Welfare and Social Issues

Preparando a la sociedad para enfrentar la pandemia: un argumento a favor de la Renta Básica

A Winston Churchill suele atribuírsele la recomendación de que no deberíamos nunca desperdiciar una buena crisis. Mientras la pandemia actual del COVID-19 comprensiblemente fuerza nuestra atención sobre el escenario inmediato del aquí y ahora, es también una oportunidad para reflexionar acerca de cómo nuestro predicamento presente afectará la formas de nuestras relaciones y estructuras sociales hacia el futuro. Áreas de nuestras vidas que parecían intocables se han abierto repentinamente a su cuestionamiento como debilidades, y las desigualdades en los sistemas actuales pasaron al frente de las preocupaciones. En particular se ha destacado la inseguridad económica como forma de aumentar la presión que están sufriendo muchas personas, minando los intentos de disminuir el contagio de la enfermedad debido a la necesidad económica de mantener el trabajo.

A comienzos de mayo, cerca de 130 nuevos programas de transferencia de dinero efectivo se establecieron en 88 países alrededor del mundo como parte de la respuesta a la pandemia, representando casi el doble de los niveles de transferencia previos al COVID-19. La mayoría de los programas son temporarios, con una duración de cobertura promedio de 3 meses, y alrededor de un cuarto de los programas ofrecen solamente una única transferencia. De manera predecible, estas medidas están dirigidas con mayor intensidad a trabajadoras y trabajadores una vez probada su falta de medios y, por lo tanto, tienen importantes grietas en cuanto a su alcance. Como alternativa, y dada la caída socio-económica resultante de la pandemia global, ha habido un repentino aumento del apoyo político, mediático y ciudadano para lo que se denomina comúnmente como Renta Básica de Emergencia (RBE).[2]

Renta Básica de Emergencia: imperfecta pero vital

La idea de la RBE es bastante simple. En un momento en el que una parte significativa de la fuerza de trabajo está obligada a quedarse en sus casas y los individuos, las familias y los pequeños empresarios sufren dificultades económicas, la asistencia del gobierno debe adoptar la forma de un instrumento que se ocupe directamente de los problemas más urgentes — pérdida de ingreso. La RBE es tal instrumento: ofrece de manera inmediata un apoyo en efectivo (sin demoras debidas a los controles de elegibilidad), se dirige a quienes son más vulnerables a la crisis económica (incluso un pago universal tiene mayor impacto sobre los más desaventajados), y aumenta la solidaridad pandémica mediante un mecanismo de reparto de la carga que compense a quienes han perdido su trabajo o las oportunidades de negocio y a quienes desempeñan trabajos esenciales para que puedan continuar realizándolos aún con un riesgo personal considerable. Una ventaja crucial de la propuesta de la RBE es que cubriría no solo a quienes trabajan en empleos estándar sino también ofrece un apoyo económico urgente a quienes son auto-empleados, empleados precarios y quienes tiene responsabilidades de cuidado —paradójicamente ahora considerados “trabajadoras y trabajadores esenciales”.

Las políticas resilientes garantizarían que las necesidades humanas urgentes se sigan satisfaciendo durante la crisis pandémica de una manera que refleje los valores sociales claves: compasión, equidad y solidaridad.

Sin embargo, la propuesta de la RBE tiene varias desventajas. La primera es que se trata de una medida esencialmente temporaria, diseñada para cubrir el periodo de caída económica severa provocado por las medidas pandémicas de confinamiento. La asunción es que la RBE es una respuesta en la forma de una política pública a corto plazo con una duración de algunos meses. No obstante, permanece una incertidumbre importante acerca de qué tanto durará la mencionada caída económica; economistas predicen que el COVID-19 nos llevará a una de las más severas crisis económicas desde 1930 y entonces el impacto especialmente en los miembros más vulnerables y desaventajados de nuestras sociedades podría extenderse varios años más allá del lapso de tiempo inicialmente previsto. Esta incertidumbre sobre el alcance temporal puede potencialmente minar el aumento de seguridad económica que la RBE podría traer — la tentación para los gobiernos de limitar el apoyo a medidas de corto plazo reduce la creencia que el apoyo a mediano y largo plazo tendrá lugar cuando sea más necesario. Además, en la medida en que la economía se asienta en lo que sea que se convertirá “la nueva normalidad”, los efectos persistentes se harán sentir en los distintos individuos y grupos de formas muy variadas. Habrá quienes tengan sus vidas restablecidas a algo similar a la calidad previa, pero habrá muchos que enfrentarán dificultades continuas y el riesgo de caer tan pronto como el apoyo de la RBE se termine.

Una segunda desventaja es que las demandas actuales a favor de la RBE presentan obstáculos políticos y prácticos en un momento en el son necesarias medidas inmediatas de manera urgente. Los obstáculos políticos son obvios y familiares para cualquiera que ha defendido la idea de la Renta Básica Universal en tiempos pre-pandémicos. Incluso en un momento en el que las y los trabajadores están forzados a reducir horas o dejar sus trabajos, la respuesta instintiva de los políticos a un apoyo de tipo incondicional es negarse a dar “dinero a cambio de nada” y en su lugar insistir en la confianza en los programas existentes, con independencia de qué tan adecuados sean para el propósito en las actuales condiciones de crisis. También existen obstáculos prácticos que impiden la implementación inmediata de una RBE en el supuesto en que se cuente con el apoyo político. En varios países asegurar que cada persona aparezca en un registro mediante el cual acceda al apoyo es más fácil decir que hacer, en especial en situaciones donde la capacidad burocrática está bajo un estrés severo. Los mismo ocurre con el mecanismo de entrega de la RBE teniendo en cuenta el sorprendentemente extenso número de personas que no tienen una cuenta bancaria, domicilio fijo, etc. Estos son obstáculos prácticos que pueden ser superados con el tiempo, pero tiempo es precisamente lo que escasea en el medio de la pandemia del COVID-19.

En resumen, la RBE es una buena idea y una herramienta potencial como respuesta integral de política pandémica, pero es probable que su adopción en estos momentos no se realice en muchos países por las razones mencionadas. Pero pensemos en el futuro por un momento. COVID-19 tomó al mundo por sorpresa, a pesar de que funcionarios de salud pública, epidemiólogos y muchos otros expertos nos advirtieron durante varios años sobre la posibilidad de un escenario de pandemia y sus desastrosas consecuencias sociales y económicas. En gran parte debido a nuestra continua relación destructiva con el medio ambiente y nuestra organización social altamente conectada, los mismos profesionales predicen que COVID-19 es solo el primero —y de hecho ni siquiera el primero, pensemos en el SRAG y el SROM— en una larga lista de epidemias virales. Esto significa que debemos pensar con anticipación en términos de preparación para una pandemia y reconocer que la “nueva normalidad” puede ser un mundo en el que el tipo de shockeconómico que estamos experimentando hoy es probable que vuelva a ocurrir, posiblemente antes de lo esperado y como consecuencia de una infección aún más destructiva y mortal. Por lo tanto, es necesario pensar en las respuestas políticas que promuevan la resiliencia social y económica y la preparación para una pandemia. La resiliencia trata de garantizar que la sociedad mantenga la capacidad de responder adecuadamente al shock repentino de una pandemia viral. Las políticas resilientes garantizarían que las necesidades humanas urgentes se sigan satisfaciendo durante la crisis pandémica de una manera que refleje los valores sociales claves: compasión, equidad y solidaridad.

Renta básica como herramienta para la resiliencia

En nuestra opinión, la renta básica desempeñaría un papel importante en términos de promoción de la resiliencia social y económica como parte de la política de preparación frente a una pandemia. Podemos pensar en la renta básica y la preparación para una pandemia de dos maneras. Una forma en que la sociedad puede volverse más resiliente es preparándose para implementar una RBE tan pronto como la situación lo requiera. Esto significa tener los debates políticos necesarios ahora en lugar de esperar a la próxima crisis. La situación actual de crisis significa que los políticos y otros stakeholders han tomado consciencia de la necesidad de un programa sólido de apoyo económico. Se podría debatir de antemano los méritos de la RBE en este tipo de contextos y se podría votar sobre la legislación que permita su adopción frente a un contexto de pandemia. Del mismo modo, los aspectos prácticos de la preparación de la sociedad para la introducción urgente de la RBE cuando sea necesaria se pueden abordar con suficiente antelación, mediante la adopción de decisiones adecuadas sobre cómo adjudicar la ayuda económica en un momento de capacidad burocrática reducida.

Sin embargo, hay una estrategia más robusta a considerar. La mejor manera de preparar a la sociedad para la pandemia es instituir una renta básica permanente y digna: un pequeño subsidio mensual en efectivo pagado a todas las personas sin condiciones. Contar con una renta básica real ya establecida elimina la necesidad de debate político en medio de una crisis o de encontrar soluciones improvisadas a las dificultades de implementación. Podría ser que se comience con una subvención de ingresos bajos que necesite aumentarse a un nivel más alto en medio de la crisis pandémica, pero eso simplemente requeriría una decisión política sobre el financiamiento mientras el instrumento en sí ya estaría disponible. En el mundo se encuentra un ejemplo real que adopta esta estrategia: en Brasil. A principios de 2020, el municipio de Maricá, cerca de Río de Janeiro, instituyó una renta básica de R$ 130 mensuales (aproximadamente €21) a alrededor de 42,000 residentes —no del todo universal pero con un 25% de la población cubierta y con planes de expansión en el tiempo a una aproximación cercana al ideal de universalidad de la renta básica. Tan pronto como COVID-19 llegó, Maricá aumentó la suma de la renta básica existente y ahora está pagando a las mismas personas R$ 300 (casi €50) como parte de la respuesta de emergencia ante la pandemia. La experiencia de Maricá ofrece un excelente ejemplo de cómo podemos implementar en tiempo real una respuesta rápida a una emergencia construyendo sobre la base de una política pública preexistente.

El aumento de la confianza y la solidaridad también sería una característica clave para desarrollar la resiliencia en los sistemas políticos que actualmente están bajo el manto del populismo, la polarización y el partidismo.

Contar con una renta básica mejora potencialmente la resiliencia de muchas otras formas. Los efectos de la inseguridad económica en la salud pública ya están bien documentados y es probable que sean aún mayores bajo el estrés adicional de la crisis pandémica. La existencia de un nivel de ingresos asegurado garantizará que las personas y las familias entren en una probable crisis pandémica futura, incluidas las restricciones de cierre prolongado, mucho mejor preparadas y menos preocupadas por su seguridad económica. La expectativa de mantener un piso económico seguro a través de una renta básica tendrá un impacto positivo crítico sobre el estrés y la salud mental, tanto al comienzo como durante la crisis pandémica. También es probable que la existencia de un piso de seguridad económica mejore las relaciones sociales al aumentar la confianza y la solidaridad, lo que nuevamente es una característica crucial para enfrentar una pandemia a nivel comunitario. El aumento de la confianza y la solidaridad también sería una característica clave para desarrollar la resiliencia en los sistemas políticos que actualmente están bajo el manto del populismo, la polarización y el partidismo.

En esta época de COVID-19, muchos gobiernos de todo el mundo están implementando transferencias de dinero en efectivo a corto plazo, aunque principalmente dirigidas a las y los trabajadores y, a menudo, no cubren trabajadores autónomos o precarios. Estos enfoques específicos a corto plazo no pueden ofrecer la capacidad de recuperación y la seguridad a largo plazo que la renta básica puede y podría; sin embargo abren una ventana única de oportunidad para defender esta medida. Necesitamos que los gobiernos establezcan las condiciones que nos permitan no solo sobrevivir a la crisis actual, sino también reconstruir sociedades más fuertes para prosperar en el futuro. Al desarrollar ahora el argumento a favor de una renta básica permanente, creamos una base que nos preparará mejor para enfrentar futuras pandemias.

This article was translated by Leticia Morales for Sin Permiso.

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