El concepto de Buen Vivir ha ganado visibilidad en los últimos años en América Latina. Enraizado en las cosmovisiones indígenas, el Buen Vivir descansa en una comprensión de la relación de la humanidad con la Naturaleza que está fundamentalmente en discordancia con el antropocentrismo de la Modernidad. Gustavo Hernández y Henkjan Laats trazan la emergente trayectoria del concepto y su influencia y ecos en Europa. Si bien la inclusión formal del Buen Vivir en el diálogo birregional y su resonancia con iniciativas locales que surgen en Europa son prometedoras, se puede ganar mucho más con un mayor intercambio de conocimientos.

En junio del 2015 fue formalmente aprobada en Bruselas una Resolución de Urgencia sobre la posición de Europa y América Latina en temas relacionados con el cambio climático. La sesión legislativa que dio fruto a dicho acuerdo tuvo lugar en la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana− EUROLAT, institución parlamentaria de la Asociación Estratégica Birregional en el marco de las Cumbres Presidenciales entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe. La Resolución resultó de una iniciativa conjunta de la sociedad civil y el grupo político de los Verdes en el Parlamento Europeo.

Aprobada apenas una semana antes de la segunda Cumbre Presidencial de la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la Resolución destaca la importancia de encontrar un “nuevo paradigma de bienestar humano que concilie el doble desafío de luchar contra el cambio climático y mejorar la igualdad y cohesión social”. La Resolución hace una alusión directa a fortalecer el intercambio birregional haciendo uso de conceptos como el “Buen Vivir” y temas relacionados con la gestión de la transición hacia sociedades resilientes y bajas en carbono.

Un concepto emergente

El Buen Vivir engloba un conjunto de ideas que cuestionan la lógica dominante del desarrollo entendido como crecimiento económico infinito. Un componente esencial resulta en la manera en que se interpreta y valora la naturaleza. En varias de sus encarnaciones, el Buen Vivir rompe con la cosmovisión antropocéntrica moderna e invita a la posibilidad de construir un orden alternativo sustentado en la convivencia del ser humano en diversidad y armonía con la naturaleza.

Los orígenes del concepto se remontan a las comunidades indígenas y áreas interiores de América del Sur. El concepto sin embargo cobra notoriedad como resultado de los debates políticos a inicios del siglo XXI, especialmente en el marco de su discusión constitucional en dos países andinos: Ecuador y Bolivia. Las alianzas entre un movimiento indígena transnacional y actores sociales y gubernamentales también contribuyeron a la creciente visibilidad del término.

En tan solo unos años, el Buen Vivir se extendió rápidamente dentro y fuera de América Latina, especialmente después de su formulación en las Constituciones de Ecuador (2008) y Bolivia (2009).[1] En el Foro Social Mundial celebrado en Belém, Brasil, en 2009, el Buen Vivir fue uno de los temas principales ─ tres presidentes sudamericanos mencionaron el concepto en sus intervenciones púbicas. En palabras del entonces presidente ecuatoriano Rafael Correa, “la propuesta de socialismo del siglo XXI hace suya la concepción del ´buen vivir´ o el ´vivir bien´, que nos viene de la tradición de nuestros pueblos originarios y que significa vivir con dignidad, en armonía con la naturaleza y con respeto por todas las culturas”. Hoy en día, numerosas universidades y think tanks en América Latina, América del Norte y Europa debaten el concepto,[2] e incluso se discute en países asiáticos como China y Filipinas.

el abordaje de la “cuestión ambiental” supera la dualidad entre lo “humano” y lo “natural” favoreciendo el diálogo con otras formas de pensar la ciudadanía desde los saberes locales.

El significado del Buen Vivir deriva de las tradiciones indígenas quechua y aymara aunque también se pueden encontrar variaciones en la experiencia de las comunidades de la Amazonía sudamericana y movimientos activistas de América Central y del Norte. El concepto tiene similitudes filosóficas con el budismo y el taoísmo así como con la noción sudafricana de Ubuntu ─ “la vida como ayuda mutua y el cuidado de la Naturaleza”. El Buen Vivir también se asocia a la creación del marco de los derechos de la naturaleza ─ Ecuador fue el primer país del mundo en reconocer los derechos de la naturaleza a nivel constitucional─ así como al debate europeo sobre la felicidad, el bienestar y la crítica del crecimiento económico que considera incluso espiritualidades y cosmovisiones de las comunidades indígenas.

Partiendo de sus múltiples formas y relaciones, el Buen Vivir puede considerarse tanto una crítica al desarrollo entendido como crecimiento económico infinito, así como un giro que busca trascender la modernidad en su conjunto. Los actuales debates sobre el bienestar, la calidad de vida y el medio ambiente adquieren entonces un giro bio-céntrico ─ que el filósofo francés Bruno Latour refiere como distanciamiento del ecologismo en crisis. [3] El giro busca romper con la postura antropocéntrica de la modernidad a través de una comprensión relacional de la identidad en la que la “naturaleza” es constitutiva y constituyente de la sociedad misma, vale decir, una visión en la que el orden legal y la política son compatibles con la no separación de naturaleza y cultura. En consecuencia, el abordaje de la “cuestión ambiental” supera la dualidad entre lo “humano” y lo “natural” ─entre lo animado e inanimado ─ favoreciendo el diálogo con otras formas de pensar la ciudadanía desde los saberes locales.

Tensiones entre el Buen Vivir y la Economía Verde

Después de que el concepto fuera formulado en las Constituciones de Ecuador y Bolivia, pasó casi una década antes de que el Buen Vivir se integre en un documento oficial en el contexto de la relación de la Unión Europea con América Latina. La Declaración de Santiago de la Cumbre UE-CELAC, celebrada en Chile en junio de 2013, apunta lo siguiente: “reconocemos que el planeta tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar y que la ‘Madre Tierra’ es una expresión común en varios países y regiones y tenemos en cuenta que algunos países reconocen los derechos de la naturaleza en el contexto de la promoción del desarrollo sustentable”. Aunque no existe una alusión directa al Buen Vivir, la formulación y negociación de la Declaración de Santiago puso de manifiesto algunas tensiones y contradicciones entre dos visiones del mundo.

La Declaración de Santiago estableció a la “Economía Verde” como su concepto dominante. Estrechamente ligado al documento Europa 2020, estrategia económica de 10 años propuesta por la Unión Europea en 2010, el concepto de Economía Verde representa una “gran oportunidad de negocio” para Europa. Según la estrategia Europa 2020, “la UE fue pionera en soluciones verdes, pero su ventaja se está viendo amenazada por un fuerte crecimiento en otros mercados, especialmente China y Norteamérica”. En respuesta, los jefes de gobierno de Europa y América Latina reafirmaron su asociación establecida en la Declaración de Santiago bajo el lema de la Alianza para el Desarrollo Sostenible: Promoción de Inversiones de Calidad Social y Ambiental.

El primer cuestionamiento del concepto de Economía Verde tuvo lugar el 14 de agosto de 2012, en una misiva del Estado Plurinacional de Bolivia a la Unión Europea. En esta carta, se propone incluir la siguiente formulación en el párrafo 42 de la Declaración: “resulta por tanto esencial reconocer que el crecimiento tiene límites, y que la búsqueda del crecimiento sin límites en un planeta finito resulta insostenible”. Un segundo cuestionamiento se produjo poco después, el 4 de septiembre, en otra misiva en la que el cuerpo diplomático boliviano propuso agregar lo siguiente al párrafo 40 de la Declaración: “[la economía verde] podría proporcionar opciones para la formulación de políticas, pero no debe ser un conjunto rígido de reglas”. Este añadido fue finalmente incluido.

De manera paralela a las discusiones entre gobiernos tuvo lugar en Bruselas un foro de la sociedad civil titulado ¿Buen Vivir y Green New Deal: son conceptos equivalentes para Europa y América Latina?.[4] Las discusiones concluyeron que el Green New Deal constituye un programa de “modernización verde” y, como tal, reforzaría el sentido convencional de la modernidad con su prédica del crecimiento económico. Concebido de manera inherente como “plan de inversión”, el Green New Deal concede importancia a la productividad, por lo que se considera una nueva forma de modernización. Cualquier diálogo entre el Buen Vivir y el Green New Deal resulta entonces problemático debido a que sus supuestos básicos son fundamentalmente diferentes. De un lado, el Buen Vivir es intrínsecamente plural, abierto a diferentes interpretaciones y prácticas; el Green New Deal, de otro lado, se guía por una lógica única y la visión del progreso. Existe sin embargo un importante elemento en común: la intención de cuestionar el desarrollo entendido como acumulación material, y la búsqueda de mejores formas de uso de los recursos naturales. 

El concepto del Buen Vivir viene ganando terreno en Europa, producto del diálogo entre ideas que son críticas al “desarrollo”.

El recientemente anunciado “European Green Deal” (2019) – conjunto de medidas políticas adoptadas por la Unión Europea con el objetivo que Europa sea climáticamente neutra en 2050 ─ mantiene la centralidad del crecimiento económico, aunque busca “desacoplarse” de la explotación de recursos naturales. En palabras de la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen, “es nuestra nueva estrategia de crecimiento, para un crecimiento que devuelve más de lo que quita”. No obstante, el European Green Deal ha sido blanco de críticas por parte de organizaciones de la sociedad civil que plantean que la mayoría de objetivos carecen de metas e indicadores claros para las áreas problemáticas del cambio climático, pérdida de biodiversidad, reducción de la capa de ozono, contaminación del agua, estrés urbano, producción de desechos y demás. Como se explicó anteriormente, esta crítica formulada en términos exclusivos de productividad no es compatible con los fundamentos del Buen Vivir. 

El Buen Vivir en el debate europeo

Desde Platón y Aristóteles casi todos los grandes filósofos han escrito sobre lo que se ha dado en denominar una ‘vida buena’. Una diferencia sustancial con el Buen Vivir resulta no obstante de su aspecto relacional con la Naturaleza. Mientras que el Buen Vivir considera que los seres humanos son parte integral de la Madre Tierra, en la filosofía moderna se experimenta un extrañamiento a través del racionalismo instrumental de Locke y Descartes. Aunque filósofos como Montaigne y Rousseau enfatizan la importancia de la naturaleza, es el enfoque instrumental el que predomina en la filosofía de la ‘vida buena’ y en gran parte de las políticas modernas. Existen por supuesto varios esfuerzos por apartarse de la instrumentalidad que ve en la naturaleza un medio para la consecución de los fines humanos. El ejemplo más conocido es la filosofía Gaia de Lovelock descrita por Bruno Latour. Recientes e influyentes textos filosóficos sobre la vida buena de escritores como Nussbaum, Sen, Blackburn, Skidelsky y Savater no obstante mantienen un enfoque antropocéntrico que contrasta claramente con el giro bio-céntrico planteado por el Buen Vivir.[5]

En las elecciones presidenciales de Inglaterra del 2015 surgió una noción de la ‘vida buena’ (“Good Life” en inglés) entendida a través de motivos como la autosuficiencia alimentaria y el uso de energías renovables. La noción de Good Life apareció en la campaña electoral del candidato del partido centro-derecha David Cameron enarbolando el localismo, la construcción de una ‘gran sociedad’ ─ que luego condujo al Brexit ─ y algunas políticas “verdes” para justificar el recorte del Estado. En Alemania, los sindicatos y la canciller Angela Merkel usaron una frase equivalente en alemán─ gutes Leben ─ para referir a una alternativa frente al deterioro de las condiciones laborales de las clases trabajadoras. Estudios recientes revelan no obstante la paradoja de estas versiones del bienestar. Se trata, de un lado, de discursos que propugnan un cambio del status quo, mientras que, de otro, implican una reinvención de los actores pero manteniendo el enfoque instrumental en lo que respecta a la relación entre el trabajo y las preocupaciones ambientales.[6]

El primer reconocimiento formal del Buen Vivir en Europa se produjo con la aprobación de la Resolución de Urgencia de EuroLat de 2015. Además de reconocerse como importante la inclusión de un componente de ‘saberes ancestrales’, la Resolución hace un llamado a tomar en cuenta los valiosos aportes elaborados en otros rincones del mundo, como ocurre con el concepto del “Buen Vivir”. La Resolución hace también un llamado a ambas regiones a repensar la Iniciativa Yasuní-ITT lanzada en 2007 por el gobierno ecuatoriano, que consiste en preservar, sin explotar, aproximadamente 856 millones de barriles de petróleo en la reserva ecológica del mismo nombre. La Resolución sin embargo no se ha implementado de manera tangible y, desde 2015, no se ha vuelto a mencionar el Buen Vivir en el marco de la relación formal de la Unión Europea con América Latina.

Como lo demuestran estos ejemplos, a nivel político los gobiernos tanto de América Latina como de Europa encuentran varios obstáculos a la hora de comprender e implementar los principios del Buen Vivir. Esto puede atribuirse al hecho de que la relación instrumental entre los seres humanos y la naturaleza está firmemente arraigada en la cultura moderna. Bruno Latour ha referido a los desafíos que enfrenta actualmente Europa en tal sentido, aludiendo a una “desorientación política” ─ mientras los socialdemócratas esperan que se reanude el crecimiento económico, los Verdes, atrapados en las garras del capitalismo, y perdiendo de vista su propia historia, olvidan que la ecología tiene menos que ver con la ‘naturaleza’ y más con nuestras propias formas de vida.

Movimientos de transición en Europa

Si bien en Europa el proceso de incorporación del Buen Vivir a nivel gubernamental está resultando problemático, a nivel local se pueden observar iniciativas que se relacionan con la lógica del Buen Vivir. Hoy en día en Europa la necesidad de transiciones en el campo de la alimentación, la agricultura, la economía y la energía se está convirtiendo en mainstream. No obstante, esperamos que en el proceso de formulación de políticas públicas estas iniciativas de transición no tiendan a ser subsumidas dentro de los paradigmas dominantes de crecimiento económico y “progreso” tecnológico infinito.

El intercambio entre Europa y América Latina puede funcionar entonces como un catalizador para la construcción del Buen Vivir tanto como teoría y como práctica política.

Aunque todavía no se han agrupado bajo un nombre oficial, están surgiendo ideas en toda Europa que parecen estar relacionadas con las nociones post-desarrollistas del “Buen Vivir”. El enfoque aquí está puesto no solo en el avance de legislación centrada en los derechos de la naturaleza, sino también en la promoción de la economía social, el conocimiento abierto, ciudades en transición, bienes comunes, agricultura urbana y vivienda cooperativa, entre otros. Estas ideas surgen de proyectos de transformación local en sectores como energía, transporte, alimentación y cuidado social. Se diferencian de la mayoría de propuestas hegemónicas en el sentido de no ser mega-discursos que operan bajo la racionalidad única del “progreso”. El hecho de que estén abiertas a la interpretación y sean capaces de adaptarse fácilmente a factores (locales) externos, significa que favorecen un mayor diálogo intercultural.

Durante la última década, particularmente en los países europeos más afectados por la crisis económica de 2008 ─ particularmente Grecia y España ─ ha habido un incremento de prácticas y propuestas políticas relacionadas con el concepto del Buen Vivir.[7] Estas prácticas incluyen a la agricultura agroecológica, el uso de monedas locales, la promoción de mercados y productos de cercanía, y la democracia directa. Ello emerge en un momento de gran ansiedad por la situación actual del planeta. Algunas de estas experiencias reciben apoyo político, particularmente en lugares con un gobierno local verde. En Ámsterdam, por ejemplo, los propietarios de negocios y habitantes de la calle Czaar Peterstraat propusieron un plan de “Buen Vivir” desde una perspectiva de bienes comunes. El plan fue recibido positivamente por la comunidad e incluso obtuvo financiamiento por parte del municipio de Ámsterdam.

Logrando un equilibrio

El concepto del Buen Vivir viene ganando terreno en Europa, producto del diálogo entre ideas que son críticas al “desarrollo”. Sin embargo, no todas las ideas que son críticas al desarrollo se pueden considerar afines al Buen Vivir, ya que muchas siguen arraigadas en la lógica del crecimiento económico. Tampoco pueden considerarse nociones afines al Buen Vivir los mega-discursos hegemónicos afincados en el “progreso” cuya interpretación es generalmente única. No obstante, existen experiencias afines al Buen Vivir que emergen localmente en Europa, expresadas como el interés por recuperar lo local y transformar aspectos claves como la alimentación, la educación, el cuidado social, el transporte ─notablemente la bicicleta como medio de transporte y de vida─ la producción de energía y más recientemente la salud a raíz de la crisis del coronavirus.

A pesar que el concepto del Buen Vivir fue incluido en un documento oficial en el marco de la relación de la Unión Europea con América Latina, persiste la hegemonía de un discurso que reedita el sentido convencional de la modernidad, con su veneración por el crecimiento económico. En cierto modo, quizás la Resolución del 2015 se adelantó a su tiempo, ya que la adopción del Buen Vivir antepone la práctica a la necesidad de la teoría. El intercambio entre Europa y América Latina puede funcionar entonces como un catalizador para la construcción del Buen Vivir tanto como teoría y como práctica política. Con esto en mente, observamos que exitosas experiencias locales en Europa ─en las cuales los participantes no se consideran dueños de la tierra sino parte integral de ella ─ buscan crecientemente un “sentido ordenador” basado en una reconsideración de la relación con la naturaleza. A nivel práctico, el municipio de Ámsterdam ha comenzado a descubrir el Buen Vivir. Quizás esta tendencia pueda extenderse a toda la Unión Europea.

Footnotes

[1] Aunque en el caso de Ecuador y Bolivia se emplean nomenclaturas diferentes (“Buen Vivir”, “Vivir Bien”) las alusiones en las Constituciones Políticas en ambos países refieren al mismo concepto.

[2] Por ejemplo, la Fundación Boell en Europa, el Centro Latinoamericano de Ecología Social en América del Sur y la Universidad de North Carolina en Norte América.

[3] Bruno Latour sostiene que los principales movimientos ambientalistas (por ejemplo, los partidos verdes en Europa) están condenados al fracaso en la medida que conciban la “ecología política” como algo indisolublemente ligado a la protección y gestión de la naturaleza mediante políticas y metodologías políticas convencionales.

[4] Fundación Boll. Event Report. Boll Lunch Debate, November 13th, 2012.

[5] Véase Sen, A (2005). Skidelsky, R (2013). Blackburn, S (2001). Nussbaum, M (2011), Savater, F (1991).

[6] Räthzel, N. and Uzzell, D. (2011) ‘Trade Unions and Climate Change: The Jobs versus Environment Dilemma’, Global Environmental Change 21, 1215–1223.

[7] En los Países Bajos, el 11 de julio de 2019 el ayuntamiento de Noardeast-Fryslân adoptó una moción en la cual se otorgan derechos especiales al mar de Wadden. En España, el 23 de julio de 2020 el municipio de Los Alcázares en Murcia aprobó una iniciativa legislativa para reconocer el ecosistema del Mar Menor como sujeto de derechos. En Suecia, en octubre de 2019 el Partido Verde presentó una moción al Parlamento para incluir los derechos de la naturaleza en la Constitución de ese país. (ONU, ídem).

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