, uno de los pensadores más elocuentes del movimiento que organizó las ocupaciones a principios de la década de 2000 ―que condujeron a la popularización del horizontalismo― me dijo que estas movilizaciones surgieron como respuesta al claro fracaso de las instituciones representativas (la empresa, el Estado, el sindicato, el partido). Sin embargo, probablemente también estaban influenciadas por las ideas neoliberales de libertad y el discurso antiestatal que tan extendidos estaban en los medios de comunicación favorables a la privatización en Argentina.

Se podría decir que estos movimientos eran antisistema en lo subjetivo, pero prosistema en lo objetivo porque adoptaron una forma final y crearon oportunidades que las estructuras de poder preexistentes supieron aprovechar.

Estos movimientos crearon oportunidades que las estructuras de poder preexistentes supieron aprovechar.

Las manifestaciones masivas son una modalidad de conflicto político relativamente reciente, cuya aparición está muy relacionada con el efecto amplificador de los medios de comunicación de masas. En este caso, las revueltas de la década de 2010 también recibieron el impulso y la influencia de los nuevos medios digitales. ¿Cómo interactuaron estos dos tipos de medios y cómo contribuyeron a dar forma a los principales movimientos de protesta de la última década?  

En un primer momento hubo numerosas interpretaciones, sobre todo en los medios liberales anglosajones, que apuntaban a que estos eventos eran revoluciones de las redes sociales. Ahora bien, a posteriori es evidente que las redes sociales fueron una de las muchas piezas que hicieron posibles estas revueltas y su papel consistió en interactuar con los medios tradicionales. Los periodistas que trabajaban para los canales tradicionales, entre los que me incluyo, miraban las redes sociales, publicaban y obtenían información de ellas. Los usuarios de las redes sociales leían los medios tradicionales y hablaban de ellos en las redes sociales. Es difícil dividir estos dos fenómenos y creo que no hay razón para hacerlo.

Los medios de comunicación hicieron que mucha más gente quisiera unirse a las protestas y determinaron su significado porque, como bien has dicho, estas revueltas no pudieron o no quisieron mostrar al mundo lo que eran en realidad. Sin embargo, la forma en que los medios de comunicación las presentan sí puede remodelar lo que ocurre en las revueltas. Los grupos que salieron a la calle con unas ideas diferentes en Brasil las habían sacado de los medios de comunicación. Del mismo modo, la manera en que los medios de comunicación exponían la protesta influyó inevitablemente en la percepción de la misma. Así, era frecuente encontrarse en la calle a dos personas que compartían el mismo espacio físico, pero que mentalmente estaban asistiendo a dos protestas diferentes.

El llamado Euromaidán de Ucrania surgió a raíz de un grupo relativamente pequeño de personas que protestaban contra la decisión del presidente Víktor Yanukóvich de no firmar un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. Esas personas creían en esa causa y tenían unos argumentos coherentes para defender la firma de ese acuerdo, pero la mayoría de la ciudadanía ucraniana no lo apoyaba. De hecho, fue la represión de los manifestantes lo que atrajo a mucha más gente a la plaza del centro de Kiev.. Estas personas se habían enterado de la represión, se les habían revuelto las tripas y querían pasar a la acción. También añadieron otras reivindicaciones. Hubo auténticas peleas en la calle sobre el significado de lo que estaba sucediendo en la plaza. Toda interpretación sobre el Maidán, a menos que se estuviera presencialmente allí y se investigara sobre el terreno, procedía de los medios de comunicación. Antes de que Rusia invadiera Ucrania a nivel global en 2022, conocí a personas de una misma familia que tenían ideas distintas de lo que había ocurrido porque veían medios de comunicación diferentes: quienes se informaban por los medios de comunicación rusos solían consumir contenido de los miembros de la extrema derecha que estaban presentes en la plaza, mientras que la creencia generalizada en Occidente era que las protestas se debían a la adhesión a la UE.

A principios de la década de 2010 también se extendió la opinión de que las redes sociales servían para la autorrepresentación sin intermediarios y el periodismo ciudadano veraz. En la actualidad, todo el mundo sabe que hay personas y grupos bien financiados que pueden distorsionar los mensajes en las redes sociales y que la información que surge de los miles de millones de fragmentos de la realidad que se publican cada día puede ser engañosa. Ante esta ingente multiplicación de los hechos, resulta ineludible que un algoritmo diseñado para maximizar los ingresos publicitarios ejecute un proceso de selección. Así, hasta los hechos más verídicos, como una fotografía real publicada en las redes sociales, pueden contribuir a crear relatos engañosos.

Estambul, Turquía, 23 de marzo de 2025. Agentes de la unidad antidisturbios hacen uso de gas pimienta para expulsar a un manifestante durante una protesta tras la detención y encarcelamiento del alcalde de Estambul, Ekrem İmamoğlu. La detención de İmamoğlu desencadenó la mayor ola de protestas en Turquía desde el episodio del parque Gezi en 2013. ©HUSEYİN ALDEMIR

Aparte de Brasil, ¿estaba presente la libertad en los movimientos de protesta que investigas, ya fuera como meta utópica o como reivindicación concreta?

En términos muy básicos, la libertad puede significar lo que cada persona quiera. Se podría decir que toda acción de protesta es una protesta por la libertad. Sin embargo, la interpretación de lo que eso significa puede variar mucho en función de a quién se le pregunte. Lo interesante de la década de 2010 es que se observó una gama de reivindicaciones más o menos similar y un enfoque táctico y organizativo parecido en unos contextos sociales, económicos y políticos muy diferentes entre sí. El contenido subjetivo de cada protesta era muy diverso, al igual que la relación con el concepto de libertad. En lo que respecta a Túnez, Egipto o Baréin, cabría interpretar estas revueltas como una reivindicación de libertad frente al régimen existente. En el caso de Turquía, podríamos decir que se trataba de un llamamiento a la libertad ante la invasión del espacio público. Las protestas contra la austeridad que tuvieron lugar por esas mismas fechas en el sur de Europa se podrían entender como un deseo de libertad a fin de participar en la economía, tener un empleo y beneficiarse del estado del bienestar establecido por las generaciones anteriores. Quienes se manifestaban en Ucrania en un inicio aspiraban a la libertad de unirse a la UE, pero la firma del Acuerdo de Asociación también suponía muchas normas nuevas y cambios económicos que darían paso a nuevos ganadores y perdedores. Es más, las personas también interpretan y recuerdan sus propias vidas de forma diferente a lo largo de la historia. En la actualidad, es probable que haya más ucranianos que interpretaran esas protestas como una reivindicación de libertad frente a Rusia.

Kiev, Ucrania, 14 de diciembre de 2013. Una manifestación se reúne en Maidén Nezalézhnosti (Plaza de la Independencia) durante un concierto de la banda ucraniana Okean Elzy. A las protestas del Euromaidán le siguió la Revolución de la Dignidad, que culminó con la destitución del presidente Víktor Yanukóvich. Según los datos oficiales, 106 manifestantes murieron en altercados con la policía antidisturbios. ©JULIA KOCHETOVA

En las protestas con una estructura horizontal donde es posible expresar una gran variedad cacofónica ―y a veces contradictoria― de reivindicaciones, los conceptos prevalecientes en el discurso deben ser suficientemente amplios y plenamente positivos, sea cual sea la ideología política de cada persona. En la década de 2010, vimos cómo conceptos tales como la democracia, la libertad y la lucha contra la corrupción borbotearon hasta llegar al punto de ebullición porque son términos con los que todo el mundo está de acuerdo. El pueblo de Hong Kong luchaba por la democracia, pero la República Popular China es, según su propio discurso, un Estado democrático. Para gran parte de la ciudadanía egipcia que gestó las protestas de enero de 2011, era obvio que la construcción de un Egipto democrático supondría una amenaza para el imperialismo estadounidense y los intereses de sus aliados en la región, Arabia Saudí e Israel. No obstante, según la visión de un corresponsal de la CNN, el pueblo egipcio exigía la libertad de ser como la ciudadanía estadounidense, de copiar su sistema político y unirse a Estados Unidos como aliado menor.

Cuando se abordan unos términos tan amplios, el secreto está en la letra pequeña.

Cuando se abordan unos términos tan amplios como “libertad”, el secreto está en la letra pequeña.

¿Tuvo el ecologismo algún papel en las grandes revueltas de la década de 2010? Considerando las experiencias adquiridas de las protestas que has analizado, ¿qué se necesita para que el movimiento ecologista tenga éxito?

Las revueltas en lugares como Egipto y Baréin mostraron un contenido principalmente político ya que se enfrentaban a una represión evidente y opresiva en el ámbito político. Más que abordar cuestiones ecológicas, su objetivo principal era transformar el orden político. Sin embargo, las revueltas en países como Turquía, Brasil o Chile sí tuvieron un carácter ecológico explícito. Las protestas del parque Gezi nacieron como defensa de los espacios verdes públicos y los activistas ecologistas fueron los primeros en tomar partido. En Brasil, los progresistas son, de forma automática, ecologistas y defensores de los derechos indígenas y de la protección del Amazonas. Por el contrario, Bolsonaro llegó al poder con un proyecto manifiesto de completar la colonización de Brasil, poner fin a la soberanía indígena y transformar una mayor parte del Amazonas en tierra que produzca un rendimiento económico.

Estoy convencido de que uno de los principales retos del siglo XXI será la lucha por transformar la economía global actual en una menos destructiva para nuestro planeta. Muchas de las principales protestas de la década de 2010 tenían un sesgo anti-Estado explícito o implícito. Aun así, el orden actual de los Estados que conforman el sistema global será clave a la hora de salvar al planeta de la catástrofe climática, nos guste o no. Necesitaremos un cambio en las regulaciones y en las relaciones entre Estados. Necesitaremos la cooperación de Estados Unidos y China, los dos Estados más importantes del sistema global, aunque las cosas no pintan bien en este momento. Por lo tanto, rechazar el Estado como terreno de lucha sería un error.

Los movimientos de protesta pueden hacer muchas cosas. Pueden cambiar quién toma las decisiones, pueden dejar claras sus inquietudes a las élites existentes e imponerles un coste real que les inste a actuar de forma responsable. Todo esto será una labor transcendental.

A pesar de que muchas revueltas no hayan terminado bien, la mayoría de los revolucionarios con los que has hablado no recomiendan enterrar el hacha. Los últimos cinco años también corroboran que las protestas masivas siguen siendo una forma muy popular de conflicto político, con movimientos como Black Lives Matter o las protestas en Irán, Serbia y Georgia. ¿Ves algún cambio en la estructura y las tácticas de las protestas en comparación con las que tuvieron lugar en los años anteriores?

El tipo específico de protesta que describo surgió por razones tanto ideológicas como materiales. Si la comparamos con otras formas de lucha, este tipo de protesta se convirtió en algo posible y fácil de llevar a cabo. En la década de 2020 ha habido una cierta evolución ideológica. Hoy en día ya no se considera tanto que la espontaneidad y la falta de estructura sean factores intrínsecamente buenos. Veo menos insistencia en la noción de que todas las reivindicaciones son igualmente importantes y que todo el mundo puede participar y hablar con la misma autoridad. En los campamentos propalestinos de Estados Unidos, por ejemplo, se han seleccionado meticulosamente a los representantes de prensa para evitar que alguien apareciera y hablara con quien quisiera sobre el significado de las protestas.

Sin embargo, las condiciones materiales siguen siendo las mismas en gran medida. Las protestas masivas aparentemente espontáneas, coordinadas de forma digital y con una estructura horizontal siguen siendo más sencillas de articular que la creación de organizaciones capaces de llevar a cabo acciones colectivas a largo plazo y con una coordinación rápida y eficaz.

Traducido por Guerrilla Media Collective