The European Venue for Green Ideas
Green Transition

Ha Llegado el Momento: Pasado y Presente de los Bienes Comunales

By Tine De Moor

Una entrevista con Tine De Moor

¡Los bienes comunales han vuelto! Y su popularidad no pasa desapercibida. Pensadores progresistas y políticos verdes de todo el mundo los ven como una alternativa sostenible en esta sociedad marcada por la competencia. ¿Pero qué son exactamente los bienes comunales?¿De dónde vienen y qué nos pueden enseñar sobre la economía actual? Si nos paramos a observar su larga trayectoria veremos a dónde podrían conducirnos en el futuro… Una entrevista con el profesor Tine De Moor.

 GEJ: ¿A qué nos referimos exactamente cuando hablamos de los bienes comunales en la actualidad?¿A qué viene tanto alboroto?

Tine De Moor: Un bien colectivo es un modelo de gestión que facilita la cooperación entre los individuos que ven el beneficio de trabajar juntos, creando una (modesta) economía de escala. Cuando se habla de bienes comunales, se deben considerar los tres aspectos siguientes: Un grupo de usuarios, generalmente “prosumidores”, es decir, productores y consumidores al mismo tiempo. Toman decisiones colectivas sobre el uso de los recursos. Los recursos también son colectivos, lo que significa que su uso depende de la decisión del grupo. Como miembro del grupo, se tienen derechos de usuario. Aunque el uso colectivo de un recurso puede ser interesante, tanto económica como socialmente, la cooperación no es necesariamente sencilla. Cuando se trabajan y utilizan recursos comunes puede surgir un dilema social, forzando a los miembros individuales del grupo a elegir entre beneficios individuales a corto plazo y beneficios colectivos a largo plazo. Los “comuneros” crean normas para facilitar la interacción entre el grupo de usuarios y los recursos colectivos, así como para vencer dichos dilemas sociales.

Y es así como surge una nueva entidad de acción colectiva. Su diseño y funcionamiento son muy diferentes al del mercado o estado como modelos de gestión ya que se basa en el autogobierno, es decir, en la autorregulación, la auto sanción y la autogestión. Parece una idea maravillosa, una utopía, pero es muy difícil, de modo que si los bienes comunales funcionan correctamente es normalmente porque existe un equilibrio correcto de los factores indicados. En primer lugar, es muy importante funcionar como una colectividad. La reciprocidad es clave pero no sucede por sí misma, es necesario que exista la equidad en el proceso de toma de decisiones. Exigir una conducta recíproca significa que la gente se involucre en la creación de normas y en la gestión del bien colectivo. En segundo lugar, los comuneros tenderán más a actuar con reciprocidad si los recursos les son útiles. Sin embargo, los acuerdos dentro de la entidad deberían ser tales que se ofreciera una utilidad suficiente a los usuarios individuales sin sobreexplotar los recursos. La colectividad podría desaparecer si los recursos no se gestionan de forma eficiente o sostenible. Así, si garantizas que tu entidad permite que todo el mundo opine sobre cómo debería ser la misma, y los recursos son útiles a los usuarios sin sobreexplotación, se podría conseguir la resiliencia del bien colectivo, y la creación de una entidad que perdure durante generaciones, incluso durante siglos.

GEJ: ¿Podría explicarnos un poco más sobre la trayectoria histórica de los bienes comunales y las tres oleadas de entidades de acción colectiva que describe en su trabajo?

TM: Durante los últimos 1000 años, han aumentado significativamente las formas institucionalizadas de acción colectiva, tanto en las zonas rurales como en las ciudades, en toda Europa occidental.  La primera “oleada” se desarrolló en la baja Edad Media, un periodo caracterizado por la rápida comercialización y urbanización, con un crecimiento real en el siglo XII gracias a un gran número de bienes comunales en las zonas rurales y gremios en las ciudades, situación que se prolongó hasta el siglo XVII. No había bienes raíces, así que la gente respondió a los nuevos desarrollos del mercado aprovechando las ventajes de pertenecer a un grupo o involucrándose en una acción colectiva. Las tentativas de cercamientos de forma jerárquica en el continente europeo no fueron en la mayoría de los casos muy importantes y casi todas fracasaron debido a la resistencia de las juntas regionales que veían que sus granjeros necesitaban los bienes comunales para sobrevivir. En el siglo XVIII, una legislación mucho más severa empujó al continente europeo hacia la privatización de los bienes comunales. El pensamiento político de la Ilustración o de los emergentes fisiócratas[1] alteró fundamentalmente el papel de las colectividades en la sociedad europea. La segunda mitad del siglo XVIII se caracterizó por una explosión demográfica y el empobrecimiento debido a numerosas crisis económicas severas. Las entidades de acción colectiva perdieron de alguna manera el apoyo entre sus miembros, ¿qué sentido tiene un bien colectivo cuando se es demasiado pobre para que el ganado paste en él? Mientras tanto, el estado de la nación se desarrolló rápidamente como un agente muy importante. La ley belga de 1847 Loi sur le Défrichement des Terres Incultes[2] forzó a los municipios a privatizar todos los bienes comunales locales. Las ideas basadas en ciudadanos individuales y responsabilidades individuales comenzaron a situarse por delante de las ideas de la colectividad. En este momento fue cuando se establecieron los fundamentos judiciales y legales arraigados en el individualismo, mientras se eliminaban los fundamentos legales de las colectividades.

Si tu entidad permite que todo el mundo opine sobre cómo debería ser la misma, y los recursos son útiles a los usuarios sin sobreexplotación, se podría conseguir la resiliencia del bien colectivo.

Pero comenzaba ya una nueva oleada cuando el Liberalismo se extendió por Europa. El periodo entre 1880 y 1920 fue testigo de un aumento considerable del número de cooperativas, así como de otro tipo de acciones colectivas, como asociaciones culturales y deportivas, así como también de organizaciones sindicales. Pero mientras las entidades de la primera oleada se dividían cuando eran demasiado grandes, las entidades similares de la segunda oleada fueron más propensas a unirse y formar una cooperativa o asociación mayor. Existe claramente una sólida creencia de las posibilidades de las economías de escala, incluso cuando el tamaño creciente de dichas entidades provoca que el control de los miembros y el equilibrio necesario entre equidad, utilidad y eficiencia sea mucho más difícil. Esto explica en parte por qué las entidades de acción colectiva de la segunda oleada a menudo tuvieron una vida considerablemente más corta.

 GEJ: ¿Qué puede decirnos de la situación actual?

Al contrario de algunas ideas utópicas entorno a los bienes comunales, es importante saber que históricamente muchos bienes comunales son excluyentes.

TM: En la actualidad parece que estamos siendo testigos de una tercera oleada, aunque es difícil de juzgar mientras estamos inmersos en ella. Aunque podría tener un efecto estimulante, en mi opinión, la crisis no es el impulsor inmediato, sino que más bien lo sería la creciente privatización y comercialización de los bienes públicos. En el sector asistencial holandés, por ejemplo, el proceso entre aquellos que necesitan asistencia y aquellos que la proporcionan se ha hecho tan largo, debido a la privatización, que la gente se ha dado cuenta de que podrían hacerlo mucho mejor e incluso de forma más económica si lo hacen ellos mismos. Iniciaron una cooperativa asistencial en la que tienen voz y voto sobre cómo se hacen las cosas sin tener que esperar ayuda. En los Países Bajos las cooperativas comenzaron a expandirse en 2005, mucho antes de la crisis, y surgen en todos los sectores. Estas cooperativas están llenas de gente que quiere servicios energéticos fiables, sostenibles y de alta calidad, por ejemplo, en ciclos cortos, de manera que sepan lo que reciben y se encarguen de cómo lo reciben.

Pero, al contrario de algunas ideas utópicas entorno a los bienes comunales, es importante saber que históricamente muchos bienes comunales son excluyentes. Los estudios demuestran que los servicios públicos ofrecidos por el gobierno tampoco se dividen equitativamente entre los usuarios. A menudo, las clases media y alta se benefician de la mayoría de los servicios públicos. Al igual que la privatización, el sistema público no es perfecto. Ni los bienes comunales son una solución “última” a las deficiencias del mercado y el estado. Deberíamos centrarnos en cómo crear un mejor acceso a productos o servicios de mayor calidad para toda la sociedad. Supuestamente, esto es el credo que existe tras la privatización, aunque en realidad no siempre sea el caso. Necesitamos abrir nuestras mentes a otros regímenes de gobierno que podrían ser más adecuados de lo que el mercado o el estado pueden proporcionar.

GEJ: ¿Cómo podemos explicar la aparición y el atractivo del modelo de bienes comunales del que estamos siendo testigos en la actualidad?

TM: La privatización y el consiguiente fracaso del mercado son probablemente las explicaciones más importantes. Una empresa privada podría muy bien estar buscando la mejor forma de invertir y crear un buen producto, pero en muchos casos se escogerá con mucho cuidado, llevando a una situación en la que una parte importante de la sociedad no tendrá acceso a lo que el mercado privado ofrece. Muchos bienes y servicios necesarios en regiones específicas no están disponibles porque la demanda es muy baja, las economías de escala son muy pequeñas. Esto es lo que está ocurriendo en la asistencia de la tercera edad en los Países Bajos. La gente no quiere abandonar su pueblo para ir a un sofisticado centro de la tercera edad privado dos pueblos más allá porque está muy lejos y no quieren abandonar a sus conocidos. Creo que mucha privatización está llevando a una oferta insuficiente de, y acceso a, bienes y servicios de alta calidad.

La privatización es buena para muchas cosas pero no para todas. Tomemos como ejemplo mi cepillo de dientes: estaría bien que se produjera en una sociedad cooperativa como un producto útil, pero no quiero que sea un recurso colectivo o gobernado por el estado ya que es mi cepillo de dientes. Es privado. Pero algunos recursos pueden gobernarse también en diferentes tipos de regímenes de recursos.

Rogaría una reconsideración sustancial de cómo nosotros, como sociedad, aplicamos regímenes de gobierno para alcanzar soluciones más inteligentes a los problemas sociales.

Puede que sea una visión muy radical, enraizada en la creencia del estado de bienestar y en la redistribución de la riqueza, etc., pero cuando se trata de la asistencia y de asistir a personas que lo necesitan, ya sean ancianos, jóvenes o enfermos, la reciprocidad es la base del estado de bienestar por el que tanta gente ha luchado. Y realmente vale la pena luchar por él. Podría no ser perfecto volver a la situación de un gobierno controlado exclusivamente por el estado, especialmente en una sociedad cada vez más abierta, pero deberíamos invertir más en la solidaridad directa y hacerla de nuevo más visible. Mucha gente no sabe por qué paga impuestos. Personalmente,  creo que aprender el motivo de por qué las farolas se encienden por la noche debería formar parte del currículum educativo nacional. Es la base de la ciudadanía: deseas contribuir a la sociedad por el bien común, de manera que puedas beneficiarte de ello, porque si tienes farolas conducirás de forma más segura por la noche.

GEJ: Desde una perspectiva histórica, ¿qué lecciones políticas se pueden aprender de la experiencia que rodea a los bienes comunales?¿Necesitamos nuevos modelos de gestión?

TM: No estoy seguro de si las lecciones políticas son siempre las mismas que las históricas. Los políticos tienen que pensar sobre cómo permitimos a las personas acceder a los recursos. Siempre piensan en términos de panacea, un planteamiento que lo resuelva todo, pero eso sencillamente no funciona. Rogaría una reconsideración sustancial de cómo nosotros, como sociedad, aplicamos regímenes de gobierno para alcanzar soluciones más inteligentes a los problemas sociales. Por ejemplo, un gran número de madres holandesas están dejando de trabajar para cuidar de sus hijos ya que la privatización del sector de la atención infantil ha conllevado tasas muy altas sin una calidad fiable. Necesitamos entender mejor qué modelos de gestión funcionan mejor en qué casos y bajo qué circunstancias, y conseguir una sociedad que permita una diversidad de regímenes de gobierno, incluyendo modelos de bienes comunales, pero sin desmantelar por completo el estado o excomulgar al mercado.

Hoy, inmersos en la tercera oleada, nuestra elección de construir una alternativa a lo que el estado o el mercado tienen que ofrecer en relación con los bienes comunales proviene de una falta de opciones. No todos los efectos externos negativos de la privatización  conducen a nuevas iniciativas de bienes comunales, como muestra el ejemplo de las madres holandesas. A menudo, es posible una solución colectiva pero requiere un esfuerzo tan grande, en este caso de los padres, que ni siquiera lo intentan. Necesitamos un sistema en el que dispongamos de un panorama institucional más diverso, donde la elección de establecer una cooperativa o iniciativa de bienes comunales sea una elección consciente entre varias opciones. Una elección apoyada por los gobiernos, no simplemente “permitida”, porque actualmente y desde el punto de vista presupuestario, una solución inteligente para los gobiernos pasa por la austeridad.

Si contemplamos la oleada actual desde una perspectiva histórica, el reto de las cooperativas es tener más poder de negociación y a la vez continuar siendo relativamente pequeñas y locales de manera que puedan trabajar eficientemente y garantizar su resistencia. Ser polivalente puede también incrementar la resistencia de las organizaciones. Existe una laguna real que las organizaciones y los gobiernos deben llenar. El gobierno holandés, por ejemplo, está muy a favor de los ciudadanos que toman el control ya que esto ayuda a que los gastos del gobierno disminuyan. Pero no solo se trata de que tanto ellos como nosotros ahorremos. Realmente puede ser bueno para la sociedad si se realiza de forma más barata y localmente. Sin embargo, para la gente supone un gasto considerable de tiempo y energía. Y no siempre es fácil, desde un punto de vista legal, establecer una cooperativa. La legislación actual no está conformada para la competencia entre las colectividades y el mercado privado. Así, el gobierno puede jugar un papel importante estimulando las colectividades de los ciudadanos, por ejemplo, en forma de asociaciones público-colectivas. Las reformas legales son necesarias para otorgar a dichas colectividades el poder de proporcionar bienes públicos y privados.

GEJ: ¿Qué nos cuentan los bienes comunales sobre la sociedad, el estado y el mercado en la Europa actual?

TM: Es un buen momento para debatir esta cuestión, considerando el interés actual de la ATCI. Muchos de los bienes comunes tienen un arraigo local y, de este modo, son invisibles, especialmente para los gobiernos de alto nivel, a no ser que realmente llegues a ser una fuerza con responsabilidad. Así, lo primero que estas iniciativas deben hacer es convertirse en visibles. Pero los gobiernos europeos también tienen que hacer hueco en sus legislaciones a estas iniciativas. Mucha legislación de la UE intenta armonizar la manera en que producimos y consumimos en Europa, lo que a menudo es un obstáculo enorme para estas iniciativas locales, dado su frecuente carácter local. Algunas cooperativas asistenciales en los Países Bajos, por ejemplo, desarrollaron un programa para ayudar a los ancianos a reunirse al menos una vez a la semana en su pueblo durante una comida. Pero su cocina debe tener el certificado TAACP y los ingredientes del mercado local están prohibidos porque no están identificados como los de un supermercado.¿Qué estamos haciendo?? La Unión Europea debería reconocer y valorar los productos locales mucho más. Dudo que las negociaciones de la ATCI a nivel europeo fracasaran por esa sensibilización, sino que todas las protestas han jugado su papel.

GEJ: ¿Necesitamos una nueva organización que pueda ayudar a defender los bienes comunales a nivel europeo?

TM: Lo dudo, porque podría terminar siendo de nuevo una supraestructura. Estamos acostumbrados a organizaciones estatales y privadas que existen por dos motivos: economías de escala y gestión jerárquica. Eso es básicamente la UE, pero preferiría más policentrismo que es una forma fundamentalmente diferente de pensar sobre las organizaciones. Una de las cosas maravillosas del movimiento de los bienes comunales es que obliga a la gente a pensar de forma diferente sobre el gobierno y en cómo las cosas se pueden organizar. El mayor desafío ahora mismo es involucrar a más gente en una forma diferente de pensar, puede que no en crear un bien colectivo pero al menos permitir las iniciativas de los ciudadanos. Impulsar las mentes abiertas a un modelo de gobierno fundamentalmente diferente debería ser ahora la mayor prioridad.

Lo primero que estas iniciativas deben hacer es convertirse en visibles.

GEJ: ¿Cómo podemos involucrarnos?¿Cómo pueden los Verdes, en el panorama político y económico actual, fomentar los bienes comunales?

TM: A nivel nacional, los gobiernos deben reconocer la existencia de las colectividades, legal y fiscalmente, incluso si muchas colectividades no solicitan ayudas. Esto es de alguna forma una pena, porque conlleva perder oportunidades. Pero por otra parte, es la forma “más pura”. También significaría que no se dan ayudas a empresas tal y como se hace en la actualidad. Las ayudas fiscales actuales para empresas son tan grandes que es totalmente imposible competir realmente con ellas. Aunque podría incluso no ser competitivo porque muchas de estas empresas están, en cualquier caso, solo escogiendo. Puede que sea un sistema que pueda existir simultáneamente, no solo como “plan B”. Puede que esto contradiga lo que he dicho sobre la conexión con la crisis, pero en tiempos de crisis y necesidad severa, la aparición de estas entidades debería ser una señal de alerta. Creemos espacio para las colectividades, pero no intentemos dar una razón al por qué. Démosles una razón mejor.

[1] (del griego “gobierno de la naturaleza”) es una teoría económica desarrollada por un grupo de economistas de la Ilustración francesa del siglo XVIII, que creían que la riqueza de las naciones se derivaba exclusivamente del valor de la “agricultura” o “desarrollo  rural”

[2] Ley sobre la Reclamación de Terrenos Baldíos

Ha Llegado el Momento: Pasado y Presente de los Bienes Comunales